Espejos enfrentados
Por Carlos Frühbeck Moreno. Ella me hablaba de espejos enfrentados. Me decía que a través de los espejos enfrentados sólo pasa un ruido de fondo, una respiración enorme que, sin embargo, pocas veces podemos oír. Que esa respiración puede ser el modo que tiene la luz de atravesar las ramas de los días de febrero. O también esa explosión de líneas rectas en que se transforma el rostro de una extraña que atraviesa corriendo la puerta de un vagón de metro mientras queda atrapada dentro de la cámara de vídeo de un teléfono...
Las brasas
Las brasas Por Carlos Frühbeck Moreno. La tramontana de los últimos días de Enero es el insomnio. Son los ojos de la madrugada que pasan del libro a la chimenea y pienso que estos ojos alguna vez pertenecieron al abuelo de mi mujer cuando pasó su último año sentado en esta misma silla. Sus ojos, mis ojos fijos en las brasas. Las brasas son un espejo. Digo que pasó su último año dedicado a alimentar el fuego porque una insuficiencia cardiaca no le permitía estar tumbado y pasó su último año aprendiendo -o recordando-...
El único idioma
El único idioma. Por Carlos Frühbeck. El problema es cuando la realidad también es un idioma. Cuando la ciudad de diciembre es un idioma perfecto donde todos los objetos tienen su función y no hay nada fuera de sitio. La tragedia tiene lugar cuando todo tiene un sentido preciso y sólo hay una interpretación posible. Todo: la cabeza de una estatua gótica en una esquina que huele a meada, un asiento de coche en un descampado, una niña que finge que está ciega en un bar lleno de gente y alarga las manos y sigue a tientas...
Los nombres
Por Carlos Frühbeck. Cuando tenía veinte años creía que había un secreto detrás de cada palabra. Que nuestro idioma era solo la caricatura de la primera lengua. Que la primera lengua es la única realidad posible. Que cada vez que un hombre habla se cubren de vaho los espejos y el mundo envejece. Que las primeras palabras eran anteriores a cualquier mundo. Y que nosotros vivimos en el frío porque cada vez que decimos entra la niebla por el quicio de las puertas. Y yo tenía veinte años y decía que era poeta y que había...
Lejos de Roma, entre los árboles
A veces me gusta sentirme solo. A veces salgo del trabajo y me gusta respirar hondo e ir a pie desde el Centro de Lenguas hasta la Estación de Autobuses. Me gusta quedarme solo cuando son las seis de la tarde en la pantalla de mi móvil e intento que la cabeza se calle, no escuchar mi voz mientras camino, no buscar una nueva historia o planear nuevas fugas o recordar aquel sueño en blanco en negro en el que yo vivía dentro de una película muda, fotogramas devastados, y me abrazaba una mujer sin rostro. No. Sólo abrir mucho...
La Trascendencia
Por Carlos Frühbeck. El narrador de Los Demonios, al principio, tiene algo de maruja. De esas que se alisan la bata y se depilan el bigote con pinzas mientras cuentan un cotilleo a eruditos mantenidos y condesas melancólicas. Es decir, la novela, como todos los buenos libros, comienza en el Paraíso. Flotar dentro de una burbuja forrada de seda. Un Hola con lacitos en la falda. Y así hubiera seguido si los personajes hubieran sabido cerrar la boca. Porque el terror aparece en cuanto empiezan a hablar. En ruso, en francés....
Los ciegos
Por Carlos Frühbeck. Los ciegos Ella no me responde. Sólo mira nuestras sombras. Le cuento que hace años yo era capaz de localizar una catarata iluminando un ojo con una lámpara de hendidura. Llenabas la pupila de una luz afilada. Mirabas a través del microscopio. Entonces, comenzaba a nevar. Las imágenes se habían transformado en pedazos de hielo atrapados dentro del cristalino. Era fácil ver cosas en aquellas manchas. Inventarse una vida que sabe a callejón de piedra y a cojeras de orujo amarillo. Después, sentabas...
El asedio
Por Carlos Fruhbeck. Fortifico con castillos de naipes un pueblo sobre una colina en el centro de Italia. Escondo en los olivares de su falda cañones de papel y trampas con clavos de cartón. Me siento en la tumbona del jardín con los ojos cerrados. Los ojos cerrados. El sol se vuelve denso cuando atraviesa las hojas de una viña trepadora. Aprende a recordar. Me encomiendo a la momia mínima que duerme en la cripta de la Iglesia, un beato como hecho con pasta de papel. Sus ojos vacíos abiertos dentro de una urna transparente....





















