El complejo arte del humor sencillo

Por Ismael Naranjo.

Leo en una ventana emergente una proposición para ir a ver un espectáculo en La escalera de Jacob, Lavapiés, 11. Se trata de Las mujeres de mi vida (distribuye La Mafia Rosa). Pregunto que de quién es la obra, quién actúa. Resulta ser el amigo de un amigo de quien me propone ir. Los tres puntos de conexión entre el montaje dirigido por el también actor Tino Antelo y protagonizado por Juan Bey (también autor), resultan ser tres actores.

“Si te querés reír, venite. Andate a Atrapalo.com y reservá desde allá que sale más barato”. No sé si soy un tacaño o no, pero reconozco mi temor en el momento de gastar ocho euros para una obra que podría acabar siendo el típico compendio de monólogos con chistes estereotipados. La insistencia de mi interlocutor, sumado al acento -aunque fuese por escrito-, me convence . Por cierto, tardo poco en darme cuenta que los dos euros que me ahorro reservando por la web, me los gasto en una caña. El café-bar de La Escalera de Jacob, aunque pequeño, es ideal para una previa y una suite teatral.

Queda un cuarto de hora para que empiece el espectáculo e imagino que todo el equipo lo va a hacer con ganas: no queda ni una sola entrada. Es más, hay gente que permanece en el café-bar tomándose algo, a la espera de que haya entradas no retiradas.

He de confesar que, al principio, hay un par chistes que me dejan igual que como entro. Aunque tampoco recuerdo haber hecho mueca alguna. Afortunadamente, logran que los olvide. Juan Bey nos presenta a cinco amigas: desde la pesada, pasando por la pija, la más guapa que siempre liga … sí, de acuerdo, parecen estereotipos, pero a veces nos es imposible contar algo sin cierto grado de generalización. Podemos ver la envidia de todas al conocer al nuevo novio de una y las instigaciones de éstas para que lo deje. Les acompañamos a un bar de copas para descubrir cuán ridículo puede llegar a ser el ser humano con tal de no dormir en soledad. Nos reencontramos con aquella primera vez con las familias de nuestras parejas y con la primera vez de nuestras parejas con nuestra familia (ambos momentos sujetos a examen sociológico en el escenario). Asistimos, incluso, a cortes de publicidad en clave de humor, aunque  se respeta la cuota del escenario del humor: no más de tres. El actor, Juan Bey, reaparece en la historia también como actor para dar unas pinceladas de la evolución del espectáculo e ironiza recordando un pasado glorioso del mismo: momento en el que estaba en auge y la compañía contrataba a un gran número de coristas. Por supuesto, todas ellas bailan el número final con él.

No desearía omitir que se rompe la cuarta pared y que hay cierta interacción con el público. La justa como para que no pensemos que estamos pagando por trabajar.

Todo esto lo hace un solo actor en el escenario, acompañado de un taburete, una toalla, alguna que otra botella de agua, un equipo técnico y una compleja dirección. El resultado es de exquisita sencillez y cercanía.

Una respuesta a El complejo arte del humor sencillo

  1. He leido el escrito de Chejov sobre lo que significa para el ser culto. No puedo estar más de acuerdo, sólo que visto así, es imposible ser culto.
    ¿Quién reune todas esas cualidades?
    Pocos, muy pocos, pero haberlos haylos.
    Una vez más sorprende este hombre.
    Grandes publicaciones tenéis. Es un placer. Enhorabuena.

    maria victoria
    27 abril 2013 at 15:22 pm

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