De La Habana un barco. Hotel Posmoderno (colectivo de autores)

Por Miguel Baquero.

Editorial Lengua de Trapo, colección Nueva Biblioteca. Madrid, 2010. 240 páginas. 18,20 €

Hotel Posmoderno es un grupo de creadores, “una banda de literatura” como se califican a sí mismos, nacido en el año 2007 con la siempre sana (y se diría que también necesaria, e incluso urgente) intención de realizar experimentos literarios y transmitir algo de innovación y aire fresco al ambiente bastante estancado de las letras. En una mezcla entre escritura y música, el proyecto Hotel Posmoderno tiene puestas sus miras en las posibilidades que, a efectos literarios, pueden abrir las nuevas tecnologías (a este efecto acuñan el neologismo “digiliteratura” para referirse a esa mezcla entre lo literario y lo digital) y asimismo buscan romper con el tradicional concepto de “autor”, en el sentido de que las obras se presentan firmadas por un colectivo cuyos integrantes son variables y desconocidos.

Desde unos presupuestos, a mi entender, tan valiosos, y desde ese afán afortunadamente recuperado de romper con las normas, de recuperar los viejos modos vanguardistas, sorprende un poco encontrar que el debut en papel del colectivo sea un libro como De La Habana un barco, una novela cuyo fondo es la guerra de independencia de Cuba y las tensiones que, a costa de esa emancipación, surgieron entre el viejo, decrépito Imperio Español y la pujante Estados Unidos que en aquellas fechas de 1898 comenzó a labrar su futuro poderío mundial. De dicha época, y como consecuencia de la citada guerra hispano-norteamericana, data también el comienzo de la prensa amarillista y la fortuna de prebostes periodísticos como Pulitzer o Hearst, cuyos inicios tiburonescos se narran aquí.

Digo que sorprende que una obra de vocación rompedora parta de estos supuestos porque De La Habana un barco tiene la forma, el tono y hasta la intención de una novela histórica al uso, una novela histórica como tantas y tan comunes actualmente. Sorprende que la buscada innovación quiera partir del género más inmovilista, complaciente, amigo de clichés y enemigo de riesgos que se cultiva hoy día, de esa forma tan encorsetada de narrar que en la actualidad triunfa y que en gran medida lo condiciona todo. Cuanto más cuando, en los primeros capítulos, asistimos a una galería de personajes de finales del XIX, tal que la cupletista tuberculosa o el comerciante orondo y procaz, amante de los toros y de gritar Viva España que no sólo caen en el estereotipo, sino que lo rebasan con creces y alcanzan lo grotesco. De igual manera, y como es muy común en la novela histórica, asistimos al triunfo de las ideas más progresistas para la época (las que, corriendo el tiempo, vendrían a ser los lugares comunes actuales: léase feminismo, democracia, derechos sociales) encarnados por los personajes “buenos” de la novela; e incluso nos topamos con el burdo recurso al “ellos no lo sabían aún, pero por aquel entonces…”, que sirve en tantas novelas históricas para descargar a discreción la documentación acumulada y situar a los personajes en su entorno de la manera más sencilla y relajada.

¿Hay en todo ello una intención corrosiva?, ¿se pretende combatir a la novela histórica desde dentro, poniendo al descubierto sus artimañas? Ojalá sea así; es más, cabe pensar que en último extremo existe realmente un deseo de dinamitarlo todo. La irrupción repentina de Punset, por ejemplo (pero ya a mediados de la novela), o de los personajes de Regreso al futuro, o los añadidos finales (pero repito, finales) en que se relaciona a los personajes con canciones indie de la actualidad, hacen pensar que late en el fondo de la novela un deseo de hacer volar por los aires los esquemas, a base, como es lo propio, de humor y furor juvenil. Finalmente, entiendo que no se logra el propósito rompedor, caso de haberlo, y que esos elementos transgresores quedan como simples cargas explosivas puestas en los pilares del mamotreto de la novela histórica, pero que no han llegado a hacerse estallar.

Aun así, esas pequeñas bombas, esos mínimos sabotajes son un gran logro a la vista del conformismo actual, y pueden llegar a justificar la novela, en cuanto esbozan un camino nuevo y diferente. Por ello, es muy recomendable leer De La Habana un barco, para quien busca algo tan extraño a la literatura actual como es la inquietud.

2 respuestas a De La Habana un barco. Hotel Posmoderno (colectivo de autores)

  1. ¿Lo de dinamitar los pilares no viene a ser lo mismo que un deux ex machina?

    Raquel
    3 septiembre 2010 at 22:02 pm

  2. Es una novela histórica… ¿cómo va a haber un deus ex machina? Además, las dos expresiones son cosas totalmente diferentes…

    anónimo
    5 septiembre 2010 at 18:08 pm

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