La voz dormida, de Dulce Chacón, en el Teatro Bellas Artes

Por Raquel Loredo/Horacio Otheguy

Todavía se puede ver en Madrid —hasta el 20 de marzo— la adaptación teatral de la novela de Dulce Chacón La voz dormida. Un monólogo que narra en primera persona la historia real de Pepita Patiño, una cordobesa a la que el amor le llevó a vivir entre la espera y el miedo. Enamorada de un comunista a los 19 años, Pepita se convirtió en enlace de la resistencia escondida en los montes tras la Guerra Civil Española. Aunque torturada y con familiares encarcelados (y posteriormente ejecutados) ella nunca se rindió en su lucha personal a contracorriente por la supervivencia. Sacrificio, melancolía, injusticia… un relato que abandera la extrema situación que tantas personas vivieron en el pasado todavía reciente de la España negra de guerra y franquismo.

Protagonizado por una natural, intensa y respetuosa interpretación de Laura Toledo, La voz dormida ofrece, esta vez sobre las tablas, un espectáculo sobrio que juega con la metáfora visual como altavoz de un discurso efectista de dolorosa reivindicación. Sobre la actriz recae todo el peso de levantar una obra caracterizada por los saltos de discurso. Fragmentos que cosen el pasado, vivencias que la protagonista rememora mientras conversa figuradamente con su hermana muerta. Todo conforma un interesante conjunto de reflexiones que se apoya en una sencilla pero coherente iluminación, lo que también sucede con la escenografía y la utilería sobre cámara negra. Aparte del compromiso tangible de la actriz al interpretar a Pepita, lo más interesante de la producción es una coreografía escénica que juega con el detalle para dinamizar y hacer fluir la densidad del trasfondo.

La voz dormida es teatro social que aprovecha sus recursos para volver la mirada del espectador sobre heladores hechos reales. Oportunidad de pensar mientras te dejas llevar por la desnudez de un conmovedor personaje que teje en escena, con los hilos de sus circunstancias, una vida subyugada bajo la fuerte represión.

Dulce Chacón Gutiérrez nació en 1954 en Zafra, Badajoz. Hermana gemela de la, también escritora, Inma Chacón, se traslada con su familia a Madrid a los doce años, residiendo en esta ciudad de manera definitiva. Comienza a publicar en 1992 con su primer poemario, Querrán ponerle nombre, y ya con el segundo, Contra el desprestigio de la altura, obtiene el Premio Ciudad de Irún en 1995. Al año siguiente publica su primera novela Algún amor que no mate. Más adelante, en 2000, obtiene el Premio Azorín de Novela con Cielos de barro.

Su primera incursión como autora teatral se estrena en 1998 con el título Segunda mano, y Eduardo Vasco dirige en 2002 la adaptación al teatro de su primera novela, Algún amor que no mate, interpretada por Isabel Ordaz y Charo Amador.

Su última novela publicada fue La voz dormida, premiada en la Feria del Libro de Madrid por el Gremio de Libreros de Madrid como Libro del Año 2003. Ese mismo año se convoca en el Ayuntamiento de Brunete, el I Premio Literario de Novela Corta Dulce Chacón; en noviembre ingresa en el hospital a causa de una grave enfermedad repentina, falleciendo el 3 de diciembre a los 49 años de edad.

El gran éxito de esta obra que funde maravillosamente la narración novelística con una rigurosa documentación, se elaboró en vida del personaje protagónico, Pepita Patiño, que falleció cuatro años después de estrenada la versión cinematográfica, ya cumplidos los 91.

 

 LA VOZ DORMIDA

Intérprete: Laura Toledo

Dirección: Julián Fuentes Reta

Ayudante de dirección: Cayetana Cabezas

Versión teatral: Cayetana Cabezas

Producción: Salvador Collado
Música y espacio sonoro: Luis Paniagua
Iluminación: Joseph Mercurio
Espacio escénico: Julián Fuentes Reta

Teatro Bellas Artes (Madrid): hasta el 20 de marzo

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