Rafael Martín Masot: “Creo que las cosas no se deben escribir de cualquier manera. Para eso ya tengo el tuenti y los sms”

Por María José de Acuña.

ACABA DE CUMPLIR VEINTE AÑOS PERO LA PRISIÓN DE LOS  ESPEJOS (BAILE DEL SOL, 2010) ES YA SU TERCERA NOVELA. COMO ÉL MISMO ASEGURA, ES UNA OBRA DIFÍCIL DE ENCASILLAR. LO CIERTO ES QUE ESTE ESTUDIANTE DE MEDICINA GRANADINO PONE DIFÍCIL AL LECTOR NO LEER DE UN TIRÓN LAS PÁGINAS QUE INTEGRAN ESTA MEZCLA DE ‘THRILLER PSICOLÓGICO’ Y DE REALISMO SOCIAL, PORQUE, ANTE TODO, SE TRATA DE LITERATURA.

Publicaste tu primera novela (Abulagos) con catorce años; en el 2006, la segunda (La luna eclipsada); y ahora, con apenas veinte años, la tercera (La prisión de los espejos). ¿Crees que ser tan joven te ha favorecido para poder publicar tus obras?

No, en absoluto. El editor de mi primera novela desconocía antes de decidirse a publicarla que había sido escrita por un niño de trece años. Por lo cual, mentiría quien afirmase que la edad influyó en la publicación de Abulagos. Por el contrario, lo que sí sucedió es que hubo críticos literarios que se mostraron reticentes a realizar una reseña en los medios de comunicación y algunos lectores que dieron por supuesto de antemano que no merecía la pena comprar un libro escrito por un niño. Esos prejuicios perjudicaron las ventas en un principio, hasta que quienes sí se decidieron a leerla comenzaron a hablar de la obra y no de la edad del autor. Hubo incluso en algunos ámbitos literarios —que yo denomino conjuras de mediocres —, algunos escritores que no aceptaban la idea de que ellos, con cuarenta o cincuenta años, no consiguieran ver sus obras en las librerías. Pudieron plantearse la posibilidad de que, quizás, lo que escribían no merecía la pena encuadernarlo ni siquiera como objeto sustitutivo del papel higiénico, pero no lo hicieron.

Resulta bastante sorprendente que alguien de tu edad escriba historias y vivencias de adultos, que, obviamente, no ha tenido. ¿Qué te impulsa a escribir este tipo de historias y no otras, si me permites la expresión, “más acordes con tu edad”?

Yo no le veo nada de sorprendente. El mundo en el que vivimos está ahí, frente a nosotros. Sólo hace falta abrir los ojos, razonar y documentarse. Lo  verdaderamente sorprendente para mí es que alguien con sesenta años, a quien ya las neuronas se le exilian día a día, sea capaz de escribir con minuciosos detalles sobre el Antiguo Egipto y nos cuente con pelos y señales qué comía el primo de un faraón a las seis y cuarto de la tarde. Supongo que con eso de historias “más acordes con mi edad” te refieres a que por qué no he escrito literatura infantil o juvenil. Hubo, en su momento, dos razones fundamentales para tomar esa decisión: La primera, que no estaba dispuesto a escribir historias de magos hacedores de magias colosales; ya se ocupan demasiados autores y entidades de que proliferen en este país sin nombre los cabezas de grillo que a los treinta años se comportan como niños y van a las casas de sus madres para que les laven la ropa. La segunda razón es que consideré necesario reflejar en mis escritos situaciones y sentimientos de épocas recientes y de la actualidad. Quienes leen las obras de los clásicos conocen bastante bien cómo eran las gentes y los mundos de los tiempos en los que ellos escribían. ¿Qué conocerán de nosotros quienes lean dentro de cincuenta o cien años los libros que ahora se escriben, si todos nos dedicamos a narrar lo sucedido al Marqués de Todocumentado en septiembre de 1686?

Entiendo que no tienes intención de escribir nunca literatura infantil o juvenil, ¿es así?

Sobre el futuro no me atrevo a aseverar nada, pero sí que tengo intención de escribir ese tipo de literatura. Si tengo la suerte de llegar a viejo, de los de bastón en mano y lengua fluida —y todos tenemos la suerte de que desaparezca, o mengüe muy considerablemente, la literaturahamburguesa—, narraré historias para niños. Creo que siempre será más fácil adentrarme en las cabezas de los niños de entonces que en las confabulaciones en torno al Vaticano de las que ahora tanto se escriben. Por cierto, estas historias de curas y espías sí que son en su mayoría un verdadero cuento para niños de baba.

¿Por qué te muestras tan crítico con la novela histórica y con la de intriga?

