Desde Londres: Intensidad y juventud coreografiada por Sharon Eyal

Por Eloy Palazón

Cuando uno escribe en el buscador de YouTube las palabras “Used To Be Blonde”, uno de los primeros videos que se sugieren es el de la coreógrafa israelí Sharon Eyal, una música que invita a bailar pero que es difícil de seguir y un enfoque de cámara tan cerca de la bailarina que somos incapaces de ver cuáles son los pasos de esa coreografía. Este video puede resumir, de alguna manera, el estilo de Sharon Eyal. Used To Be Blonde es, por lo tanto, algo que ronda la mente de la coreógrafa desde hace años y ha vuelto a ello con la National Youth Dance Company. Y lo ha hecho de forma impactante.

La National Youth Dance Company es un proyecto muy interesante que España debería copiar. Cada año un coreógrafo de renombre internacional (en años anteriores han trabajado con otros artistas como Sidi Larbi Cherkaoui o Damien Jalet) trabaja a través de workshops con jóvenes ingleses de 16 a 18 años que estudian danza y crean una coreografía que es escenificada en importantes escenarios a lo largo del país. Uno de los puntos más interesantes de este proyecto es que la educación dancística de los participantes es muy variada, no sólo hay gente de ballet o contemporáneo, sino que hay jóvenes que han estudiado jazz, comercial, urbano, claqué, pilates, voguing e incluso bharatanatyam (una danza clásica india). Esto hace que, en conjunto con los particulares estilos de los coreógrafos, el resultado tenga mucho potencial. Y esto es muy visible en la obra Used To Be Blonde.

La coreografía es intensa, por el movimiento, por la música de Ori Lichtik y por la luz diseñada por Alon Cohen. Lo interesante de la concepción de Sharon Eyal es que utiliza de forma muy visual el conjunto de bailarines, bastante numeroso, y juega con la discrepancia de cuerpos. Mientras el grupo actúa como un bloque sólido, siempre hay algo, algún bailarín o bailarina que se sale del enjambre, pero no para individualizarse, para hacerse notar, sino para llevar adelante la dinámica, para agitar el grupo.

Comparándolo con el resultado de Damien Jalet el año pasado, creo que el trabajo de Sharon Eyal ha sido mucho más interesante por varias razones. La primera es que Eyal ha tratado a los bailarines como adultos, como a bailarines de su propia compañía, y eso se nota en que no es una coreografía junior, es una obra que podría estar perfectamente en compañías internacionales de bailarines profesionales, cosa que no ocurría en la del año pasado, que parecía más una obra surgida más bien de una clase de conservatorio. La segunda es que aunque todo el movimiento está impregnado del sello de Eyal, la particularidad de los bailarines, sobre todo los solistas, es visible y patente, pero siempre dentro del estilo de la coreógrafa.

 

 

Entre los solistas se podría destacar a dos claramente con una enorme madurez en su movimiento, en su ejecución y en su concepción. Alex Thirkle y Jeran Entwistle (en las imágenes), ambos de 17 años y en su segundo año en la NYDC, hacen que sus piernas y brazos en el caso del primero y la espalda en el del segundo tomen un protagonismo muchas veces inusual. Por ejemplo, el movimiento de la espalda, destacado por la iluminación cenital y los trajes de color negro petróleo diseñados por la coreógrafa, en el caso de Entwistle es completamente hipnótico.

En general, Sharon Eyal, ya lo dije en alguna reseña anterior, es una coreógrafa a seguir muy de cerca, por su característico movimiento, por sus conceptos, por su imaginario motriz… Y a algunos de los jóvenes bailarines de esta compañía los veremos en un futuro haciendo cosas muy interesantes. Y en cierta manera, gran parte de ese potencial será gracias a trabajos como este.

 

 

 

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