“Música y mal”: Lola Blasco en sorprendente celebración de la existencia

Por Horacio Otheguy Riveira

En la sala pequeña del Pavón Teatro Kamikaze se produce un acontecimiento en el que una mujer de teatro y un pianista abordan episodios escalofriantes ligados a clásicos de la música que pasaron a la historia en una siniestra doble vida: genialidad estilística y apoyo a causas de terrorífico autoritarismo.

Emocionante encuentro entre el testimonio histórico y la vocación escénica. Lola Blasco escribe, protagoniza y dirige. Alexis Delgado interpreta al piano arreglos de Manuel Bocos.

 

 

Un pianista nos da la espalda, balbucea a veces, pero sobre todo se mantiene fiel a su teclado y las complejas partituras con las que, en ráfagas bien templadas, acompaña a la mujer que se aboca a una conferencia. De entrada lo hace con la disciplina y el rigor de una profesora con prisas, de las duras, de las que no se andan con rodeos: Ante la vida solo existen dos posturas fundamentales: la ingenua y la heroica. Y a los que sufren, a los que han perdido la ingenuidad, sólo les queda la heroica. Siempre y cuando no quieran caer en la imbecilidad o algo peor.

Luego resulta que la docta conferenciante se relaja y asume recuerdos de éxtasis entre sus muslos al son de Tristán e Isolda, más tarde se convierte en una joven desgarrada por la barbarie de “Gesualdo, el demonio de Venosa”; más adelante retoma la fría disertación que acaba abandonando otra vez para pasar a un radiante cruce de piernas cuando todo el escenario se sumerge en el Claro de Luna de Claude Debussy; entonces es tiernamente sensual, con cierto aire a lo Marlene Dietrich, quien sólo cubrió sus piernas a los 73 años —consideradas las más hermosas del mundo— para cantar a sala llena lo mismo en Buenos Aires que en Londres el repertorio que la consagró en Estados Unidos, cuando la bella alemana entretenía a las tropas que luchaban contra su país en la segunda guerra mundial. Demócrata y valiente, la intérprete más conmovedora “diciendo” más que cantando Lili Marleen, fue enterrada donde quiso, en Berlín, la capital donde había nacido. Tenía 90 años.

Música y mal es un espectáculo muy original, de rara intensidad poética, en el que Lola Blasco no introduce a Marlene Dietrich, pero le rinde callado tributo, esgrimiendo un talento fuera de lo común para aunar documentación histórica en el campo de la música y de los testimonios periodísticos, sin abandonar la imprescindible seducción de una actriz. En ese campo, el dominio de su cuerpo en variedad de actitudes resulta clave, y a su vez en ese mismo cuerpo sus piernas heredan de la Dietrich, belleza, armonía y capacidad resolutiva.

Si mientras camina de un lado al otro del escenario la siguiera una cámara como la de François Truffaut en “El amante del amor”, por el discurrir de sus piernas conoceríamos igualmente la diversidad de mujeres que se presentan en escena: la decisión de la profesora que no admite duda alguna, la elegancia de la muchacha atrevida con una masturbación en estado de éxtasis, el despliegue orgásmico musical de un compositor despreciado por el Tercer Reich, las ironías de una joven sobre sus temores y debilidades, el conocimiento de una musicóloga que pasea por variopintos pentagramas con la seguridad de circular por el paraíso…

Las piernas de Dietrich dieron la vuelta al mundo entonando canciones entrañables identificadas con la libertad y la justicia. Las de Lola Blasco en Música y mal conducen a un vertiginoso recorrido por una región habitada por músicos geniales de colosal inmoralidad o atrapados por la miseria del sistema, perfectamente utilizados por los Señores de la Guerra: léase nazismo o invasiones estadounidenses contemporáneas.

 

(…) Una melodía hecha de llanto,
de disonancia…
Ya los ojos de los presos se llenan de brillo…
Esperanza,
susurro,
esperanza para los que cruzan la puerta…
Un silencio…
sepulcral…
Nunca más volvería a escucharse su obra,
con tanto recogimiento…
Y allí,
en Gorlitz,
en el campo de concentración de Gorlitz,
en las letrinas del campo de concentración de Gorlitz,
en el corazón del mismo infierno,
surge la luz más bella,
una loa a la eternidad,
la celebración de la existencia…

 

