Los libros de la isla desierta: ‘Caballería Roja’, de Isaak Bábel

ÓSCAR HERNÁNDEZ CAMPANO.

Hace un siglo la Revolución Bolchevique hizo de Rusia un país socialista en la acepción marxista del término. A continuación, tal como se establecía en el Manifiesto comunista y en la doctrina leninista, la revolución tendría que extenderse a todo el mundo. Sin embargo, primero hubo una guerra civil en la misma Rusia entre Blancos y Rojos. El ejército rojo, comandado por Trotsky, venció a los enemigos internos y a los soldados que enviaron las potencias occidentales para evitar que el Comunismo triunfara. Aquella guerra, con todos sus frentes, duró algunos años y dio lugar a la URSS, los bloques y el carrusel que fue la historia del siglo XX y que, aún hoy, colea.

Isaak Bábel (1894-1940) fue un periodista y escritor que lucho junto a los cosacos en la caballería roja. Galopó por tierras polacas enarbolando la bandera de la hoz y el martillo en una mano y el cuaderno y el lapicero en la otra. Durante 1920 luchó y vivió los horrores de una guerra que, como en cualquier otra confrontación humana, sacó a pasear lo peor de nuestra naturaleza. De aquella experiencia surgió un cuaderno de relatos que acabó publicando en 1924. Su prosa magnética, poética, suave, dulce y sincera, contrasta con las atrocidades que relata en las narraciones que conforman este volumen. La muerte, la crueldad, la frialdad, la deshumanización de las personas, de un bando u otro, atraviesan las páginas de estos relatos como el frío acero en una noche rusa. Leer esta obra sin prestar atención sería como escuchar un fado portugués sin comprender el dolor de sus letras. Bábel, en unos relatos que recuerdan a entradas en un blog o anotaciones en un diario, cuenta lo que ojos vieron en los campos de Galitzia y en las batallas contra el ejército polaco. Muestra de forma descarnada el comportamiento de unos y otros, incluido el suyo, que a veces oculta, diluye o disimula, escribiendo lo que dice que ha escuchado o lo que le han contado. Hombres que degollan, cercenan, ensartan o decapitan a sus semejantes obedeciendo órdenes. Civiles que tratan de sobrevivir engañando, mintiendo, sometiéndose o escapando. Soldados que luchan codo con codo, que ayudan a sus compañeros, que los traicionan o que desertan. Animales maltratados, robados, maltratados, víctimas sin voz de la guerra. Como los caballos, sin los cuales no podría haber existido esa caballería roja. Animales fieles, nobles y leales que Bábel describe con más rasgos humanos que los que presentan los hombres y mujeres que pululan en las páginas de este libro. Todos ellos quedaron como testigos inmortales, pese a sus prematuras muertes, de una guerra cruel, como todas, que asoló el este de Europa hace cien años.

Bábel fue ejecutado en 1940. Con Stalin en el poder y su política de “socialismo en un sólo país” y de purgas de enemigos y, sin embargo, compañeros de partido, el trotskismo y sus seguidores fueron los primeros en caer. Nuestro autor tenía las de perder, ya que defendía las tesis contrarias al nuevo líder supremo. No obstante, oh, humanidad, parece que fue un lío de faldas lo que acabó por ponerlo frente al pelotón de fusilamiento. Su obra no ayudó. Sus descripciones, en una prosa maravillosa aunque plagadas de detalles incómodos para la Unión Soviética del camarada Stalin, al igual que su voz, demasiado crítica, debían ser silenciadas. Una fría mañana de enero de 1940 lo ejecutaron. Dicen que en su celda pedía algo más de tiempo para corregir y ordenar sus relatos, su legado. No lo tuvo.

La edición de Caballería Roja de Galaxia Gutenberg, a cargo de Ricardo San Vicente, que la prologa y ha hecho el estudio y la selección, nace con la aspiración de ser la definitiva. Como San Vicente explica, Bábel retocaba constantemente sus textos, de forma que añadió y eliminó relatos, párrafos, frases, etc. Eso originó ediciones diferentes que, una vez muerto el autor, quedaron en manos del juicio de los diferentes editores y estudiosos de su obra. El prologuista de esta edición ha buceado en los documentos de la época para reconstruir Caballería Roja como fue en origen, antes de la censura y las innumerables transformaciones. Se incluyen, además, varios relatos que corresponden cronológicamente a las batallas que conforman el grueso de la narración y que, por diferentes razones, el mismo Bábel o los editores no incluyeron en otras ediciones.

El libro, sea o no la edición definitiva, es desgarrador, seduce y embelesa con una prosa envidiable, para arrojar al lector a una realidad que le sacude el alma. Un libro, por tanto, especial y que requiere de una relectura sosegada en nuestra isla desierta.

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