Los buenos samaritanos, de Will Carver: asesinos de andar por casa, «tan infelices como tú»

Por Horacio Otheguy Riveira

Con un estilo muy cinematográfico, elaborado a través de capítulos breves planteados como fogonazos, Will Carver es el nuevo astro de la novela criminal británica. Saca muy buen partido de la cada vez más adictiva atracción por la violencia cotidiana, doméstica, y crea una espiral de tensión cercana al terror, llevando a la realidad las más crueles fantasías protagonizadas por gente corriente, incluidos los buenos samaritanos, es decir, los que ayudan desinteresadamente, oficial u oficiosamente, transformando en monstruo a uno de ellos sin necesidad de entrar en una de zombis ni hombres lobo.

Los protagonistas son los «muy normales» Maeve y Seth Beaumann que en sus horas libres matan, adictos a una mezcla de violencia y placer sexual en diferente grado de aparición. Y un tercero que circula a su alrededor misteriosamente…

El terror expande su morbo en la cotidianidad de gente con la que podríamos compartir unas cervezas y echarnos unas risas o tener una aventura… Están junto a nosotros en cualquier ciudad donde nos encontremos, lectores seducidos por seres que adoran la necesidad de matar, y se organizan con minuciosidad para lograr sus objetivos.

Una novela que me provocó tanta repulsión como deseo de continuar. Con el singular añadido de que la raíz de su trama, presente también en el título, parte de una base real, ya que el llamado entre nosotros Teléfono de la Esperanza, allá se denomina Samaritanos:

«Como rama fundadora de la organización, Central London Samaritans ha estado brindando apoyo emocional a las personas que luchan por salir adelante durante casi 70 años. Nuestros voluntarios están aquí las 24 horas del día, todos los días del año. Actualmente no podemos ver a los visitantes cara a cara, pero seguimos brindando asistencia a las personas que llaman por teléfono y correo electrónico. Cada año contamos con, aproximadamente, 500 voluntarios».

Es una organización muy presente cuyo teléfono está al alcance de cualquiera, sobre todo en los numerosos puentes del país donde se han suicidado muchos. Es común ver en varios puntos de éstos el teléfono de auxilio al que llamar en el último momento para detener el impulso de matarse. Y aquí viene lo más duro de esta obra, pues entre sus morbosos personajes hay suicidas en potencia y Buenos samaritanos que cumplen su función de ayuda al desolado, al tiempo que aspiran a cargarse a unos cuantos. También están del otro lado los que buscan un auxilio falso en teléfonos pillados en la guía telefónica, atendidos por mujeres generosas sexual y emocionalmente.

Mucha variedad de samaritanos, y unos pocos dispuestos a matarlos:

—¿Diga?
—¡Ey! Soy Seth. No puedo dormir. ¿Quieres hablar?
—Vete a la mierda, anormal.
Golpea el teléfono al colgar.
Y así empieza.
Otra noche.

Y otra noche más, y otra… hasta ser atendido por una dulce voz femenina interesada en dar y recibir consuelo. Una mujer sola, joven, necesitada de caricias, sexualmente libre y a la vez firme candidata a la depresión después del apremiante placer. Algunas han pasado por la Central de Samaritanos y la han escuchado pacientemente, pero este Seth es diferente; un vendedor de ordenadores con éxito, casado con Maeve, oficinista con quien aún puede disfrutar de relaciones sexuales óptimas pero cada vez más excitantes si hay crimen de por medio. Ambos tienen sus perversas necesidades en un marco de crecientes sorpresas para el lector.

«(…) A veces tiene ideas. Son ideas que sobrepasan su increíble falta de habilidades, pero aun así él piensa en cosas; en todas esas cosas que podría hacer, pero se convence de que no tiene tiempo. Podría abandonar su vida. Podría salir y empezar de cero. Podría coger su clarinete, volar a Nueva Orleans y tocar en las calles. Podría leer más, y con leer no se refiere a las doscientas novelas contemporáneas que su esposa ingiere cada año mientras va al trabajo y que olvida a los segundos de haberlas terminado. Se refiere a libros importantes. Todos esos estadounidenses que vivieron en París en los años veinte y escribieron textos que deberían ser leídos. Podría aprender un idioma. Podría hacer cualquier cosa. Tiene tiempo. Pasa mucho tiempo despierto. Lo que lo detiene es su estado mental. Tiene el ánimo alto. La condición baja».

[…]

«No soy yo misma.

Veo el telediario de la mañana: el presentador describe la muerte de otra joven, una chica inocente (…) y lo único que quiero hacer es meter las manos bajo mi ropa interior hasta convertirme en un despojo estremecido…».

Will Carver es autor de la serie protagonizada por el inspector January David que forman Girl 4The TwoDead Set The Killer Inside. Con solo 31 años ha logrado abrirse camino en el muy competitivo mercado de la Novela Criminal británica, con un grado de originalidad muy patente en Los buenos samaritanos, donde destaca una crítica social antisistema bañada de humor negro y erotismo explícito y sugerido, según convenga al desarrollo de capítulos muy condensados, en creciente suspense.

En esta novela (de momento la única traducida al castellano) tiene lugar un policía que no da una, más bien atormentado y nada brillante: «El detective sargento Pace es un pulmón lleno de nicotina». Sin embargo, el autor le da protagonismo en otras dos novelas que esperamos leer muy pronto: Viaje a la muerte de Hinton Hollow y No ha pasado nada en el día de hoy, la primera transcurre en un pueblo rural con un niño en peligro, y la segunda va sobre un grupo de suicidios colectivos.

Una de las características del estilo narrativo de Carver es su intromisión donde menos se lo espera. Por ejemplo, un comentario muy significativo en el que, con pocas palabras deja constancia del objetivo principal de su novela, enfocando la reacción de la clase media, harta de sumar frustraciones, bien dispuesta a acabar con todo lo que se le ponga por delante, y con ello lograr renovadas experiencias sexuales, masturbaciones incluidas:

Son los Beauman, una pareja normal, tan infelices como tú.

 

Respiro.

Puro alivio.

Después, el sonido de la puerta que se abre.

Voces. Una masculina. Una femenina.

El murmullo de un beso.

El apartamento está tan silencioso que hace que sus besos suenen con más fuerza.

Agitados y apasionados.

El golpe de algo que empujan contra la pared, con pasión.

Luego, la puerta que se abre.

Están allí. Está sucediendo.

Alguien está a punto de morir.

 

LOS BUENOS SAMARITANOS. EDICIONES DESTINO.

 

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