«Solo un metro de distancia»: apasionante búsqueda de felicidad insospechada

Por Horacio Otheguy Riveira

El cuerpo de una mujer pasea por la playa en un estado muy placentero. La mente está despejada. Cuerpo y mente hacen piña. Pero suena el teléfono. Una voz muy querida le da una buena noticia que cambia radicalmente su percepción de sí misma en ese espacio donde parecía haber tanta paz. Vuelve a sentirse atrapada en un pasado del que ha intentado huir muchas veces. Abuso sexual continuado. El sexo como un sórdido ataque en el que se mezcla la indefensión con el agravante de la superioridad de un familiar.

Este es el tema central de Solo un metro de distancia, desarrollado en escena por un cuarteto de actrices que pueblan el escenario de palabras que evitan el monólogo con sobrepeso de ideas, por el contrario, informan y dialogan con la fluidez de un texto muy dinámico que les permite crear una gran solidaridad con la historia principal: la de una mujer luchando por liberarse de una prisión sin rejas.

Teatralmente fascinante. Psicológica y emocionalmente apasionante.

Paradojas, contradicciones, rabia reprimida, ensueños frustrados: cuatro mujeres en variedad de personajes masculinos y femeninos pero solo una es centro de toda su atención; en buena y mala compañía, adormecida entre intentos de suicidio, adentrándose en el enigmático universo de quienes ansían quitarse la vida. El enigma necesita explicarse a sí mismo, tocar las heridas que no terminan de cicatrizar, resistir el dolor que provoca la memoria y encontrar una salida. Detrás, la prisión de una angustia que parece eterna: la de una violación en familia. La irrupción de la sexualidad en una violencia sin golpes; la vida de una niña que crece sola, a ciegas.

Ante el melodrama desgarrado de semejante historia, esta función escoge una técnica de narración e interpretación simultáneas. Cuatro excelentes actrices narran y actúan, salen y entran de situaciones y personajes con disciplina de investigadoras y profunda sensibilidad. Se ponen a Solo un metro de distancia, pero cuando hay que profundizar en sus propias heridas, abandonan el rigor didáctico y se entregan en cuerpo y alma. Decididas y tiernas, inflexibles y comprensivas.

Son cuatro seres íntegros cuya auténtica dimensión la descubrimos en la recta final, cuando el desenlace nos sorprende y el encuentro con la única verdad que importa se hace presente. Una verdad que descubre el público al mismo tiempo que la protagonista de una trama en la que médicos y psicólogos resultan fundamentales en el largo proceso para ser ella misma.

Frente a un hombre desalmado que sólo atiende a un instinto primitivo, hay otro hombre en quien confiar. Frente a una madre indiferente, otras mujeres en que apoyarse. Y sobre todo la propia búsqueda de un lugar llamado «Confianza». Una palabra que no se menciona en escena, pero que la recorre de principio a fin en una representación donde lo didáctico se funde con el profundo respeto hacia quienes padecen estas situaciones, consolidando a su vez en un espléndido teatro de intriga.

Antonio C. Guijosa se documentó muy bien antes de escribir Solo un metro de distancia, después organizó su peculiar «coral» con cuarteto de voces que, sin alterar el delicado equilibrio de toda la composición, de pronto cantan o interpretan instrumentos de música o expresan intensos sentimientos en medio de un muy creativo silencio. La densidad del tema se traduce siempre en una acción dramática que necesita la complicidad del público sin pedirle nada a cambio. O mucho, según se vea, pues reclaman atención y con ella reflexión que se consigue mientras muchas emociones flotan en el ambiente.

El abuso sexual en menores es un problema psicosocial que puede ocurrir en cualquier tipo de socie dad y que se ha observado a lo largo de la historia; sin embargo, se reconoce como un grave problema en ascenso, sobre todo en las sociedades urbanas modernas. Los estudios más sobresalientes sobre esta cuestión, se han realizado en Estados Unidos; éstos señalan que de 22% a 45% de las mujeres experimentaron alguna forma de contacto sexual en su infancia. Para el sexo masculino la probabilidad va de 16% a 30% (…) El abuso sexual en menores es un problema de salud pública, que involucra una actividad multidisciplinaria: médica, jurídica, psicológica, psiquiátrica y sociológica, en demanda de un tratamiento asistencial y preventivo, ya que este tipo de agresión sexual deja efectos psicológicos negativos en el corto y largo plazos, los cuales parecen presentarse sin importar el sexo de la víctima [Extracto de Abuso sexual en menores. Estudio de casos. Javier de la Garza Aguilar y Enrique Díaz Michel]

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A continuación, extracto de la primera escena:

«Rumor del mar.

MURIEL: Lo primero que hay que entender es lo de la despersonalización.

BEATRIZ: repítelo

CAMILA: Despersonalización

ANA: No lo van a entender.

MURIEL: Es, dicho así a lo bruto, como la sensación de vivir las cosas a medias

ANA: como si tuvieras un amortiguador

MURIEL: te afectan menos

BEATRIZ: vamos, que eres una insensible

MURIEL: no, a ver, no es que no las sientas, es más bien que las vives en tercera persona. Como si esas cosas no le ocurrieran a una misma, sino a alguien que está como a un metro de distancia

ANA: …aunque sabes que ese alguien eres tú.

BEATRIZ: no me extraña que no se entienda.

CAMILA: Por ejemplo, una mujer en la playa

ANA: a la orilla de un mar embravecido

MURIEL: Una playa inmensa, casi desierta.

CAMILA: Cielo rojo de atardecer. Una mujer mira el horizonte del mar mientras sujeta el último trozo de la manzana que acaba de partir.

BEATRIZ: La cabeza erguida, la mirada ausente, el pensamiento ido.

CAMILA: A simple vista se diría que está en paz.

MURIEL: Una mujer con despersonalización no viviría esta escena

ANA: no la sentiría al cien por cien

MURIEL: Es en cierto modo protagonista y testigo al mismo tiempo…»

 

 

Adelante: Muriel Sánchez. Detrás y de izquierda a derecha: Beatriz Grimaldos, Ana Mayo, Camila Viyuela. 

 

... el calor de alguien que te abraza, el corazón bombeando como loco, esa felicidad insospechada y sentirlo aquí, en mi cuerpo. En primera persona… 


Diseño gráfico: Marisol Del Burgo
Arreglos musicales: Toni M. March
Escenografía y vestuario: Mónica Teijeiro
Iluminación: Daniel Checa
Diseño de sonido: Mar Navarro
Prensa y comunicación: María Díaz
Texto y dirección: Antonio C. Guijosa

Fotos: Moisés Fernández Acosta
Distribución: GG Producción y Distribución
Producción: Serena Producciones

SALA CUARTA PARED. HASTA EL 1 DE FEBRERO 2020

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También en CULTURAMAS, otras obras de Antonio C. Guijosa:

Tito Andrónico

Iphigenia en Vallecas

Contra la democracia

Mármol

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