Infructuosa búsqueda de respuestas en una obra de Sanchis Sinisterra

Por Horacio Otheguy Riveira

Ante la dificultad, el arrojo; ante el maremágnum de atrocidades históricas, de uno y otro bando, la voluntad de hallar un poco de esperanza, tales algunos de los movimientos físicos e intelectuales de dos jóvenes actores en busca de un lugar en el mundo del teatro. Ensayan y discuten en El lugar donde rezan las putas, un magnífico sótano que les presta el tío de la muchacha, pero ellas no aparecen nunca, sólo se mencionan al comienzo, y la pareja de artistas carece de la menor empatía sexual y sentimental, solo colegas que parecen entenderse. Todo les resulta convulso, extraño, demasiado complejo, pero no se dan por vencidos. Están dispuestos a llegar como sea a un lugar donde no se rece y crezca la ilusión de un mundo nuevo. Sin embargo, tanta pasión se produce en sucesión de escenas que no rematan, en un interruptus permanente.

Parten de tres textos históricos, uno que habla de lo sucedido en el siglo IV del cristianismo, cuando entre sus adeptos adquirían creciente poder fanáticos sin escrúpulos capaces de acosar, perseguir y destruir a la astrónoma Hypatia, y los otros, célebres en el siglo XX por lo que significaron como crítica al proceso soviético, fervientes comunistas víctimas del estalinismo, de una u otra forma; en este caso, la pareja de cómicos ha de vérselas nada menos que con una adaptación o mera selección de textos localizados en los dos volúmenes del testimonio de un matrimonio integrado por el checo Artur London (La confesión) y la francesa Lise London, autora de Roja primavera.

A este material se le suman otros, además de extrañas voces y efectos lumínicos como si fuerzas sobrenaturales intentaran intervenir en la acción. En realidad forman parte de una aventura colmada de interrupciones, excepto cuando “parece” que encontrarán un camino y se abocarán a ello.

Las referencias políticas de la voracidad del cristianismo y el no menos manoseado abuso de poder durante el estalinismo apenas tienen desarrollo, están incorporadas en una suerte de compulsión de busca y captura juvenil de superar las barbaries de la historia, y representar en un escenario una denuncia, alguna rabia, cierta desolación artística y espiritual.

Durante hora y media esta función se sostiene con las nobles armas de sus estupendos actores que, lo mismo que buscan material que ofrecer, también se buscan a sí mismos en un juego muy extraño, que a ratos quiere ser chispeante, divertido, con el enorme escollo de evitar toda empatía con los espectadores. Al menos así me sucedió a mí, deseoso de que Patri y Rómulo llegaran a consolidarse como personajes; sin embargo, de ellos sé tan poco al final como al principio, del mismo modo que no encuentro un mínimo desarrollo coherente de todo cuanto hablan, incluido el historial de las putas que “dicen” que van allí a rezar. Todas las cuestiones se plantean en sucesión de escenas que no rematan, en un interruptus permanente.

Hay mucha calidad en la producción, ya que todo transcurre en un ámbito que sugiere misterios que la obra no aporta; una escenografía muy atractiva ideada por Juan Sanz e iluminada con ricos matices por el maestro Gómez Cornejo.

Los intérpretes Paula Iwasaki y Guillermo Serrano tuvieron juntos un éxito notable con Ay, Carmela, el clásico de Sanchis Sinisterra, en un espectáculo muy aplaudido que no tuve ocasión de ver. Iwasaki ya tiene una formidable trayectoria en pleno ascenso (La villana de Getafe, Fuenteovejuna, La dama boba). Ambos aportan toda la energía que esta función necesita para llevar a cabo la difícil trayectoria de una búsqueda infructuosa, como si tuvieran que atravesar montañas para liberarse de las ataduras del pasado sin salir de un espacio abandonado, tal vez un teatro con ventanas a alguna ciudad por donde la gente va y viene a diario, en busca también de un lugar donde vivir en libertad o donde esconderse.

  

EL LUGAR DONDE REZAN LAS PUTAS o QUE LO DICHO SEA

Autoría y dirección: José Sanchis Sinisterra

Ayudante de dirección: Eva Redondo

Intérpretes: Paula Iwasaki, Guillermo Serrano

Escenografía: Jorge Sanz

Iluminación: Juan Gómez Cornejo (AAI)

Vestuario: Helena Sanchis y Tania Tajadura

Espacio sonoro y composición musical: Pablo Despeyroux

Fotos: Javier Naval

Una producción del Teatro Español

Teatro Español. Sala Margarita Xirgu, del 15 de marzo al 15 de abril 2018

Encuentro con el público moderado por Rosa María Mateo, el JUEVES 5 DE ABRIL, al finalizar la representación. Entrada libre hasta completar aforo.

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