Diario de duelo

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Diario de Duelo. Roland Barthes. Paidós (2010). 272pp. 25euros.

Por Miguel Ángel Ruiz Jimeno.

Cuando uno lee que hablar de la inteligencia de una madre es algo fuera de lugar y extraño porque parece que con ello se merman sus cualidades afectivas –siempre más a flor de piel y apreciables por cualquiera-, no puede evitar pararse, levantar la vista y darle vueltas a ello aunque sea durante una mínima parte de tiempo: la justa para darse cuenta de que ahí se oculta algo verdadero.

Cuando uno se acuerda de su madre, ¿qué puede ser más entrañable que un recuerdo cuyo contenido se diluya en las palabras “Mon R. Mon R.”, donde el posesivo perdure y el nombre –piense cada cuál en el suyo-, pronunciado por esa madre, resuene con tanta fuerza en la cabeza de cada cuál que el eco no se extinga nunca?

Cuando hablamos de la muerte, todos sabemos lo que decimos porque sabemos el significado de la palabra. Pero, ¿hasta qué punto interiorizamos su contenido integrándolo con nuestra propia vida? Posiblemente esto ocurra sólo cuando ella misma es la que nos susurra al oído que ha llegado, tal vez no a por nosotros, sino a por alguien cercano, tan cercano como lo es una madre. Éste es el caso de Barthes (R.) (1915-1980).

Cuando R. pierde a su madre allá por el año 1977, la aflicción se apoderó de él de una manera tan intensa que no lo hubo de abandonar hasta su propia muerte apenas tres años más tarde. Desde aquel instante comenzó a tomar una serie de notas en trozos de papel sueltos en las que plasmaba de forma cruda y sincera lo que sentía en aquellos difíciles momentos.

Cuando la tristeza lo embargaba –y cuanto más lo hacía– fue tomando consciencia de lo que la muerte era en realidad. A lo largo de las notas que dan forma a este ‘Diario de Duelo’ asistimos a cómo el dolor se puede convertir en una forma de vida tan repentina y celosa que el más mínimo asomo de vuelta a la rutina –irrumpiendo con ella el olvido- se convierte en algo insoportable para el que lo sufre.

Cuando R. escribe en su última nota, después de casi dos años de duelo, y apenas unos meses antes de que un coche segara su vida en una calle parisina frente a la Sorbona: “Hay mañanas tan tristes…”

2 respuestas a Diario de duelo

  1. Me gusta mucho lo que has escrito Miguel. Leeré el libro.
    ¿Para cuando un artículo de opinión de filosofía?
    Saludos.

    Isa
    14 abril 2010 at 13:14 pm

  2. Muchas Gracias Isa.
    ¿El comentario de opinión? Tal vez un día de éstos.
    Saludos.

    Miguel Ángel Ruiz Jimeno
    18 abril 2010 at 21:38 pm

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