En los lugares oscuros del saber

Por Gonzalo M. Barallobre.

En los lugares oscuros del saber. Peter Kingsley. Atalanta (2010). 254pp. 24 euros.

A menudo se ha buscado entender el pensamiento de Parménides a través del diálogo platónico que lleva su nombre. Tarea del todo imposible si se conoce cuál es el verdadero sentido de la obra: Platón, busca desdibujar la filosofía del pensador de Elea, de su “padre” filosófico, y lo hace porque quiere, avalado por su autoridad, iniciar una nueva manera de hacer filosofía.

Cuentan que Platón, en su juventud, cosa normal entre los griegos, practicaba la lucha. Dicha actividad le dejaría como herencia el epíteto de “el de espaldas anchas”-significado literal del nombre Platón-. Sea cierta o no la anécdota, basta con examinar cualquiera de sus diálogos para ver que la persona que los escribe gusta del enfrentamiento. Sus obras son la representación  del combate entre dos posiciones filosóficas. Un duelo que no suele ser muy justo: Platón bien se ocupa de debilitar al contrario antes de subirlo al rin. Como un pelele será golpeado, sin piedad, por la ácida ironía de su portavoz, Sócrates.

Pero más eficaz que la “paliza” es el método de la omisión. En esta situación estará el padre del atomismo, Demócrito. De él no hay ni rastro en los diálogos. Se sabe, nos lo cuenta Diógenes Laercio en su Vida de filósofos ilustres, que Platón quiso comprar sus obras para quemarlas.

Pero el caso de Parménides, algo apuntábamos al comienzo de esta reseña, es diferente. Platón no quiere ni vapulearlo ni omitirlo: busca utilizar su autoridad. A través de una alteración de su pensamiento busca erigirse como su legítimo sucesor y así dotar a su filosofía de un certificado de calidad. Recuperar la verdadera identidad y el auténtico pensamiento de Parménides será el motor de En los lugar oscuros del saber.

Parménides, los últimos hallazgos arqueológicos nos lo confirman, era un sacerdote de Apolo, hecho que marcará, de manera radical, el sentido que para él poseía la Filosofía. Para el pensador de Elea, el filósofo era un conductor de almas y su tarea era ponerla en armonía, en comunión con el Ser. Para ello,era indispensable “morir”, una muerte en sentido metafórico, ritual, que tenía como objetivo revelar al hombre su condición y su destino.

El acierto de esta obra de Peter Kingsley es la recuperación de uno de los personajes más enigmáticos de la Historia de la Filosofía. Recuperación que permite comprender en toda su plenitud el poema de Parménides. Poema que nos enseña, de una manera única, el verdadero sentido de la Filosofía: vivir en armonía con el Misterio que nos acoge y nos nutre. Aprender a vivir en comunión con el Ser. Pero si estas expresiones asustan a alguien, diré qué lo que Parménides pretende mostrarnos es la naturaleza misma del pensamiento: la conexión radical entre éste y el Ser y, por lo tanto, la urgencia de vivir sin romper el vínculo establecido.

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