La serie infinita de Fibonacci: una conversación con Vicente Luis Mora

Por Savonarola Brown

Esta no será una entrevista al uso sobre los puntos de vista de Vicente Luis Mora acerca de [inserte aquí el tema que usted prefiera]. Se trata, como no podría ser de otra manera, de una entrevista diferente, una conversación alambicada y, a ratos, obscura (con “b”) sobre percepciones, impresiones, mentiras y proyectos imposibles, siguiendo la serie infinita de Fibonacci.

1. ¿Cómo definiría su cine?

Es un engendro a medio camino entre Metrópolis de Lang y las paranoias atemporales de Wong Kar Wai (siempre que escribo el nombre me sale Kong War Kai, lo que a su vez aludiría a otro tipo –interesante- de registros cinematográficos). Me interesa filmar a individuos en crisis dentro de espacios que tienen a superarlos por su capacidad simbólica, por su genius loci.

1. ¿Cómo definiría su cine si le hiciesen ésta pregunta una segunda vez?

Como un western rodado dentro de un submarino.

2. Usted vive en Nuevo México, en una especie de destierro de lo español (como si en 1900 usted se hubiese instalado en Cuba o Filipinas). ¿Se siente como Drogo, el protagonista de El desierto de los tártaros o la globalización es tan fuerte que ya no siente morriña?

Nuevo México es un lugar de encuentro de culturas fascinante pero, como bien apunta, me considero ciudadano del mundo. Prefiero pensarme global a globalizado, eso sí, no puedo ignorar los graves condicionantes socioeconómicos que lleva detrás el término globalización.

3. ¿Es usted un flâneur 3.0 o prefiere alejarse de etiquetas?

Hermosa definición, también me gusta la de nómada digital. Por cierto, no tiene nada que ver con la pregunta, pero me encanta la serie de Fibonacci que utiliza, escribí un poema usándola como estructura hace muchos años.

5. Si hubiese de manifestarse en defensa de un sistema filosófico que le impactase durante su etapa de estudiante, ¿cuál elegiría?

Schopenhauer, claro, que de forma temprana me enseñó una sugerente vía para hacer pensamiento y estética al mismo tiempo. Sí, no soy muy original, lo sé, pero la culpa es de Schopenhauer, no nuestra.

8. ¿Qué inquieta a un crítico literario, poeta, ensayista y escritor de 40 años?

Pues cosas que no le preocupaban al de 39, resumidas en el estupendo poema de Wallace Stevens “Cómo vivir, qué hacer”, que mi amigo Javier Fernández y yo tradujimos en los noventa como un juego y que ahora me atenaza el cuello como una alambrada.

13. Nos gustaría saber de dónde surgió la idea de su obra Circular 07. Las afueras (Berenice, 2007), aquél work in progress conformado por una suma de historias y poéticas en torno a la ciudad de Madrid, y enlazadas mediante la nomenclatura de sus calles, barrios, etc.

Un día lo vi, eso es todo. Un día me dije: por qué no escribir Madrid por completo, por qué no dedicar un fragmento a cada calle y cada plaza, por qué no registrar todos los tonos y matices de todos los tipos de idioma español que pueden escucharse en la ciudad, por qué no introducir en ese proyecto todos los géneros y modos literarios que existen, desde el microrrelato a la publicidad, de la letra de canción al ensayo breve, del poema a la bibliomaquia. Y ahí sigo, doce años después, anteayer terminé el último fragmento hasta la fecha. Este fragmento me ha salido un poco más largo, tiene 157 páginas. Será la edad.

21. ¿Qué le reportó personalmente un trabajo tan pangeico –usando su propia terminología– y absoluto?

Una libertad creativa que no sabía que existiera. Tenga usted cuidado o a este paso acabará usted dentro del libro.

34. Yendo a su Subterráneos (DVD, 2006), hay en el libro varias historias ciertamente impactantes como, por ejemplo, Solteht o Hábitat, dos cuentos muy introspectivos en la línea de Borges o Lem y que parecen sacados de la sección de sucesos de un viejo periódico o de un imaginario ballardiano. ¿Algo que decir?

