“Distopía”: el mañana como el infierno más temido

Por Horacio Otheguy Riveira

A manera de obras cortas que se desenvuelven en un contexto de mundo robotizado, con el hilo conductor de alienación social, Distopía, de Esteve Soler, es un espectáculo por el que desfilan personajes en diversos grados de crisis… y una niña negra en holograma que marca la diferencia. Si el mañana se presenta como el infierno más temido, su conductora es una criatura diferente que define el horror al cambio.

Los tres intérpretes forjan breves situaciones dramáticas en lograda atmósfera de opresión en “un mundo ideal” donde los matrimonios y los hijos se contratan por tiempo limitado, las parejas disfrutan su sexualidad en un subidón generado por fantásticas “pastillas del amor”, la vida está marcada a fuego por automatismos que dan seguridad pero vacían de emociones cualquier conducta y lo inesperado se disuelve en un mar de autosatisfacciones dislocadas.

La combinación de ciencia-ficción, fantasía y distopía le funciona muy bien al autor, baraja constantes cruces entre lo fantástico y otros géneros como por ejemplo el realismo social (el hombre gravemente herido y la mujer que se entretiene en sacarle múltiples fotos con el móvil en lugar de llamar a una ambulancia), el teatro del absurdo (una hermosa manzana de proporciones extraordinarias se ha colado en el hogar de una familia convencional) o el drama psicológico cuando un vecino sustituye al marido con tierna sumisión de la esposa…

Los intérpretes juegan todas las bazas con plena comunicación en un entorno muy adecuado desde el primer momento en que se mueven y hablan como robots, mientras los espectadores se ubican en sus butacas. Al comenzar la acción propiamente dicha, en el buen desfile de siete historias, los autómatas se convierten en integrantes de una humanidad en conflicto, bajo el signo de una actitud generalmente insolidaria o en exceso egocéntrica. Hay muchos matices, pero cuando alguien señala al público y dice “Estáis muertos”, comprendemos que el mal ya está entre nosotros, y posiblemente se quede para siempre.

 

 

Esteve Soler es un dramaturgo formado en el Institut del Teatre y la Sala Beckett, donde imparte clases de escritura dramática. Desde 2008, la trilogía formada por las obras Contra el progresoContra el amor y Contra la democracia se encuentra disponible en 17 idiomas (Catalán, Inglés, Francés, Alemán, Castellano, Griego, Italiano, Danés, Rumano, Checo, Húngaro, Ruso, Croata, Portugués, Esloveno, Sueco y Finlandés), mientras que más de 70 directores se las han hecho suyas en países como Alemania, Estados Unidos, Francia, Rumanía, Inglaterra, Suiza, Austria, Grecia, Venezuela y Chile. Ha formado parte de las secciones oficiales de los festivales Theatertreffen y Literaturfestival, ambos de Berlín, y del certamen francés La Mousson d’Été (en dos ocasiones). Contra la democracia fue galardonada con el premio Serra d’Or 2012 al mejor texto teatral del año y Contra el progreso con el premio Godot de Francia a la mejor obra del año. Ha sido finalista a los premios Max y Goya. Como cineasta sus trabajos se han presentado en festivales del prestigio de Clermont-Ferrand, BFI London, Cannes (Short Film Corner) o el New York’s Rooftop Films, entre muchos otros.

Siete pasos sobre la pérdida del humanismo (y la empatía)

Selección de escenas de obras de Esteve Soler

Dirección: Juan López-Tagle 

Intérpretes: Alba Fontecha, Jorge Páez, Javi Hernández

Espacio escénico: Álvaro Espinosa y Clara Maseda

Vestuario: Anita Singers

Directora técnica: Virginia Frasquier

Producción: Stella Pérez (Caja de sombras)

Prensa: Silvia Espallargas (Así Comunica)

Sala Intemperie. Del 12 de junio hasta el 5 de julio 2018.

 

 

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