Schumann es uno de los compositores favoritos de la muerte, o al menos del ángel de la muerte, el doctor Mengele. Sus experimentos con gemelos en el campo de Auschwitz son terroríficos. Una vez quiso volver a unir dos gemelos, dos niños de cuatro años. Quiso que fueran siameses. Así que los unió por la espalda y hasta las manos, los cosió por la piel y las venas, pero los niños se pudrieron. Y el Ángel de la muerte siguió experimentando con parejas de gemelos, una pareja de gemelos tras otra…

Wagner ya era un “miserable y envidioso antisemita” mucho antes que Hitler se enamorara de sus óperas nacionalistas y su música: Cuando escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia, que decía Woody Allen, una actitud heroica. En la guerra del Golfo, en la guerra de Irak, un grupo de soldados estuvo mirando durante tres días la escena de los helicópteros de Apocalypse Now, La de La cabalgata de las Valquirias. Estuvieron tres días viendo esa escena antes de estrellarse contra las casas de los iraquíes. Tres días. En bucle…

Schubert escribió uno de sus lieder más famosos, La muerte y la doncella: “Dame la mano, hermosa y tierna criatura, amigo soy y no vengo a castigarte, le dice la muerte, ten ánimo, le dice, no hay crueldad en mí, le dice, dulcemente… dormirás entre mis brazos”.

Y la doncella, en su tormento, ve en la muerte su única salida. La desolación llama a la belleza, para verter en ella su vacío y como es lógico, la belleza, a nada le teme más que al tiempo.

Una de las personas que mejor ha cantado este lied es Fischer-Dieskau. Es la muerte más seductora que he oído nunca, algo que no me extraña, por otro lado, ya que Dieskau, además de cantante profesional, fue soldado de la Alemania nazi. Así que la muerte la conocía bastante bien… la muerte… ¿Podría haber cantado así Dieskau si no hubiese existido el horror? Cuando lo apresaron los americanos, se dedicaba a cantar este lied entre los soldados…

Estas son sólo algunas de las muchas situaciones que Blasco va dejando caer al recorrer valiosas anécdotas en tan solo una hora. Al final uno lamenta que su “celebración de la existencia” nos abandone. En solo 60 minutos ha logrado una síntesis asombrosa que podría extenderse bastante más y seguiría asombrando, entre algunas buenas bromas y muchas emociones como la que reserva para el final, decisión magistral en torno a Olivier Messiaen, un creador fascinante en las peores circunstancias de su existencia: … ¿Qué ramas crecen… de entre las ruinas? Han estado ensayando… en las apestosas letrinas… en un campo de concentración. En Gorlitz. Y de ahí, de las lágrimas vertidas en la soledad, surge una melodía que no encaja en ninguna música. Una melodía hecha de llanto, de disonancia…

Si he mencionado las preciosas piernas gozosamente dramatizadas por Lola Blasco, he de añadir que las manos ocultas del pianista, Alexis Delgado, adquieren durante todo el tiempo una omnipresencia fabulosa. Sólo se ve su espalda y algún perfil, según la ubicación del espectador (e incluso sus manos, desde un lateral del patio de butacas), pero es tan envolvente la calidad de su interpretación que confirma la conmovedora atmósfera del espectáculo: episodios históricos de radical importancia en la amoralidad de grandes artistas para dejar constancia de que ninguna sublimación poética puede abandonar los valores éticos; esenciales valores que hacen del ser humano un auténtico superhombre en el arte de amar y superar su egocentrismo entre seres solidarios.

 

Montaje sobre una reproducción de El caminante sobre el mar de nubes, del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, obra creada en 1818, presente en el cartel y el programa de mano de Música y mal.

 

Repertorio interpretado en escena:

– Richard Wagner: Preludio de Tristán.
– Carlo Gesualdo: Moro Lasso.
– Richard Strauss. Morgen.
– Johann Sebastian Bach: BWV 988: Aria; BWV 1079 Canon Cangrejo.
– Franz Peter Schubert. La muerte y la doncella.
– Robert Schumann. Escenas infantiles (Selección)
– Claude Debussy. Claro de Luna.
– Sonata erótica de Schulhoff.
– Anton Webern. Variaciones op.27
– Olivier Messiaen. Loa a la eternidad de Jesús.

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MÚSICA Y MAL

Texto e interpretación: Lola Blasco

Piano: Alexis Delgado

Selección musical y arreglos: Manuel Bocos

Diseño de iluminación: Paco Ariza

Vestuario: Ana Rodrigo

Fotografías: Cristian Toma

Agradecimientos: Rubén Cano, Vidal, Montse Gabriel, Marcela Cantillo y Aída Argüelles

El Pavón Teatro Kamikaze. Sala El Ambigú. Del 23 de mayo al 3 de junio 2018.

 

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