La «Prostitución» a escena: valioso testimonio de una tragicomedia cotidiana

Por Horacio Otheguy Riveira

La clave en una frase: «Lo malo no es follar por dinero. Lo malo es no tener voz». Al fin ellas hablan. Y lo hacen  por primera vez en un teatro de la importancia del Español con 700 espectadores aplaudiéndolas de pie: a las tres actrices-cantantes, y a la actriz-música que las acompaña en los teclados, pero también a las mujeres que se prostituyen a diario, las que además lo hacen con posibilidad de observarse y observar y escribir libros de proyección internacional, y sobre todo las que padecen el rigor cuasi militar de una sociedad regida por hombres que pagan para obtener el sumiso placer de sus mayores fantasías.

Prostitución coescrita y dirigida por Andrés Lima llega después de su obra maestra de la pasada temporada, Shock. El cóndor y el puma. Puede tratarse de una línea de trabajo, de combate político. Si allá y entonces fueron las dictaduras del cono sur promovidas por Estados Unidos, aquí la dura denuncia de mujeres en la cuneta de la historia, a más capitalismo más explotación sexual; a más desprecio por el sexo deseado, más proliferación de extremistas machos desde los impecables despachos del poder a los de los empresarios de las Casas de Ocio legalizadas.

Tragedia social con brillantísimos momentos de humor, sin los cuales ninguna de estas mujeres hubiera sobrevivido. También la comedia paradójica, la comedia negra de la vida cotidiana, de los prejuicios de una sociedad pacata solo en apariencia, o la implacable parodia en un chotis muy popular creado para ser interpretado por mujeres. Lo estrenó Celia Gámez en 1931 —ya iniciada la Segunda República— en la revista Las leandras. Muchas lo interpretaron desde entonces, la propia revista repuesta varias veces y llevada al cine. Tras la burla elegante de Sara Montiel, fue muy divertida la creación de Lina Morgan en Vaya par de gemelas —1981-1983—, lo canalla castizo y el macho fascinante incluso cuando te dobla la cara de un guantazo (aquí en una creación incomparable de Carmen Machi):

Yo soy un flagelador.
¡Pichi!
Es el chulo que castiga,
Del portillo a larganzuela,
Quesque no hay una chicuela
Que no quiera ser amiga
De un seguro servidor. 
¡Pichi!
No repara en sacrificios.
Las educo y estructuro
Y las saco luego un duro
Pa’ gastármelo en mis vicios
Y quedar como un señor. 

 

Hay más canciones. Monólogos estudiados con profusión de detalles, entre otros motivos porque las propias actrices han colaborado visitando a algunas chicas que en escena encarnan. Ninguna ficción adorna o edulcora sus historias: tanto en el drama como en la comedia, todo es producto de su propia experiencia vital, con las piernas abiertas o cerradas esperando que fluya la apariencia de una pasión amorosa iniciada con un pago previo: «Francés, 15. Completo 20». Precios bajos de la calle dentro de un abundante panorama de mensajes y situaciones teatrales que incluyen una discusión de corrala, bien gritada y divertida, a favor y en contra del oficio.

En un ensayo: sentada, Lucía Juárez. Delante, Nathalie Poza y Andrés Lima

Prostitución, de Albert Boronat y Andrés Lima  —quien a su vez es responsable de la dirección—, es un trabajo documental tan bien elaborado como administrado: nada sobra y lo que pueda faltar hay que salir a buscarlo en las correspondientes asociaciones que se ocupan del tema, en estadísticas, protecciones y posibilidades de hacer frente a un Estado Proxeneta en una sociedad muy hipócrita que mira para otro lado cuando no produce debates estériles.

El espectáculo informa, pero también da mucho de sí teatralmente. Cuando parece que va a repetirse y tornarse cansino, llega un largo tramo final con mucha variedad muy bien planteada, es decir, aportando datos nuevos, personajes muy interesantes y situaciones inesperadas, bien apoyado no solo en el talento de sus protagonistas sino también en imágenes proyectadas, además del eficaz acompañamiento musical. De tal manera que el tema de las mujeres de alquiler adquiere nueva dimensión que emociona por la candidez de sus protagonistas, la inocencia de quienes abren su cuerpo, manteniendo interiormente el mismo aleteo de las jóvenes que fueron arrancadas de su hábitat natural para sobrevivir entre hombres débiles o agresivos, en cualquier caso, hombres que pagan por mantenerlas a su disposición.

