I Premio Poesía Serie B, un cuaderno de tapas marrones y un batido de chocolate

Por Laura Muñoz/ Gijón –Fotografías cedidas por Pixel Madrid

 

Fallo I Premio Poesía Serie B

Recibimos desde la Organización aviso de estas tres ruedas de prensa para el día siguiente cuando aún estábamos en y de fiesta. No podía perderme ninguna así que apagamos las luces de feria, desenchufamos los pc ya muy entrada la madrugada, también desconectamos los corazones acelerados para descansar un poco.

El día empieza temprano y de nuevo las ansiedades de la primera vez. Es increíble para alguien que ama la literatura de  género negro el verse embaucado dentro de las tramas a través de sus autores, sufriendo el suspense en carnes propias y sólo con sus palabras.

En la primera rueda de prensa se presenta la primera edición del Premio Poesía Serie B. Estaban convocados a participar todos aquellos autores que enviaran obras no mayores de 14 versos y no más de 40, pertenecientes al género western, policíaco o de ciencia ficción en idioma español y no editados en ninguna plataforma anteriormente.

Se han presentado 249 candidaturas, gran participación si se tiene en cuenta que era la primera vez que el premio veía la luz para, seguro, consagrarse en los próximos años de celebración de la Semana Negra de Gijón. Aparte de la gran participación, hay que destacar la gran calidad de las obras recibidas. Con este premio se pretende demostrar que la poesía también tiene un lugar de encuentro en la Serie B. Tras la explicación del Premio, sus bases y participación, tenemos el fallo del jurado.

La decisión ha sido por unanimidad absoluta entre los miembros del jurado, fallando a favor de Vanesa Pérez  Sauquillo (Madrid, 1978) poeta y traductora. Vanesa es licenciada en  Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y estará en Gijón el próximo lunes, a las 20:30 horas, recogiendo el premio. ¡Enhorabuena desde CLTR+, Vanesa!

David Wellington e Ian Watson en la Semana Negra

Joe Haldeman, David Wellington, Ian Watson y Larry Niven 

A las 11:10 ya estamos preparados para la prometedora segunda ronda: encuentro con cuatro de los grandes. Indispensable si queremos entender el mundo de los muertos, los que se lo hacen  y hasta de los que aúllan en la noche… simplemente unos imprescindibles del género de ciencia ficción.

Joe Haldeman nos explica cómo vincula la ciencia ficción con componentes sociales, demostrándonos que la novela de historia funciona en cualquier ambiente, incluso dentro del género de ciencia ficción.

Joe Haldeman en la Semana Negra

Con una sonrisa entre traviesa y tímida, saca de la manga un cuaderno de tapas marrones como respuesta a la pregunta “¿En qué andas ahora?”.

Entre sus manos y con cierto recelo, lo voltea un par de veces ante nosotros para que podamos ver que, efectivamente, se trata de un simple cuaderno de notas de toda la vida. Todos miramos y callamos mientras lo gira entre sus manos… sí, mirando un cuaderno de tapa marrón de toda la vida.

De repente se disparan los flashes de los fotógrafos, como enloquecidos (los flashes, no los fotógrafos) por dar luz a algo que ya brilla con luz propia.

Joe nos deja entrar en su mundo más privado y nos muestra el interior del, otra vez, cuaderno de tapa marrón de toda la vida: increíble, apasionante y con mucha perfección. Todos los presentes, tras esta visión(porque no podría llamarlo de otra manera) coincidimos en silencio que, algún día, debería formar parte de una exposición por muchos motivos.

El segundo en hablar es David Wellington, un americano muy joven pero con gran prestigio por las obras editadas. Está a la espera que dos de sus últimas novelas estén disponibles en España y, bueno, uniéndose a la sorpresa de Joe, nos confiesa que nunca para de escribir. Ahora mismo desarrolla su quinta novela de vampiros. Y, para no perder el toque de humor que se respira en estos encuentros, confiesa que su idea era terminar de escribir la novela a bordo del Tren Negro pero le fue imposible porque los periodistas le habían robado algo de tiempo en el trayecto. Nos tranquiliza al decir que no nos preocupemos porque en un par de días…¡lo tenemos! En fin, todo un placer sentir que alguno de tus ídolos te “deja entrar”.

