Alejandro Jodorowsky: El dedo y la luna y La sabiduría de los cuentos.

Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

Alejandro Jodorowsky (1929) es un alquimista de las palabras, un creador de ‘climas’ volátiles e impredecibles   -pero siempre sanadores-, un maestro en el arte de sembrar luz en las partes oscuras del espíritu y de llevar aire allí donde hay doblez. Jardinero de la conciencia, en sus manos, a través de movimientos mágico-surrealistas, la vida vuelve a rugir recordándonos toda su potencia.

Esta vez, en dos libros que son hermanos y gracias a la editorial Obelisco, nos ofrece un conjunto de cuentos, koans y haikus acompañados de una lúcida interpretación. Llaves poéticas para todo tipo de cerrojo existencial:

 

 

“El buda de madera en el templo en llamas”:

-En El dedo y la luna. Obelisco(2006). 144pp. 11euros.-

«Un monje medita en un templo. Se duerme. Al dormirse, derriba una pequeña vela que prende fuego a los revestimientos de madera que adornan el lugar. Cuando el monje se despierta, el incendio arrecia. Enteramente construido en piedra desde el suelo al techo, el templo resiste el incendio que no se apagará hasta la completa desaparición de todos los revestimientos de madera. Antes de escapar de las llamas, el monje decide salvar un gran buda de madera. Aunque endeble, encuentra la fuerza milagrosa para levantar la estatua que pesa más de cien kilos. Llega delante de la puerta y se da cuenta de que el buda de madera es dos veces más alto y más ancho que aquélla. Imposible pasar por allí. Las paredes son demasiado sólidas para ceder. El monje no quiere que el buda, al que adora, sea pasto de las llamas. ¿Qué puede hacer para salir indemne con su tesoro?

¿Cómo va a sacar el monje al buda? Los japonenses se plantean preguntas bien extrañas. ¡Y pensar que algunos se han dedicado más de veinte años a asuntos parecidos! La respuesta no es una broma: el monje toma el buda sobre su espalda, abre la puerta y sale.

Muchos koans zen giran en torno a este tema y dan el mismo mensaje. Ejemplo:

Imaginad que estáis totalmente atrapados en un bloque de piedra. ¿Cómo podréis salir de él? Pues se sale del bloque dando un paso hacia delante o a un lado.

Otro ejemplo:

Una oca pone un huevo en una botella. Más tarde, el huevo se rompe y sale de él una oca. ¿Cómo puede salir esta oca de la botella?, le pregunta el maestro a su discípulo.

El monje se retira a meditar. Veinte años más tarde, solicita una entrevista con el maestro y le anuncia que ha resuelto el koan.

-¿Cómo lo has resulto?-pregunta el maestro.

-La oca ha salido-responde el discípulo.

La historia del templo de piedra con sus revestimientos de madera y su buda inflamable es una historia mental. Todo ha sido inventado por nuestro cerebro. Hemos reunido un cierto número de datos en forma de problema que hay que resolver, pero no hay que perder de vista que todos esos datos son mentales, pura invención… La puerta demasiado estrecha de este koan no tiene más realidad que la dificultad que nosotros creamos. Una y otra cosa son creaciones del espíritu. Son falsas.

Somos nosotros quienes ponemos este límite de la puerta pequeña. Nos corresponde, pues, a nosotros (en la medida en que esta puerta tiene la misma naturaleza que el buda y que todo el resto de la historia) resolver el problema por nosotros mismos y al instante.

Vivimos en problemas difíciles y a veces incluso terriblemente dolorosos que no son sino fruto de nuestra imaginación: puras creaciones de nuestra mente.

Primero, el buda de madera no existe. Ello no es óbice para que nosotros lo llevemos a cuestas. ¿Por qué cargamos con un peso semejante?

Segundo, nos dormimos. ¿Por qué nos dormimos?

Tercero, el incendio no existe. Sin embargo, nosotros lo convertimos en real y él termina por abrasarnos. ¿Por qué nos quemamos? Nos creamos nosotros mismos el incendio que nos destruye. ¿Por qué queremos meternos en ese drama?

Cuarto, la puerta estrecha no existe. Estamos aprisionados por su culpa mientras que podríamos franquearla en seguida».

 

 

El medio pollo”:

-En La sabiduría de los cuentos. Obelisco(2009). 182 pp. 15 euros.-

«Esa noche, a los cinco años de edad, al despertarme sumido en la oscuridad, cuando mis padres, después de trabajar doce horas seguidas en su tienda, se habían marchado al cine, me puse a lanzar gritos de terror. Al cabo de unos minutos, horas para mí, entró en el cuarto la fiel Cristina, una vieja empleada aquejada de una demencia tranquila; se creía la esposa de Jesucristo. Para calmarme me contó un cuento, “El medio pollo”, que hasta el día de hoy no he olvidado:

Erase una vez medio pollo. Tenía un ala, una pata, un ojo, media cola, medio pico, medio cuerpo, media cabeza. Siempre andaba hambriento, porque no podía retener nada de lo que comía. Por su medio estómago se le escurría todo. Por donde pasaba, sembraba la desolación.

