«La encargada de vestuario», hipnótica novela en el Londres teatral de posguerra

Por Horacio Otheguy Riveira

Entre septiembre de 1940 y mayo de 1941 las fuerzas armadas alemanas desarrollaron una campaña de bombardeo sistemático contra Gran Bretaña conocida como Blitz (relámpago). Los ataques se cobraron la vida de unos 43.000 civiles, siendo quizá su episodio más terrible el que tuvo lugar en Londres el 29 de diciembre de 1940, donde cayeron 57 bombas. Las primeras de una andanada feroz. Cuando acaba la guerra en el 45 hay que reconstruir a marchas forzadas con escasa alimentación y temporadas de frío extremo.

Esta novela empieza un frío día de 1947 en el que muere un carismático y prestigioso primer actor en plena temporada de un muy festejado personaje de Shakespeare, el divertido pomposo seductor Malviolo de Noche de Reyes. Su hija Vera le llora desconsoladamente. También actriz de cierto renombre desde una impactante Nora de la Casa de muñecas, de Ibsen. Su esposa Joan, especializada en el vestuario de distintas compañías teatrales, le tiene muy presente, cree escucharle, le siente tan cercano como cuando estaba vivo. Entre el frío y el hambre en una ciudad que permanece entre escombros, el teatro vuelve a vibrar con un público fiel que, incluso en las peores condiciones, ilumina su penosa existencia asistiendo a espectáculos con pocos recursos, pero conmovedores textos representados por intérpretes que lo dan todo en míseras condiciones, como un actor «que tenía un aspecto tan andrajoso que hasta las rodillas de sus pantalones parecían haberse postrado en demasiadas iglesias, como la mayoría de los actores sin trabajo».

En este ambiente, seguimos de cerca a la viuda Joan, La encargada de vestuario, notablemente atraída por el que sustituye a su marido en la misma obra, imitando a la perfección su estilo; Frank Stone es un flacucho que ambiciona crecer en escena como aquel que ya les ha dejado; nada tiene que ver con aquel seductor fascinante, pero en él sucede algo misterioso, como todo lo que rodeará cada paso de Joan… una serie de vicisitudes emocionales y pragmáticas, de etérea atmósfera y pragmáticas acciones cotidianas. Le vestirá con el esmero de su talento como sastra con las abundantes prendas que dejó el muerto en un gran ropero, de manera que lo vestirá de a poco, hasta cubrirlo con camisas, pantalones, chaquetas y abrigo… mucho antes de desnudarle y encontrar en él algo de la pasión y el calor que el muerto le ofrecía, un tipo adorado por colegas y compañeros con una doble vida sumamente siniestra que se irá descubriendo entre páginas de creciente misterio y crudo realismo: dos aspectos propios del mundo del teatro, que se entrelazan con datos fidedignos de la ola de fascistas ingleses que fueron encarcelados cuando los bombardeos, pero en el 47 ya están en libertad y participan en eventos, se promocionan, se uniforman y levantan muy alto la voz y el brazo derecho, añorando que no se hubiera acabado con todos los judíos y simpatizantes para siempre.

En el centro, el aristócrata Oswald Mosley, máximo líder de los fascistas ingleses, en esta novela sombra de personajes principales, popularizado los últimos años por la televisión en la serie Peaky Blinders.

La voz del autor Patrick McGrath es asumida con divertido desparpajo por alguien cercano, de estilo coloquial, propio del ambiente de gente de teatro, muy bien desarrollado como para fascinar a los que aman este arte, y atraer a cualquier buen lector, felizmente seducido por las vidas de actores y actrices, tan inquietos por asumir sus personajes como todo ser humano desde que nace.

En la página 51 se nos da una pista de quién podría tratarse, aunque tardaremos en identificarla plenamente, para bien de la cautivadora narración.  En efecto, de 280 páginas, en el final de la número 51, leemos lo que dará un giro sustancial a toda la novela:

Joan pedaleó a casa como si su bicicleta no se apoyara en la calzada sino que planeara varias pulgadas por encima de ella, con alas en los ejes. Ni tampoco sintió el frío a pesar del descenso de la temperatura y del viento que iba refrescando a medida que se acercaba al río. Le pasaría a menudo, cuando iba a toda velocidad en bicicleta, durante las semanas siguientes en lo que llegaría a ver como el primer acto de una comedia de errores, el primero de cuyos errores estaba en la mente de quienes creían que Gricey estaba muerto.

Era ciertamente lo que pensábamos nosotras, y pensar lo contrario era una locura, francamente y también resultaba desgarrador, pobre Joan. Pero parecía que ella podía pensar ambas cosas al mismo tiempo que estaba muerto y también vivo, en el cuerpo de otro hombre.

Este nosotras guiará la acción que resultará imparable en su acelerada concatenación de efectos sobrenaturales con un aire gótico no exento de humor, también presente en la obra que se ensaya y luego se estrena, La duquesa de Amalfi, tragedia en cinco actos de John Webster, estrenada en 1623, con una puesta en escena «cuyo humor negro coloreaba aquella pieza de horror continuo», y que protagoniza Vera Grice, la hija del difunto Charlie Grice Gracey, tan buen actor que engañó a todos, incluida su viuda, encarnando a un entusiasta fascista furiosamente antisemita, casado con un bella judía…

El triángulo que forman madre-hija-actor sustituto da la puntilla de una trama de absorbente apuesta por una ficción histórica con tanto dominio de los hechos reales como de la vida de los artistas de teatro que sugiere una dedicación plena por parte del autor. Al final, en la larga lista de agradecimientos descubrimos que el gran escritor también domina el arte de la investigación periodística, como si todo lo expuesto lo hubiera vivido intensamente.

 

Los actores somo como sacerdotes, o quizá como enterradores, porque vivimos en una relación bastante íntima con la muerte. Todos hemos muerto mil veces en público sobre el escenario, y no nos tomamos la muerte a la ligera…

 

  Patrick McGrath es autor de varias novelas góticas modernas, incluidas  Asylum  y  Spider, y dos colecciones de cuentos. Vive en Nueva York, donde cursa las facultades de escritura de la New School y la Universidad de Princeton. Entre sus obras traducidas destaca una antología de cuentos: Los nuevos góticos, responsable de la edición junto a Bradford Morrow, además de publicar un relato cada uno.

La profesora emérita de escritura creativa en Princeton, Joyce Carol Oates, argumenta que McGrath está transcribiendo las «pesadillas de la ‘personalidad destrozada’ que resuenan dentro de todos nosotros», calificando sus narraciones como «magistrales y seductores, audaces».

LA ENCARGADA DE VESTUARIO. LITERATURA RANDOM HOUSE.

TAMBIÉN OTRAS OBRAS DE PATRICK McGRATH en PENGUIN RANDOM HOUSE.

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