Antonio Machado: Música y vida

“Siento- decía mi maestro- que mi vida es ya como una melodía que va tocando a su fin. Esto de comparar una vida con una melodía- comenta Mairena- no está mal. Porque la vida se nos da en el tiempo, como la música, y porque es condición de toda melodía el que ha de acabarse, aunque luego – la melodía, no la vida- pueda repetirse. No hay trozo melódico que no esté virtualmente acabado y complicado ya con el recuerdo. Y este constante acabar que no se acaba es – mientras dura- el mayor encanto de la música, aunque no esté exento de inquietud.

Pero el encanto de la música es para quien la escucha- páguela quien la oyere, decía Quevedo, aludiendo a la de su entierro- con un deleite que no excluye el deseo de sentirla acabada, aunque sólo sea para aplaudir; mas el encanto de la vida, el de esta melodía que se oye a sí misma- si alguno tiene-, ha de ser para quien la vive, y su encanto melódico, que es el de su acabamiento, se complica con el terror a la mudez.”

 

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