El medio pollo devoraba las plantaciones de trigo, de maíz, de arroz y también de lechugas, las legumbres, lo que fuera. Además, a pesar de tragarse un lago, un río, un mar con peces, su sed no se calmaba…

Me aterré más aún. ¿Qué íbamos a hacer si el medio pollo llegaba a mi cuarto? Quizás intentaría devorarnos. Cristina me tomó las manos, que yo tenía apoyadas sobre mis ojos, y me las acarició con ternura. “No temas, Alejandrito. El medio pollo ya calmo su sed. Ahora vive tranquilo en mi gallinero. Mañana por la mañana, cuando te despiertes, te lo voy a presentar…”.

Después del desayuno, Cristina me llevó a la humilde cabaña que ella misma había construido, en las faldas de un árido cerro, con sacos vacíos y trozos de cartón –en Tocopilla, mi pueblo natal del norte de Chile, nunca llovía-, y lanzando un grano de trigo hacia las rocas vecinas llamó: “San Juan, ven a ver a mi amiguito”. No tardó en llegar corriendo, a picar la semilla, un pollo de plumas polvorientas, quizá negras, con dos alas, dos patas, dos ojos, un pico entero, una cabeza entera, una cola entera, un cuerpo entero.

-Te presento al que fue medio pollo, mi niño. Te voy a contar lo que pasó:

Después de recorrer desesperado el mundo entero, al regresar a nuestro amado desierto, se encontró con otro medio pollo, tan muerto de hambre y de sed como él. Al instante se amaron cual buenos hermanos. Decidieron juntarse. Apenas aproximaron los medios cuerpos, sus carnes y huesos se pegaron. Dejaron de ser dos partes para volverse uno. Desde entonces San Juan, como lo he llamado, se alimenta cada día de un grano de trigo y una gota de agua, Eso le basta para sentirse saciado.

Quizá la locura no sea una enfermedad sino una forma de expansión de la Conciencia. ¡Cuánta sabiduría había en ese cuento de Cristina! Me hizo comprender que yo era sólo la mitad de mí mismo. Que mientras buscara fuera de mi espíritu, andaría angustiado absorbiendo maestros y conocimientos sin sentirme nunca satisfecho. La otra parte, tan incompleta como yo, me esperaría hasta que mi desesperación fuera lo suficientemente intensa como para hacerme abrir las puertas de mi cárcel racional y unirme a ella, la impensable sombra que cambia de tamaño según la posición del sol, entendiendo por sol energía indefinible que nos mantiene con vida, a la que podemos, si bien lo queremos, llamar Dios interior».

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3 respuestas a Alejandro Jodorowsky: El dedo y la luna y La sabiduría de los cuentos.

  1. Jodorowsky es un gran poeta, colmado de pensamientos abstractos a los cuales magistralmente perfila y da forma a base de palabras hasta convertirlos en sugerentes poemas, mensajes con vocación instigadora, estimuladora si se quiere. Después de hablar contigo el otro día, Gonzalo, rebusqué en mi biblioteca y encontré uno suyo,“El tesoro de la sombra”, es de 2003: tiene un contenido similar a los que nos expones tú estos días: magia, poesía, la fuerza del pensamiento codificado, capacidad de fulminar prejuicios arrojando algo de luz. Pero, tú dirás qué tontería: me decepcionó con uno de los pequeños cuentos. Se llama “Cría perros”: un matrimonio lo da todo por alimentar a los perros abandonados, hasta que se queda sin nada, ni comida. Los perros, cuando sienten hambre, los devoran sin más. ¿Cómo Jodorowsky ha cometido un error tan grande? El paradigma de la nobleza y la falta de ingratitud, el hermano Perro, no haría sino todo lo contrario, a diferencia del ser humano. Perdió mucho para mí Jodorowsky. Ay, Gonzalo, no puedo evitarlo voy a escribir un día de estos en mi página sobre este cuento mal discurrido y mal forjado, imagínate lo que me ha afectado. Muchos besos.

    Isabel Camblor
    20 marzo 2010 at 9:47 am

  2. Isabel, perdona a Jodorowsky, ya sabes que es más de gatos.
    De cualquier manera, si yo fuera perro no dudaría en devorar a mi dueño.
    Me alegra mucho leerte por aquí.
    Besos.

    Gonzalo Muñoz Barallobre
    20 marzo 2010 at 17:41 pm

  3. Quien tiene “el dedo y la luna” online???? porfis

    gabriela
    10 febrero 2014 at 15:19 pm

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