Nexus 6 y la jabalinista republicana

Por Rubén Sáez.

Todo el mundo que ha visto Blade Runner recuerda emocionado las últimas palabras de Roy Batty, el hermoso replicante modelo Nexus 6 que siembra de muerte sus últimos días en busca de la prolongación de su brevísima vida. Sí, han acertado, se trata de aquello de “he visto cosas que vosotros no creeríais”, etc. Pocos saben, sin embargo, que este último lamento no procede del morral de Ridley Scott, sino que el director pudo haberlo copiado de algún otro lugar.

El camino de estos versos es todavía misterioso y, a ratos, muy desconcertante, pues en él se cruzan nada menos que Rimbaud, una poetisa catalana de la II República de nombre Ana María Martínez Sagui y hasta un astronauta soviético de la Soyuz2, el Coronel Ivan Istochniko.

La historia más hilarante la protagoniza precisamente el tal Istochniko. Aparentemente, se cuenta su historia en un libro de la Fundación Telefónica, o quizá en un libro llamado Fundación Sputnick, nadie lo sabe con seguridad. En lo que sí hay acuerdo es en que fue en la soledad del espacio donde el Coronel habría escrito aquellos versos hermosos, invadido por la belleza de la visión de la Tierra que brillaba, viva, en medio de la nada. Como su nave, la imaginación de Ivan Istochniko habría flotado suspendida  en la hermosura del vacio estelar y dado nuevo aliento a palabras que ya eran legendarias: Orión, Las Puertas de Tannhäuser. Su final fue trágico: el Coronel se perdió en el espacio y su memoria fue borrada por otro sol más ardiente. Su imagen fue eliminada, como tantas otras, de las fotografías que daban testimonio de su vida. Perder un astronauta era imposible en la tierra de los zares proletarios.

La historia es bonita, pero es falsa. En realidad, Ivan Istochniko es la traducción al catalán de un nombre, el de Joan Fontcubera, artista que en 1997 presentó la exposición Sputnik en la Fundación Arte y Tecnología de Madrid,  y memorable especialista en este tipo de fakes. El otro camino, el de la poetisa Ana María Martínez Sagui, sigue siendo casi desconocido.

No deja de tener su gracia que fuese Juan Manuel de Prada quien reivindicara en su día la figura de Martínez Sagui, pues estaba olvidada (pero todavía viva) desde el final de nuestra maldita guerra. Lo hizo en un célebre artículo publicado en ABC Cultural allá por el año 2001 y, más tarde, en su novela Las esquinas del aire, donde aprovechó para hacer un recorrido mitad ficción mitad memoria por la vida y milagros de Ana María. Fue una vida intensa la suya, de eso no hay duda. Además de escribir versos y apoyar a la República, la poetisa fue también lesbiana y feminista militante en un lugar en el que, en muy poco tiempo, no fue posible serlo. Pero hay más, mucho más. Ana María trabajó como reportera durante la contienda, y llegó a viajar incrustada en la columna Durruti. Fue también una deportista competente (practicó el tenis, el esquí y la jabalina) y la primera mujer que accedió a la directiva del F.C. Barcelona en el año 1934.

Entre sus poemas, algunos melancólicos, todos ellos hermosos, hay una adaptación libre de El barco Ebrio de Rimbaud. Dice así:

He visto cosas que nadie creería.

He visto bandadas de colibríes azotando mi rostro con su vuelo vertical.

He visto la blancura intacta de la nieve en la falda de Los Alpes, como una mortaja inconsútil.

He vistos bosques frondosos de secuoyas cayo tronco no podrían abarcar tres personas, y entre cu­yas copas no lograba penetrar la intrusa luz.

He visto el sol de medianoche rodando por el cielo de Suecia.

He visto crecer un árbol que yo misma planté en TelAviv, cuando el general Dayen me condecoró, por haber salvado del holocausto a tantos judíos.

He visto el Vesubio como un vó­mito en llamas, y he visto el pavor espiral de un tornado en Illinois.

He visto bandadas de pájaros echando a volar, quince segundos antes de que un terremoto asolase la ciudad de Guatemala.

También he visto mi rostro mu­griento y legañoso y famélico reflej­ado en el escaparate de una pastelería, un segundo antes de robar una bandeja de «croissants».

Y todos esos momentos se per­derán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de que te marches.

En este poema anida un misterio aún sin resolver, seguramente varios. ¿Cómo podía conocer Ridley Scott la obra de Ana María? ¿Creen que es posible que el azar sea tan poderoso? O quizá la respuesta sea más sencilla, no lo sé. Si encuentran una, diganmelo.

3 respuestas a Nexus 6 y la jabalinista republicana

  1. Qué curioso. No sé si se me cae un mito o crece

    Néstor
    9 noviembre 2010 at 16:47 pm

  2. Muy buenas.
    Yo tenía entendido que el parlamento final de Roy Batty fue escrito por el propio Rutger Hauer y que se lo sugirió a Ridley Scott. Lo que ya no sé es si esta historia es tan cierta como las otras.
    Aunque, qué importa… Es uno de los momentos más grandes de la historia del cine.
    Un saludo.

    werther
    11 noviembre 2010 at 14:58 pm

  3. También hay quien dice que todo es una maravillosa invención de Juan Manuel de Prada, un monumental hoax que prefigura la actual tendencia al fingimiento cibernético.

    Caras B
    16 noviembre 2010 at 9:13 am

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