 

Carmen Machi es Virginie Despentes, prolífica escritora francesa que fue prostituta; Nathalie Poza interpreta a Amelia Tiganus, ex prostituta que aboga en un libro por «La rebelión de las putas». La primera pide la regulación y habla de aspectos positivos con gran serenidad. La segunda todo lo contrario, pura pasión a la contra.
Tres actrices a cargo de multitud de personajes. Detrás una cama que se adivina durante gran parte de la función, hasta que se exhibe íntegramente y aporta el espectáculo del sexo pagado sin efectismos, con sobriedad bien medida, para que nadie se rasgue las vestiduras y todos se acerquen profundamente a un tema complejo que sobre todo se solidariza con las más débiles.
Dentro de una amplia gama de personajes, Carolina Yuste encarna también a un joven prostituto que se explica someramente, y canta el ya clásico «Just a gigolo», de Louis Prima, «Sólo soy un gigoló. La gente sabe que estoy jugando. Pagado por cada baile, vendiendo cada romance…»
Admirable Lucía Juárez en una sola escena escrita por Juan Cavestany y coprotagonizada por Andrés Lima. Representación sutil de una cruel fantasía masculina…

 

Virginie Despentes (Izquierda), autora de novelas y ensayos abundantes. Para esta función se han tomado textos de dos de sus obras: «Durmiendo con el enemigo» e «Imposible violar a una mujer tan viciosa»: Me pasó a menudo, durante estos últimos diez años, estar en un lindo salón junto a señoras que siempre fueron mantenidas vía el contrato marital, muchas veces mujeres divorciadas que habían obtenido pensiones dignas de llevar este nombre, y que me explican, a mí, sin sombra de duda, que la prostitución es en sí algo malo para las mujeres. 

Amelia Tiganus, rumana que fue vendida por 300 euros a un proxeneta español y escribió un libro en el que vocifera contra el mantenimiento del oficio: «La revuelta de las putas»: Estoy harta de que se equipare la prostitución con un trabajo más, no es cierto, no es como ser explotada laboralmente porque en ningún trabajo tienes que soportar el sudor de tu jefe, sus babas, manoseos o que te penetren.

 

Dirección: Andrés Lima

Dramaturgía y Autoría: Albert Boronat  Andrés Lima

Sobre textos y testimonios de Virginie Despentes, Amelia Tiganus, Juan Cavestany, Ana María, Isabela, Lucía, Alexia, Alicia y la Sra. Rius.

Reparto: Carmen Machi, Nathalie Poza, Carolina Yuste 

Piano Laia Vallés

Actriz grabación Lucia Juárez

Ficha artística:

Aytes. Dirección Laura Ortega y Alfons Casal

Diseño de Escenografía y vestuario Beatriz San Juan  

Diseño de Iluminación Valentín Álvarez (AAI)

Composición musical/sonido  Jaume Manresa

Diseño sonido Enrique Mingo

Diseño vídeo creación/grabación Miquel Àngel Raió

Dirección documental Carolina Cubillo

Dirección de producción Joseba Gil

Producción ejecutiva Héctor Mas

Ayte. Escenografía e Iluminación Alberto Hernández (AAI)

Ayte. Vestuario y Producción Laura Galán

Ayudante de producción Vicente Cámara

Es una producción de Check-in producciones, Teatro Español, Escena Nacional d´Andorra, Molinos de Papel, Mama Floriana y Asuntos Culturales

TEATRO ESPAÑOL HASTA EL 23 DE FEBRERO 2020

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Mucho ha dado el teatro en torno al tema; de la tragedia con crítica social a la comedia romántica o el análisis circunstancial o el homenaje sin ambages. En estas páginas se han comentado varias de estas obras; a continuación sigue una selección de cuatro representaciones en Madrid, dos de ellas escritas por mujeres.

«En nombre de Cristo», de Juanse Rodríguez y Paco Sáenz: prostitución en los 80 del destape

«Kebab», Gianina Carbunariu: teatro intimista con dos hombres y una mujer como objeto de lucro

«La puta de las mil noches», de Juana Escabias: en las antípodas de Pretty Woman

«Gibraltareña», de Juan Luis Iborra: historia de una puta carismática

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