“Locos de contento”, una comedia social de Jacobo Langsner en Madrid

Por Horacio Otheguy Riveira

En el teatro rioplatense (uruguayo y argentino) existe una gran tradición tragicómica, a veces más cómica que trágica, con parejas que se aman y detestan a partes iguales. Es un subgénero tal vez único en el mundo. Jacobo Langsner —nacido en Rumania, con 3 años radicado en Montevideo, hoy con 90 años en Buenos Aires—, es un exponente del drama social pasado por el filtro del humor que todo lo recompone: “Mi teatro casi siempre explora la hipocresía de la clase media, capaz de vender a la madre con tal de salir en una buena foto”. Maestro indiscutible de obras que pertenecen a la historia del teatro hispanoamericano, se presenta ahora con una de sus funciones más representada: Locos de contento, dirigida por un experto, a su vez excelente actor, el español Diego Molero, a quien recientemente aplaudimos en Bang Bang, y somos historia (hasta el 7 de junio, algunos jueves en el Teatro Alfil).

Locos de contento se representa los viernes en el Teatro de las Aguas

(…) ROMAN: (Preocupado). No funciona. No funciona. Lo intento con todas mis fuerzas, te juro que lo hago. Pero la orden no llega hasta este aparato de mierda.

CLAUDIA: ¿Qué aparato?

(Señalándose los genitales). ¡Este! (Hablándole a los genitales) ¿En qué te convertiste? ¿En un adorno?

CLAUDIA: Bueno, preocupate por eso más tarde, que ahora tenés que hacer otras cosas.

ROMAN: ¿A vos no te preocupa?

CLAUDIA: ¡Cómo no me va a preocupar! Soy una mujer joven y vital y necesitaría un buen orgasmo una vez al año por lo menos.

ROMAN: No exageres vos tampoco que lo hicimos hace poco.

CLAUDIA: No quiero acomplejarte, pero te podría recordar cuando ocurrió.

ROMAN: ¿Que, apuntaste la fecha?

CLAUDIA: Me acuerdo porque fue para mi cumpleaños. Hace tres meses aproximadamente.

ROMAN: ¿Y cómo fue?

CLAUDIA: Fue como un milagro.

ROMAN: Sí. Una concesión que alguien quiso hacerme desde (mirando el techo) allí antes de morir.

CLAUDIA: No digas pavadas.

ROMAN: El cerebro es como un ordenador, Claudia. Cuando una parte de ese ordenador detecta algo concerniente al acto sexual, enseguida pone en movimiento mecanismos para enviar rápidamente torrentes de sangre hasta el miembro viril que si no se encrespa como un bate de beisbol, vale tanto como una rata muerta.

CLAUDIA: A lo mejor soy yo. A lo mejor ya no te gusto.

ROMAN: No  mi amor. No digas eso.

CLAUDIA: El pelo.

ROMAN: Es mi ordenador que no funciona bien. No da órdenes. O si las da, no llegan donde tienen que llegar.

CLAUDIA:(La conversación es seria y está cargada de preocupación y angustia). A lo mejor yo no te estimulo lo suficiente. Lo que tenés que hacer es no pensar más en eso.

ROMAN:  ¡A los cuarenta años!

CLAUDIA: ¿Sabes qué? Estuve pensando. Lo que vos tenés es sólo estrés.

ROMAN: ¡Sólo! No le quites importancia. ¿Qué estás descubriendo? Vivo estresado. El banco se quedó con la casa, no consigo trabajo y en dos meses me quedo sin el paro.

CLAUDIA: ¡Ay, Dios! Oleme el pelo.

ROMAN: ¿Qué te pasa?

CLAUDIA: Olelo. (El le huele el pelo). ¿A qué huele?

ROMAN: A frito.

CLAUDIA: Yo me mato.

 

Camila Bertone y Gabriel Tortarolo, brillantes protagonistas de una historia de conflictos de pareja, marcada a fuego por eternas crisis de clase media. Intérpretes con amplia experiencia que aportan eficaces recursos en un género que se dio en llamar del “grotesco criollo”, en el que los dramas sociales se exhiben con un singular humor corrosivo.

 

Jacobo Langsner nació el 23 de julio de 1927, en Rumania; pero sus padres se instalaron en el Uruguay en 1930, cuando él tenía 3 años. Hacia 1950 comenzó a participar en el medio teatral de Montevideo, la capital uruguaya, que entonces sobresalía como uno de los centros de teatro más atractivos de Latinoamérica. Su debut como dramaturgo se realizo en el Circulo del Teatro Independiente. Durante muchos años, Langsner integro la comisión directiva y el comité de lectura del club de Teatro, grupo independiente fundado en mayo de 1949.
Consagrado en el teatro independiente como dramaturgo talentoso, y a través de concursos públicos, Langsner pronto llego a formar parte del repertorio oficial del la Comedia Nacional Uruguaya.
En 1956 comenzó a trabajar en Buenos Aires, ciudad donde se radico definitivamente en 1958. Desde entonces, trabaja conectando los escenarios de Buenos Aires y los de Montevideo, por lo que prefiere no llamarse “argentino” ni “uruguayo”, sino “rioplatense”.

Durante los años de la dictadura militar iniciada en 1976 en la argentina, Langsner se exilio en España.
Es autor de una vasta producción teatral. Entre sus obras mas importantes figuran: El hombre incompleto (1951), El juego de Ifigenia (1952), Los ridículos (1953), Los artistas (1954), Un inocente adulterio (1958), Los elegidos (1960), Esperando la carroza (1962 en Uruguay y 1974 en Argentina), El tobogán (1970), La gotera (1973), Pater Noster (1979), La planta (1981), Barbacoa (1986, continuación de Esperando la carroza), Mis amores con Douglas Fairbanks (1990), Locos de contento (1991), Otros paraísos (1996). También escribió comedias musicales para el circuito comercial.
Langsner es, además, un destacado guionista de televisión. Muchos de sus libretos formaron parte de los ciclos televisivos Alta Comedia, Alguien como usted, Atreverse y Amores, entre otros. También ha realizado una importante labor como guionista de cine en dramas descarnados dentro de un hospital Darse cuenta, o en una comedia negra en torno a una familia Esperando la carroza… (Red Teatral)

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