Tranquilos en tiempo de guerra, de Cristian Crusat

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Por Juan Carlos Fernández León

Asegura Cristian Crusat (Marbella, 1983) en el arranque de All things must pass, uno de los cuentos de este su segundo libro de piezas cortas, que la soledad es una forma del miedo y que el miedo a nuestros semejantes es la razón principal para elegir la compañía de cualquier animal doméstico. A sus palabras habría que añadir que la soledad no es más que la distancia con que encaramos a quienes nos rodean, un divorcio de nuestra vida con las ajenas, un desapego que, consciente o inconscientemente, supone el ingrediente básico que provoca el nacimiento de la mayoría de estas historias, gélidas experiencias iniciáticas emprendidas por personajes reconocibles, niños o jóvenes que sufren los sinsabores de una vida aún por comenzar.

Tranquilos en tiempo de guerra es un libro de personajes más que de tramas. Los argumentos aparecen supeditados al conflicto de unos personajes que han de resolver sus problemas obvios de soledad, que intentan solventar la falta de entendimiento con su entorno sentimental, buscando contactos o aproximaciones a otros seres distintos con los que empezar una nueva vida, hábitos diferentes. Desde un punto de vista biológico, estos diez cuentos proyectan la película de una crisis, durante cuyo desarrollo se auguran cambios decisivos que nunca llegan a plasmarse claramente en el visor final del relato. A Crusat no le interesa el desenlace de sus historias, ni que estas sigan el cauce clásico del relato; le preocupa, sobre todo, el tema, la ruptura, el vaivén de sus muchachos, el abandono al que los somete con crueldad distante. Son relatos escritos con el apoyo de una partitura temática, aunque paradójicamente gobierne sobre ellos la improvisación. Para sus lectores es de agradecer que nunca intuyamos el rumbo que van a tomar los acontecimientos. Uno, allí dentro, en el interior de la caverna de estos textos, se encuentra perdido, maravillosamente desorientado a causa de esa mezcla de rarezas, de sueños, de lirismo, de sugerencias, a merced de la batuta de Crusat, tan titubeante como sorpresiva.

La actitud de los personajes es casi mística, se trata de criaturas que se aferran a la pasividad y que suelen invertir su tiempo asomados a una ventana, desde donde observan lo que les rodea, playas especialmente, un mundo exterior que varía a un ritmo incesante, frenético. La reiteración de motivos es, tal vez, lo más defectuoso del libro, son relatos que se asemejan demasiado los unos a los otros, que adolecen de cierta inventiva y a los que les sobran obsesiones oníricas.

Aunque el contenido de estos relatos sea serio e incluso grave, su forma se aproxima al absurdo vanguardista, ensayándose en muchos de ellos los recursos del fragmentarismo y la supresión del tiempo narrativo. Zurich, un desasosegante relato que nos habla de los temores infantiles, Crusat lo inicia recurriendo a la tradición, al clasicismo más puro de los cuentos de Félix Palma, pero enseguida advierte que ese estilo no le pertenece y se deja llevar, improvisando, consiguiendo un ritmo alocado, casi versicular, más acorde con el espíritu de su libro, desconcertante.

Se ha dicho por ahí que la característica que unifica a los escritores hispanos recién recolectados por la revista Granta es el sexo. En este sentido, Crusat podría haber engrosado perfectamente este grupo de elegidos. Los personajes de estos cuentos hacen el amor en la playa, estimulan con audacia y cierta tristeza los clítoris de sus amantes, se masturban con pesadumbre en el espacio, sueñan ingenuamente con botellas de champán descorchándose, follan con putas tailandesas que roban bustos de Epicuro. En Charly, el amigo de mi hermana, el mejor cuento de la colección, el personaje principal intenta y logra desengancharse de su adicción al sexo pornográfico, convirtiéndose en sí mismo en sexo, es decir, rodando una película con la pornostar de sus sueños cálidos. Acaso sea esta la clave del libro: la distancia como problema y el acercamiento como solución. El amor como problema y el amor como solución.

Tranquilos en tiempo de guerra presume de ser una propuesta formal rupturista que no dejará a nadie impasible, muy recomendable para los que buscan experiencias lectoras novedosas.          

Más información:
Tranquilos en tiempo de guerra, Cristian Crusat
Pre-Textos, 124 páginas, 10 euros
ISBN: 978-84-92913-09-1

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