Un adulterio muy feliz en “Una vez al año”, clásico de los 70

Por Horacio Otheguy Riveira

Al levantarse el telón y descubrir una estupenda escenografía elaborada con muchos detalles de corte realista (algo que ya no se ve, todas las producciones reducidas al mínimo), nos encontramos en una cama a José y Pilar: ella muy feliz semidormida, él nerviosísimo, mezcla de entusiasmo por lo vivido y sentimiento de culpa. Los dos están casados con otros. Es el comienzo de una función que revolucionó el teatro burgués de los 70 del siglo XX en medio mundo. Hasta entonces los adúlteros eran divertidos personajes de comedias de enredo o torturados en dramas de celos tremebundos. Nunca se había planteado que la imperiosa necesidad de amar a dos parejas a la vez se puede vivir sin culpa ni castigo, y más aún, disfrutar de dos mundos perfectamente delineados: el de una familia en orden y un amor al margen, eminentemente voluptuoso, de sólo Una vez al año ¡pero durante 25 años!

A lo largo de la representación se suceden imágenes de las épocas por las que transcurren sus apasionados encuentros, y en todos ellos los actores logran caracterizaciones rápidas y muy eficaces que nos permiten vivir con intensidad y completa verosimilitud el paso del tiempo. El buen ritmo de la puesta en escena resulta clave para que actores fogueados en la televisión saquen adelante la gran dificultad del cuerpo a cuerpo en el teatro. Una tarea compleja, ideal para intérpretes con más experiencia (tal y como se ha producido en otros países desde su estreno en Broadway), de allí el mérito grande de estos dos jóvenes con prometedora carrera. Así en el caso de David Janer, que resuelve con notable simpatía la fragilidad de un personaje bastante plano, tirando a monótono, pero en definitiva muy interesante al tratarse de un hombre con una divertida lucha interior, pues tiende a ser un tontorrón de vida gris, y sin embargo resulta audaz y entrañable cuando más se le necesita, compartiendo con su pareja eventual la peculiaridad de estar felizmente casado con otra y ser un responsable padre de familia; Silvia Marty se la juega con dotes excepcionales por tratarse de una debutante en el escenario. Saca muy buen partido a un personaje bombón, con cambios radicales en la evolución de una mujer que atraviesa situaciones clave con desparpajo, talento, gran capacidad de seducción y una espontaneidad admirable. Bernard Slade apostó muy fuerte con su perfil, modelo de encomiable feminidad capaz de amar a un marido e hijos, y a un amante, y a la vez ser fiel a sí misma, en busca de su propio destino afectivo y profesional.

El traductor y director Héctor Claramunt firma una adaptación española en general con muchos aciertos, sobre todo en el desfile de titulares de las distintas épocas, discutible en el apartado de los bárbaros atentados de ETA (en este caso se esgrime el de Hipercor, con su matanza indiscriminada, y la referencia política al auge de la derecha de entonces), pero en todo caso funcional, resuelto con agilidad mientras se cambian detalles de la ambientación y velozmente los intérpretes maduran físicamente.

 

 

 

 

El autor, Bernard Slade, canadiense nacido en 1930, fue un innovador dentro del amable universo teatral de la denominada Alta comedia, donde hombres y mujeres de clase media más o menos acomodada con sus declives y sus crisis, exhiben dificultades sentimentales y sexuales en un ambiente fraternal en el que las peleas habituales forman parte de amores incondicionales. No siempre conflictos amorosos, también filiales. En España quien más lo estrenó fue Arturo Fernández en los 80: con Victoria Vera, La chica del asiento de atrás (un amor imposible porque no funciona sexualmente, entreteje sin embargo una amistad para toda la vida); y con Paula Martel y Ana Marzoa, Tributo (también llevada al cine con Jack Lemmon): un hombre de éxito personal y profesional, muy enfermo, busca la reconciliación con un hijo.

Otras versiones de la misma obra:

Brooks Atkinson Theatre, Broadway, 14 de marzo de 1975. Dirección: Gene Saks. Intérpretes: Ellen Burstyn, Charles Grodin.

Versión cinematográfica. El próximo año a la misma hora (Same Time, Next Year), película de 1978 dirigida por Robert Mulligan. Intérpretes: Ellen Burstyn, Alan Alda.

Teatro Eslava, Madrid, 17 de septiembre de 1975. Estreno en España. Dirección: Luis Escobar. Escenografía: Emilio Burgos. Intérpretes: Irene Gutiérrez Caba, Carlos Estrada, sustituido por Pablo Sanz.

Teatro Poliorama, Un cop l´any. Barcelona, noviembre 2017. Dirección: Àngel Llàcer. Adaptación: Héctor Claramunt. Intérpretes: Mar Ulldemolins, David Verdaguer.

Traducción, adaptación y Dirección: Héctor Claramunt

Música: Manu Guix
Diseño de vídeo: Francesc Isern
Diseño de sonido: Damien Bazin
Diseño de vestuario: Miriam Compte
Diseño de caracterización: Helena Fenoy
Ayudante de dirección: Daniel Meyer

Diseño de escenografía: Marc Udina y Marc Salicrú

Edad recomendada: A partir de 14 años
Duración: 1h 40min (sin descanso)

Lunes y Martes: Descanso

Miércoles, Jueves y Viernes: 20:00 horas

Sábados: 18:00 y 20:30 horas

Domingos: 18:30 horas

Teatro Marquina, Madrid.

 

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