Homófobos muy especiales en «El Club», solo para muy heterosexuales

Por Horacio Otheguy Riveira

En medio del oleaje pernicioso, ciertamente truculento, de ensañamiento y persecución hacia muchos éxitos de la convivencia en democracia, el mundo de la creación artística responde con energía: así en novelas, óperas, numerosas películas y ahora obras teatrales que destacan en todas partes, lo mismo en teatros oficiales con sus correspondientes debates en Institutos, que en salas alternativas donde se profundiza en temas que los nostálgicos de las dictaduras nacional-católicas quieren impedir. La resistencia es intensa. E incluye el buen humor como en esta comedia que comienza como una pieza antigua en casa señorial con mayordomo engolado al estilo de los años 40. Un Club de caballeros (como abundan en la realidad manteniendo su tradicional nombre de Casino, aunque en ellos no se juegue) en los que no está permitida la entrada de mujeres y se facilitan «saludables encuentros» entre señores (como también ocurre en la realidad de distintos modos y maneras). Y allí llega un inocente, un padre de familia muy tímido invitado misteriosamente por un socio veterano que conoce relativamente aunque se trate de un amigo de infancia, de adolescencia, de juventud y madurez.

El mayordomo formalísimo (con la imponente voz y estampa de Juan Antonio Molina) atiende con lustrosa cordialidad al recién llegado, don Alberto de aquí, don Alberto de allá, de quien lo sabe todo aunque nunca lo hubiese visto, hasta su cóctel:

—¿Cómo sabe que es mi bebida preferida?

—Mi obligación es saber todo lo que sucede en El Club, don Alberto.

El recién llegado (en impecable creación de Rodrigo Sáenz de Heredia), todo timidez y titubeo, impresionado por el empaque del caserón y alucinado cuando ve pasar en albornoz, regreso de la sauna, a un tal don Joaquín con bastante desparpajo (femenino, tierno y muy simpático trabajo de Juan Madrid). Una reunión improvisada a la espera del maestro de ceremonias, el caballero que lo tiene claro en su profunda homofobia: esa gente desviada, degenerada… pero que, no obstante, aquí está El Club donde «no permitimos mujeres porque no las necesitamos». Don Ricardo se las sabe todas, es un buen amante de su esposa y solo para desfogar necesidades biológicas imprescindibles organiza en El Club sus encuentros con otros hombres, pero, curiosamente, hace tiempo que no realiza ninguno. Y mientras tanto su íntimo amigo de toda la vida va de sorpresa en sorpresa, y entre unos y otros conforman un cuarteto donde lo sorprendente se expresa entre risas que dejan la cosa más que clara, aunque también perfilan —como toda buena comedia— el drama social de empeñarse en vivir una fábula moralista… absolutamente inmoral.

En el papel principal del máximo fabulador de este plan «sumamente heterosexual» se desempeña Xabier Olza, también director del espectáculo: como actor destaca por su sobriedad y como responsable de la puesta en escena por el excelente ritmo aportado a un texto de Santiago Pajares siempre interesante con bien dosificados recursos humorísticos, y buena dosis de efectos sorpresa.

De izquierda a derecha: Juan Madrid, Juan Antonio Molina, Xabier Olza, Rodrigo Sáenz de Heredia.

 

DRAMATURGIA: Santiago Pajares

DIRECCIÓN: Xabier Olza

REPARTO: Juan Antonio Molina, Rodrigo Sáenz de Heredia, Juan Madrid, Xabier Olza

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Alejandro Espeso

ESCENOGRAFÍA: Cristina Rodríguez

DISEÑO GRÁFICO: Jonathan Sáenz

PRODUCCIÓN: Infatigables

FOTOS:Moisés Fernández Acosta

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TEATROS LUCHANA. VIERNES DE MARZO A LAS 20,15 HORAS

 

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