No te signifiques (7)

Por Jorge Díaz.

Leo el resumen de una obra de teatro: escritor fracasado se convierte en gigoló. Me parece absurdo. En todo caso debería ser un gigoló fracasado el que se convirtiera en escritor, ¿no?

Quiero decir, que hay que establecer jerarquías, que unas cosas deben ir antes que otras. Ser escritor está muy por detrás de ser gigoló, estrella del futbol, ministro de asuntos exteriores o cantante de rock, incluso por detrás de ser actor protagonista; secundario no, los secundarios están aún más abajo en la escala de valores.

–      El actor secundario puede convertirse en protagonista algún día.

–      Ese día hablamos, de momento está por debajo.

Pretendía abrir una sección que se llamara “Grandes momentos de la vida del escritor desconocido”. Pero son pocos, tengo material para llenar las dos primeras líneas de la primera semana, nada más. Tampoco se esperan noticias para actualizar la sección en los próximos meses. Son pocos los buenos momentos y me iba a dar muchos quebraderos de cabeza, así que paso de hacerlo.

Uno tiene que intentar escribir de lo que sabe, así que cambio el sentido de la sección, nada de “grandes momentos”, que no hay: “Pequeñas frustraciones de la vida del escritor desconocido”. Ahí sí que tengo para varias semanas.

–          ¿Has venido a llorar?

–          No, que ya verás que al final queda gracioso.

No voy a andar llorando porque la gente que llora es un coñazo. Conozco una escritora famosa que no para de llorar, el muro de su facebook parece el de las lamentaciones; antes, sus libros no me gustaban, ahora los detesto. Ya lo sabéis, no me lloréis que no siento la menor empatía con vuestras desgracias.

–          Te estás destapando como un tipo egoísta. ¿Te conviene?

–          Es posible que no, pero no se puede afirmar: quién sabe. Tampoco conviene, aparentemente, estar muerto y fíjate en Larsson.

Sólo voy a mencionar la última de las frustraciones: la cifra de ventas.

–          ¿Vas a quejarte de dinero? Patético.

–          No, tampoco me quejo de dinero, si sólo busco cariño. Si yo esto lo hago para tener obituario.

No, no voy a hablar de dinero, ni de si las editoriales pagan más o menos o se quedan con un porcentaje mayor o menor, no va de eso. Yo soy un recién llegado, las normas estaban puestas cuando llegué: si las aceptas, bien; si no las quieres acatar, o si llevas calcetines blancos, no entres en este local.

Te vas preparando para el día que te informan de tus ventas. Piensas que lo normal, por lo que sabes, lo que has visto, lo que te han comentado, lo que ese librero amigo te contó, es que se hayan vendido, pongamos, cien ejemplares.

–          ¿Cien ejemplares? ¿Para eso escribes, para que te lean cien?

–          Dan Brown y yo escribimos por la gloria. Nos da igual el número de lectores. Más a él que a mí, claro.

Pensabas que venderías, por ejemplo, cien ejemplares. En el fondo, no querías llevarte una decepción y rebajabas la cifra en tu cabeza: al final me van a decir que se han vendido cincuenta. Está bien, cincuenta es muy poco, pero te justificas a ti mismo: es mi primera novela, yo me habría quedado contento si sólo se hubieran vendido veinticinco, no voy a quejarme por haber vendido cincuenta.

Llega la carta, por fin. La abres solemnemente. ¿Diez? ¿Cómo voy a haber vendido sólo diez ejemplares? Si he firmado ocho… (Un inciso, a los dos que tienen ejemplares sin firmar, que me llamen, se los firmo y les invito a un café, faltaría más).

–          Estás exagerando, ¿no?

–          Sí, pero poco.

Te preguntas, ¿nadie la compró porque le dio por ahí? No sé, porque le llamó la atención el título, porque le sonaba tu cara del colegio, porque le interesaba el tema, porque tenía que hacer un viaje largo y era bastante gorda… No te hagas preguntas tontas porque la respuesta es no, nadie se interesó.

–          ¿Se lee poco en España?

–          A los demás, no sé; a mí poquísimo.

El otro día me decía un amigo que, en el mundo, no todos podemos ser felices, que si cada uno pudiera cumplir su sueño habría más gente haciendo cine porno que viéndolo. Creo que tiene razón.

7 comentarios sobre “No te signifiques (7)

  • el 22 julio, 2010 a las 9:43 pm
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    Buena elección la de “Pequeñas frustraciones de la vida del escritor desconocido”. Si te pones a contar, es un no parar. Tienes tema hasta el día del juicio final. Por la tarde.

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  • el 22 julio, 2010 a las 10:36 pm
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    Amiga Francis:

    Escribo muy bien y tengo un cuerpazo. ¿Qué me hago? ¿Escritor o Gigoló?…

    P.D.: Y esto, ¿a qué hora lo ponen?… ¿Puedo saludar?…

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  • el 23 julio, 2010 a las 11:34 am
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    Cada día afinas más… y escribes mejor aunque eso no te saque de los números rojos… y volviendo a la literatura… ¿crees que las putas son la nueva esperanza de la llamada «literatura femenina» en el siglo XXI?.

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  • el 23 julio, 2010 a las 11:37 am
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    Te ha quedado muy gracioso, la verdad!!! Tienes razón en lo que cuentas, pero si te consuela (mal de muchos, consuelo de tontos, perdona, de todos) eso mismo pasa en muchas otras ocasiones!!!

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  • el 23 julio, 2010 a las 12:44 pm
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    ¿Sábes aquel que diu de dos amigos que se encuentran tras muchos años de no verse y le dice uno al otro…

    -Hombre, ¿qué ha sido de tu vida durante todos estos años?
    -Pues ya ves. Me hice escritor.
    -¿Y vendes mucho?
    -Muchísimo. Ya he venido la televisión, el frigorífico, el coche, los cuadros, los muebles…

    Pues eso.

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  • el 23 julio, 2010 a las 2:45 pm
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    ¿Las putas esperanza de la literatura? Qué preguntas hace usted, señor comisario. En mi opinión, y queda claro en el texto, la esperanza son los gigolós. No me significo más…
    Gracias a todos por sus comentarios.

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  • el 25 julio, 2010 a las 7:51 am
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    Lloré mucho con el post durante un rato. Cumplida esta penosa labor de todo el que vende diez ejemplares, me largo a reír durante días y días. Que por lo menos arruga menos.
    ¡Un abrazo!
    JC

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