Apuntes breves sobre Santería y Sacrificio, de Leonardo Oyola

Categoría: Más cultura |

Por Nicolás Correa.

El escritor de la fe

La obra de Leonardo Oyola es, para la literatura argentina y el género policial, una obra que incluye mundos que aún nadie había sabido descubrir, ni narrar. Y en esa imposibilidad de ser escrito, apareció Oyola, y de esa imposibilidad de existencia es que se consolidó como uno de los grandes narradores de la literatura actual argentina: Oyola inventó un mundo que ya estaba inventado, y le dio un alma, un lugar de existencia, una identidad. Es así, que podemos decir que este escritor se ocupa de extender los límites entre ciudad y campo, reformulándolos en una nueva dicotomía, replanteada y ampliada.

En Oyola existen las brujas, en cuerpo y alma, existen los diablos y existe la fe. Es la fe que mueve montañas, la fe que mueve a las historias, la fe que tiene la víbora blanca, Fátima Sánchez, estelar personaje de Santería y Sacrificio, las dos primeras novelas de la saga de la víbora blanca, editados por Negro Absoluto, colección que dirige Juan Sasturain y que tiene a escritores como Ricardo Romero, Osvaldo Aguirre y María Inés Krimer, entre otros.

En Santería, Fátima Sánchez, una bruja que adivina el futuro, entre otras cosas, se encuentra con una vieja adversaria, La marabunta, Lucía Fernández, que solicita sus servicios para hacer un trabajo. La víbora blanca se niega, y a partir de este momento, los sucesos se desencadenan como un torrente de acciones que detonan el mundo de cada uno de estos personajes. Fátima Sánchez, la víbora blanca, entra en disputa con La marabunta y los estragos que ocasionan son de dimensiones increíbles, elevados al nivel del video game.

En Sacrificio, Fátima se escapa de su persecutora, pero al final del juego es emboscada por esta, y Oyola nos embosca a nosotros, implementando en la historia una dinámica inusitada e inesperada: hace viajar en el tiempo a Fátima y a todos sus personajes, pero los hace viajar literalmente. En Sacrificio la rivalidad entre La marabunta y la víbora blanca se afirma y uno comienza a percibir que si en ésta novela y su predecesora (Santería) los puntos iban a favor de La marabunta, algo promete que en la tercera parte de esta atrapante saga, Aquelarre, como advirtió el mismo escritor, la pelea se empareja y los puntos le son otorgados a Fátima Sánchez.

Ahora, volvamos al mundo de la fe, y destaquemos que cada una de las decisiones de Fátima están signadas por el universo simbólico de el cual es creyente. Ella se muestra perceptiva al mundo para el que ha sido criada por la mujer que la sacó de la calle, Ña chiquita, y a partir de estos preceptos, encara su futuro y el de los que la rodean. El saber popular, las creencias del mundo marginal, de una villa que pronto desaparece, de los límites entre la ciudad y lo que la misma ciudad margina, antes campo, hoy villa, en ese límite y en ese saber popular se instala Oyola para hacer explotar a sus personajes, de paso, recordamos como dice Manuel, el perro, en Chamamé, novela premiada al primer premio en la semana negra de Gijón: Mis sueños nunca empiezan, explotan. De una. Eso es lo que pasa en Fátima Sánchez y en las novelas de Oyola, las cosas nunca empiezan, explotan, y cada vez que explotan, la situación no tiene retorno. Pero Oyola es un escritor de la fe, como también lo son sus personajes, y cada uno de esos embates, como los que propina la vida, no son más que un obstáculo, malas pasadas, un momento puntual de la vida, que con un poco de buena voluntad y mucho huevo, se pueden dejar atrás.

Estamos a la espera de Aquelarre, la tercera novela que contará las aventuras de Fátima Sánchez y La temible marabunta.

A diferencia de su personaje, Leonardo Oyola no solo tiene fe, sino que posee una narrativa potente, con un ritmo que nunca cae y mantiene constantemente el nivel de tensión de la trama. Oyola sabe contarnos las historias, sabe qué hacer para caigamos en ellas y no intentemos salir.

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