Creo que ambos géneros deben existir, pero soy muy crítico con el hecho de que existan en la actualidad más novelas de este tipo que perros descalzos. Hay demasiada morralla, muchísima… Me atrevo a decir, incluso, que algunas editoriales han hallado un verdadero filón con este tipo de publicaciones y que cosen páginas a destajo a las que llaman literatura. Que los lectores se han convertido en adictos a esas publicaciones con la misma celeridad que se tragan la telebasura y que algunos escritores, de los de verdad, se han visto en la necesidad de subirse al mismo carro para subsistir. Pienso que la mayoría de los que las producen ni siquiera son escritores, aunque ellos lo crean. Pero, por el contrario, sí que existen obras de novela histórica de gran calidad, como, por ejemplo, las de José Vicente Pascual, José Manuel García Marín o Carolina Molina. Podría mencionar otros, muy pocos, buenos escritores que han escrito novela histórica de historias de hace siglos. Y si alguien que esté leyendo esta entrevista piensa que he salvado de la quema a estos tres autores porque son amigos míos, se equivoca: ni me caso con nadie ni podría ser amigo de quien escribiese carnaza en mal estado. La novela de intriga me atrajo desde muy niño. Las obras de Agatha Christie me apasionaron desde la primera lectura y La prisión de los espejos no deja de ser una novela de intriga, pero les aseguro que no aparece en ella Jesucristo pilotando un helicóptero.

Perdona si te parece indiscreta la pregunta, pero, ¿cómo ha sido tu adolescencia?

Tan normal como la de cualquier joven a quien le guste divertirse con sus amigos, pecar con jovenzuelas de buen ver y buen catar y jugar un partido de fútbol. Lo de dar patadas a la pelota lo tuve que abandonar a raíz de una grave lesión de rodilla, pero sigo jugando en una peña un día a la semana. Reconozco que lo de pecar no lo dejé con motivo de esa lesión.

Estudias tercer curso de Medicina en la Universidad de Granada y ya has escrito tres  novelas. ¿Cómo consigues compaginar tus estudios con la literatura?

No tengo escritas tres novelas, sino cinco, sin contar las que aún no están terminadas. La prisión de los espejos la escribí en el año 2007 y se publica tal cual quedó entonces, sin haberla reescrito, aparte de la corrección lógica de erratas que se lleva a cabo con las galeradas.

Compaginar ambas actividades me resulta relativamente fácil. El día tiene 24 horas y yo soy de poco dormir. Las historias están en mi cabeza y las escribo durante las madrugadas, pero te aseguro que si tuviese que renunciar a una juerga por escribir una novela, mandaría la literatura a hacer puñetas. Lo único que me fastidia y me trastoca un poco la vida es cuando llega el momento de publicar una nueva obra, de ahí que prefiera escribir más y publicar menos.

Bueno, cuéntame ahora algo de La prisión de los espejos. Antes me has dicho que es una novela de intriga. Una persona muy entendida en literatura y viajada por los mundejos literarios me dijo que resultaría difícil para una editorial encajarla en un género determinado para poder publicarla. Afirmaba que tiene aspectos de novela literaria, novela psicológica, novela negra, novela romántica, novela realista, novela social, etc. Me alegré cuando alguien tan cualificado encontró ese inconveniente porque supe que había escrito lo que pretendía: algo tan difícil de encasillar como la vida misma. Por cierto, me llamó la atención que me hablase de novela literaria. ¿Adónde iríamos a parar si se publicaran novelas que no fueran literarias? Sí, La prisión de los espejos es una novela de intriga, sin duda alguna, pero sin renunciar a nada. Creo que las cosas no se deben escribir de cualquier manera. Para eso ya tengo el Tuenti y los sms del móvil. Los personajes no deben ser planos, si se trata de evitar la proliferación de cerebros planos. Los sentimientos y el mundo que nos rodea no deben estar ausentes, si se busca de que la literatura sea una mezcla de imaginación razonada y realidad. Estoy convencido de que la amenidad, las palabras, la imaginación, las dudas que nos muerden las entrañas, y contemplar sin querer cerrar los ojos, son perfectamente compatibles.

Te has ido un poco por las ramas. Creo que a los lectores les puede interesar que les cuentes algo sobre la trama de la obra.

Espero que estés en lo cierto y que haya alguien, aparte de mi madre y mi abuela, que aún esté leyendo esta entrevista y quiera conocer algo más sobre la trama de La prisión de los espejos. Pero a quien en verdad le interese, que entre en la web de Baile del Sol o vaya a la librería y lea la contraportada. Si le atrae, que la compre, y si no, que se ponga en contacto con cierto periodista que un día me miraba con ojos desencajados cuando no contestaba lo que él deseaba a una de sus preguntas. (Quería saber el estilo de qué escritor consagrado seguía yo. La respuesta es: a ninguno).

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Una respuesta a Rafael Martín Masot: “Creo que las cosas no se deben escribir de cualquier manera. Para eso ya tengo el tuenti y los sms”

  1. hola , me encanta tu pagina , es excelente ,

    te mando un abrazo

    gaby
    19 julio 2010 at 5:58 am

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