“Cosas que los nietos deberían saber”, Mark Oliver Everett

Por Nacho Peinado.

Para Mark Oliver Everett (Virginia, 1963) – más conocido como Mr. E o E a secas y líder del grupo Eels – hacer música es una cuestión de vida o muerte, la única forma de lidiar con una vida que sabe, por experiencia, que es una mierda. En algún momento de “Cosas que los nietos deberían saber”, una autobiografía a corazón abierto, Mr. E confiesa que probablemente si no hiciese música estaría muerto, y no parece descabellado que lo haya pensado teniendo en cuenta la inquietante asiduidad con la que la Parca ha campado por sus alrededores. A sus 19 años, E encontró el cadáver de su padre, Hugh Everett III, un físico cuántico que ganó cierta notoriedad tras formular la teoría de los universos múltiples. En palabras del propio autor, las maniobras de reanimación que le realizó al cuerpo fueron el único contacto físico que jamás tuvo con su progenitor. Más tarde, mientras E disfrutaba del éxito con Beautiful freak (Dreamworks SKG, 1996), el primer disco a nombre de Eels, Liz, su única hermana, apareció muerta en su cuarto de baño. Pocos meses después, un devastador cáncer se llevó a su madre, dejando a Everett como único miembro vivo de la estirpe de los Everett con menos de 40 años. Por si fuera poco, el 11 de Septiembre de 2001, su prima, azafata de profesión, fallecía junto a su marido en el avión que se estrelló en el Pentágono. Minutos antes de despegar, su prima le había enviado una postal desde el aeropuerto que decía: “la vida es bella”.

Ahora era muy consciente del poco tiempo del que disponía una persona sobre la faz de la Tierra, y por eso me sentía empujado a hacerlo todo tan bien y tan pronto como pudiese.

Para E hacer canciones es casi una necesidad física, un modo de luchar con sus demonios internos exponiéndolos con una crudeza que en muchos momentos roza la pornografía emocional. Para cualquiera que haya seguido la carrera de Eels, muchas de las historias contadas en “Cosas que los nietos deberían saber” no resultarán sorprendentes, ya que han aparecido de forma más o menos clara en muchas de sus canciones. Así, el libro puede servir a antiguos fans para poner en contexto algunas de las perturbadoras imágenes que jalonan Electro-shock blues (Dreamworks SKG, 1998), el disco que grabó tras la muerte de su hermana y durante la enfermedad de su madre y, aún hoy, uno de los álbumes más descarnados y sobrecogedores que se pueden escuchar. O para comprender el porqué del optimismo del posterior y luminoso Daisies of the galaxies (Dreamworks SKG, 2000), o para conocer divertidas anécdotas como que la letra de “Souljacker” fue escrita a escondidas en el váter de unas colonias de relajación en las que los participantes tenían prohibido hablar y escribir, o saber a quién iba dedicada una canción como “It’s a motherfucker”.

Esta no es la historia de alguien famoso. Es solamente de la vida de un tío. Ponerse a hacer esto tiene una carga inherente de ego, de que importante soy que me hace sentir incómodo. Pero no me hubiera puesto a ello si no creyera que la mía es una historia bastante peculiar.

Para los posible lectores que no conozcan la carrera de este buen hombre y/o no tengan demasiado interés en conocerla, Cosas que los nietos deberían saber puede ser leída como la historia de alguien que las ha visto de todos los colores, un hombre que lleva años luchando para mantener su salud mental y su integridad artística frente a una vida que no para de dar reveses y una industria musical básicamente idiota. Una vida narrada con un caustico sentido del humor, en la que un tipo ligeramente disfuncional hace un despiadado ajuste de cuentas con su propia vida y con la gente que ha pasado por ella (que se lo digan a la gran mayoría de sus ex-novias – las “locas” – o al sosainas de John Legend, entre otros muchos) y que, a pesar de caer en ciertos momentos en una cierta autocondescendencia – normal en cualquier autobiografía -, resulta una lectura tremendamente entretenida.

¿Y si algún día tengo un hijo que quiere saber las cosas que me pasaban a mí por la cabeza? […] No tengo hijos siquiera, así que olvídate. Aún hay tiempo. Mejor que deje escrito cómo ha sido ser yo para que no tengan que hacerse las mismas preguntas que me hago yo sobre mi padre.

Llega una cierta edad en la que parece inevitable mirar hacia atrás y preguntarse cómo ha llegado uno hasta donde ha llegado y qué dejará como legado. En un último capítulo memorable, E hace las paces con la vida que nos ha contado a través de las canciones que va tocando en un concierto en el Royal Albert Hall, concierto de la gira “Eels with strings”. Y recuerda que su padre le comentó un día a un compañero de trabajo que si tuviera que morir en ese momento, moriría orgulloso con su vida. Y que dos días después su hijo lo encontró muerto y pasó años preguntándose por qué su padre no se cuidó más, hasta que de repente un día, haciendo lo que más le gusta en un escenario único, se dio cuenta de que no está nada mal eso de vivir como uno quiere y morirse de repente. Ya lo decía en “Hey man (now you’re really living)”, canción incluída en su obra magna Blinking Lights and other revelations (Vagrant, 2005): “Do you know what it’s like to fall on the floor/Cry your guts out ‘til you got no more?/Hey man, now you’re really living/Well, I just saw the sun over the hill/Never used to give me much of a thrill/Hey man, now I’m really living”. Como bien dice Rodrigo Fresán en el prefacio: “El mejor libro de autoayuda que no intenta ayudar a nadie pero lo consigue casi sin proponérselo”.

Escuchar Eels en Spotify

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Una respuesta a “Cosas que los nietos deberían saber”, Mark Oliver Everett

  1. Querido Nacho, como siempre, genial. Leí este post cuando se publicó, pero he vuelto a leerlo y así calentar motores para su próximo concierto de septiembre en Madrid. Sigo sin ser consciente de haber escuchado ninguna canción suya, pero tampoco creo que haga falta. Visto lo visto…

    Walter Kung Fu
    2 septiembre 2010 at 19:51 pm

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