Le sigue un Ian Watson igual de divertido que en el día de ayer. Mirando a todos lados a la vez, cuenta  que lo próximo será una colección de relatos cortos. Reímos al escuchar que se considera a sí mismo capaz de saltar de un género a otro como lo haría una pulga.

Larry es el último en intervenir y compartir con nosotros datos de lo que prepara en colaboración con Steven Burns: una historia de competición desarrollada bajo un domo en la Luna. El juego consiste en hacerse con el control de esa cúpula y…ya veremos si lo consigue, porque pretenden parar algo parecido a un meteorito que ya se ve muy de cerca.

Tras estas cuatro intervenciones tan interesantes parece que se nos haya parado a todos el tiempo, pero hay que ir terminando porque aún nos espera más.

Fabían Escalante en la Semana Negra

Hemos llegado a las 12 de la mañana sin apenas darnos cuenta y tenemos frente a nosotros a un Paco Ignacio Taibo lleno de ganas de preguntar a Fabián Escalante, – recordemos que Fabián perteneció a los servicios secretos y tuvo acceso a documentación clasificada respecto a los intentos de asesinato de Fidel Castro-, las mismas ganas que tenemos de seguir aprendiendo los presentes a su segunda rueda de prensa- la primera tras la inauguración oficial de la Semana Negra-.

Taibo realiza una pequeña introducción acerca de la intensa vida de Fabián con todas sus experiencias, viajes y situaciones que, como dijo el propio Escalante, podrían pertenecer al género de la ciencia ficción perfectamente.

Es curioso cómo una persona, cómo un autor puede llegar a despertar ese halo de incertidumbre, de preguntas eternas que van teniendo contestación, de intrigas a resolver que Fabián levanta de un golpe al empezar a hablar.

Me atrevo a decir que comparto ese sentimiento de cercanía que logra desatar poco a poco y mientras lo escuchas. Es como un truco que te lleva donde el mago quiere, como una sorpresa que pide paso, igual que un descubrimiento maravilloso e inesperado. De nuevo, lo tenemos para nosotros solitos. Y, por primera vez, con la posibilidad de obtener sus libros gracias a una remesa traída a España  expresamente para este encuentro de la Semana Negra.

Pasamos una hora escuchando a alguien que se acerca sin miedo a nosotros, abriendo su mundo sin reparo y  por la necesidad ajena de querer saber cada vez más. En esta charla, Fabián relata algunos de los casos “destapados” por las fuerzas de seguridad a las que perteneció y logra que no sólo no perdamos de vista uno solo de sus gestos sino que riamos con él recordando cómo, por ejemplo, uno de los intentos de asesinato fallidos contra Fidel fuera en un bar donde él solía ir. Una noche de 1963, Fidel decidió tomar un batido de chocolate, nada más y nada menos que a las cinco de la mañana… Sí, Fidel toma batidos de chocolate.

El camarero formaba parte de ese grupo formado en exclusiva para acabar con él y guardaba en la nevera una bolsita de nylon que contenía una potente sustancia para envenenarlo. Se dio la vuelta para verter el contenido de la bolsita y se percató que ésta se había quedado pegada, por congelación, al serpentín de la nevera y preso de los nervios de la situación, tiró de ella hasta romperla. Fidel se tomó su batido y partió de allí.

Fallo.

En otra ocasión metieron veneno en el traje de neopreno que solía utilizar cuando practicaba buceo o pesca submarina, dos de sus hobbies. En este caso, introdujeron una bacteria en el traje a fin de ir destruyéndolo poco a poco.

Pillados. Fallo.

A Fidel le  gustaba ver deporte y, claro, tenía su sitio en el estadio para ello justo detrás de las mallas de protección. El complot consistía en lanzar desde arriba ocho granadas – no dos para asegurar ni tres para rematar, ocho- que cayeran a sus pies y lo hicieran volar.

No. Pillados. Fallo.

Tras los fallos, las cifras: 636 atentados, de los cuales 162 son considerados dentro de la categoría de complot… indiscutiblemente estamos ante un tema inagotable.

 Ah! Olvidaba una cifra muy importante en esta rueda de prensa: ¡1 libro para mí!

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