El hijo del futbolista

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Por Jorge Díaz.

EL PESO DEL MIEDO

Da la impresión de que Coradino Vega ha querido que su primera novela no hiciera ruido, no desentonara… Así de discreto es su estilo, parece que entra en la historia de puntillas, sin ofender, sin dar portazos, contando lo que quiere sin estridencias. No hay alardes de estilo, ni de trama; no hay frases que llamen la atención por su belleza o por la falta de ella; tampoco hay giros bruscos en el devenir de la historia. Sólo prudencia, corrección y contención.

Leo el párrafo anterior y da la sensación de que me he aburrido leyendo El hijo del futbolista, para nada. Su perfil bajo no hace que sea plana: pasan cosas, algunas de ellas intensas; hay conflictos larvados y el sentimiento de que el pueblo y la familia ocultan mucho más de lo que Vega nos ha querido mostrar abiertamente. Hay mucho subtexto en la novela, hay elementos que están ahí sobre los que Vega no ha querido poner un neón que diga: eh, lector, fíjate en esto. No, el autor va dejando pistas y confía en que el lector las encuentre.

La historia desvelada habla de la iniciación en la edad adulta de Martino, un buen chico: buen hijo, buen estudiante, respetuoso, amable… Llega el verano, ha terminado COU y debe tomar decisiones: ¿estudia en Madrid o en Sevilla?, ¿periodismo o derecho y económicas?, ¿seguirá con su novia del pueblo o no?

Las mismas dudas que han asaltado a todos los buenos chicos que han estudiado COU y han tenido que salir de casa para estudiar en la universidad; o sea, a la mayoría.

A la vez, Vega nos cuenta las peculiaridades de su protagonista. Su padre, que fue futbolista profesional y abandonó el fútbol por amor a su madre justo cuando tenía la oportunidad de llegar a primera división; su pueblo, Riotinto, en otro tiempo prácticamente una propiedad privada de los ingleses de la empresa que explotaba las minas; su época, que es el año 92, cuando la Expo en Sevilla y las Olimpiadas en Barcelona hacen pensar que España ha llegado, por fin, a la modernidad…

Detrás de todo ello están el miedo y el miedo a sentirlo, la convicción de que es más fácil vivir siendo inocente y de que el miedo ayuda a serlo. El miedo que sintió su padre, que le llevó a dejar el fútbol cuando estaba a punto de dar el salto que todo jugador profesional desea, la llegada a primera división; el miedo de su abuelo a juzgar y criticar a los ingleses que han mantenido el pueblo como una simple colonia…

La escritura de un artículo para una revista local pone a Martino a frente a la historia de su pueblo. Minas de Riotinto, tal vez convenga recordarlo, dependió de la empresa inglesa que explotaba las minas durante casi cien años. La presencia de la Compañía lo convierte en un lugar especial, un pueblo con raíces onubenses y organización británica. Los locales trabajan para los ingleses: los hombres en la mina, algunas mujeres en la limpieza de sus casas… La Compañía decide dónde y cómo vive cada uno y mezcla el bienestar con la represión de las reivindicaciones sindicales. La mina está prácticamente agotada cuando Martino llega a la edad adulta y los ingleses se han marchado hace años. Para los que los conocieron en su apogeo, su abuelo entre ellos, los tiempos pasados eran el paraíso. Martino, en su artículo, apenas unas líneas redactadas por un estudiante, se atreve a cuestionar la mansedumbre con la que todos aceptan el pasado: el paisaje es infernal, la historia triste y el admirado director Hurt un corrupto.

El niño bueno ha dejado de serlo y quién sabe si volverá al camino marcado.


El hijo del futbolista. Coradino Vega. Caballo de troya. Madrid. 2010. 144 páginas. 12, 90 €.

Una respuesta a El hijo del futbolista

  1. Excelente el artículo y la reseña; me han dado ganas de leer el libro; me pregunto si en Colombia se podrá conseguir en algún lado. Saludos

    Arnoldo Bacallar

    arnoldo bacallar
    21 marzo 2010 at 15:32 pm

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