Tesla VS Predators: Fight!

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Por Silvia Gomes Álvarez.

Los magníficos de la historia siempre han tenido un espacio en el que se reivindica todo aquello de lo que fueron precursores. Pero la excepción confirma la regla, y la figura de Nikola Tesla comporta ese espacio de la irregularidad en la norma.
Tesla, ciudadano del Imperio Austríaco, dicen era un tipo excéntrico, todo lo que le rodeaba en su vida cotidiana debía ser múltiplo de tres: 18 toallas en la habitación del hotel, 18 servilletas en el restaurante y al menos, que se sepa, en una ocasión pidió que el número de su habitación fuera 207. Su salud era débil, quizá porque no dormía más de tres horas mientras desarrollaba sus proyectos, que por cierto nunca plasmaba en papel en su totalidad; y ello le llevó a sufrir neurosis obsesivas y todo tipo de enfermedades psicosomáticas. Su apego a las mujeres era más bien múltiplo de cero, ya que según él le distraían de su verdadera misión: la ciencia. Y esta última es la razón por la que Tesla ha pasado a ser uno de los físicos más importantes, pero no más reconocidos en los anales de la Física.
Nikola Tesla se inició en los estudios de ingeniería eléctrica en la Universidad de Graz, que nunca concluyó. Posteriormente su padre le convenció para que volviera a instruirse, esta vez en la Universidad Carolina, aunque igualmente los abandonó tras el fallecimiento de su progenitor. En este periodo universitario fue influenciado por el empiriocriticismo positivista de Ernst Mach. Hacia 1880 viaja a Budapest a trabajar en la compañía de telégrafos, y allí desarrolló lo que bien hubiera podido ser el primer altavoz. Poco tiempo después se traslada a París a trabajar en la Continental Edison Company, una de las filiales de T.A. Edison en Europa. Durante ese periodo diseña el primer motor asíncrono o de inducción.
En 1884, Tesla emigra a Estados Unidos y entra a trabajar, bajo recomendación, directamente como ingeniero de T.A. Edison, resolviendo muchos de los inconvenientes que el sistema de corriente directa presentaba. Edison, anteriormente, le prometió una sustancial cifra de 50.000 dólares de la época si conseguía solventar esos problemas. Sin embargo, una vez Tesla los hubo solucionado, Edison afirmó que esa prima tan sólo formaba parte del “humor estadounidense” y que él “no lo comprendía.” Ipso facto Tesla abandona el trabajo.
Tres años más tarde construye su motor de inducción, comienza a desarrollar las conocidas bobinas de Tesla y experimenta con lo que después se pasará a llamar rayos X. En este momento empieza a trabajar con George Westighouse, uno de los pocos que confían en la corriente alterna frente a la corriente continua de Edison. Es entonces, ya en 1893, cuando Tesla inicia lo que se conocerá como la guerra de las corrientes, enfrentándose a T.A. Edison (que llegó a financiar la creación de la silla eléctrica como parte de su desacuerdo con Tesla).
Ese mismo año Tesla construye el primer radiotransmisor y dos años después registra la patente. Pero como siempre ha pasado alguien plagia y se lleva la fama: este fue el caso de Guglielmo Marconi. Tras una contienda jurídica entre ambos, en 1943 la Corte falla a favor de Tesla y desestima la patente de radio de Marconi por copia. Lo interesante es que en multitud de lugares Marconi sigue apareciendo como el inventor del radiotransmisor.
La figura de Tesla ha sufrido siempre de una especie de estigmatización social basada en su supuesta locura afirmando que no era un ser de nuestro planeta, sino que era de Venus (¡al igual que las mujeres!). En sus años finales hizo una serie de propuestas en prensa, como iluminar parte del Sahara para que los marcianos supieran que existía vida humana en la Tierra. Se fue haciendo más huraño, a la par que pobre, y se mudaba de hotel en hotel en el momento en el que no podía pagar la cuenta. Sus inventos finales rozaban la excentricidad. Al morir, el FBI del Gobierno de los EEUU incauta los documentos del científico, documentos que en su mayor parte fueron recuperados por la familia y pueden verse en el museo del inventor. Muchos otros informes del ingeniero siguen hoy en posesión del Gobierno clasificados como “secretos de estado”.
Pese a toda la leyenda oscura que condena al científico al ostracismo del reconocimiento social, lo cierto es que desarrolló más de 700 inventos, entre los que se encuentran: el submarino eléctrico, la lámpara fluorescente, el control remoto, la bombilla sin filamento, la radio… que como podemos comprobar, muchos de ellos forman parte de nuestra vida cotidiana. Este científico merecería algo más que un silencio en torno a su figura.

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