Espero haberlo dicho en los propios relatos. Es una línea narrativa a la que volveré muy pronto, pero ahora dentro de una novela.

55. En una nota titulada “Breve justificación”, fechada en 2003 y colocada al comienzo de su obra Autobiografía (Novela de Terror) (Universidad de Sevilla, 2003), leemos una serie de referencias a un pasado posible. Por ejemplo, en el poema “(7)”, donde se dice: “Ansiando Ser Mayor A toda prisa / […] / Eso también se cura con los años: / ser niño es escuchar esas mentiras”. ¿Aún tiene “asma” o sus búsquedas son cada vez más calmadas? ¿Se oculta cada vez más? ¿Huye, así, del preciosismo?

Cada vez tengo más asma, aunque ya no sé si mis dificultades para respirar con tranquilidad se deben a fenómenos asmáticos, a la ansiedad o al estrés. Los viejitos tenemos estos achaques.

89. Sabemos que ha leído Mutatis Mutandis –seguimos su Diario de Lecturas–, el libro de Javier García Rodríguez donde se crítica a la llamada “Generación Nocilla”. Pero no queremos preguntarle por eso, sino por la aparente necesidad de posicionarse forzosamente para alejarse de un grupo que se cohesiona más cuanto mayor es su empeño en mostrar su inexistencia (a colación del texto-confesión que colgara hace meses en su blog). ¿Qué opinión le merece todo esto?

Buf… Desde hace tiempo sólo hablo en tercera persona (recomendación de André Gide) de todo esto. Quiero decir: cuando me preguntan hablo de ellos y de su literatura, que me sigue pareciendo de lo mejor que se hace en castellano en estos momentos. Y parece que incluso la crítica tradicional comienza a darse cuenta, a la vista de los elogios que han cosechado las últimas obras y ensayos de este no-grupo.

144. En una entrevista de hace un par de años (revistateína, octubre 2008), usted habla de la circunstancia pangeica del futuro Circular. ¿Sigue siendo así? ¿Existe dicho proyecto?

Sí, existe. Pero es un proyecto que requiere conocimientos informáticos que no tengo o un dinero para pagar a un experto del que carezco. Así que está ahí potencialmente, en fantasma.

233. En el número de septiembre de 2010 de Quimera, usted alcanzó un grado de perversión digno del Welles de Fraude (F. for Fake, 1973). En dicho número, un hoax en toda regla, colmó el vaso de lo posmoderno, deconstruyendo la realidad a un nivel nuevo. Llevó a cabo una crítica –bajo seudónimo– de Circular 010. El centro, un libro que se le supone siempre en progreso, obteniendo como premio la desaparición absoluta de la figura de Vicente Luis Mora. Su crítica es tan cruel que sólo podría estar escrita por usted mismo, pues critica lo que defiende y lo hace con demoníaca intensidad. ¿Cómo explica todo esto? ¿Es la cima de su hoax?

Es usted un tipo listo. Si me llega a preguntar: “¿Acaso esa devastadora autocrítica no puede también ser parte de Circular?”, hubiera usted ganado el premio al Mejor Entrevistador del Año. Se lo desvelo aquí y ahora, porque usted lo vale: esa autocrítica es en realidad un relato de la próxima entrega de Circular. A lo mejor eso explica el plus de intensidad que usted parece advertir. Lo que se propone la pieza es en puridad alertar sobre la capacidad de los “lectores” de las editoriales, esas personas externas a la casa a quienes se encargan informes para decidir sobre su publicación. Me consta que hay lectores buenos y otros terribles y prejuiciados. El libro que en la falsa reseña se describe, que no es ninguno mío, sino una historia que no existe relativa a un tal S.P., sería una obra maestra si alguien la hiciera tal y como ahí se describe, configurada su estructura según el nivel psicológico de respuesta del personaje. Sin embargo, el lector editorial que hace su mecánico informe no entiende lo que ocurre realmente en la novela, y recomienda al editor no publicarla. Me pregunto cuántas veces sucederá esto en la cotidianidad de las editoriales.

377. ¿Leyó ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (Seix Barral, 2007), de Isaac Rosa? ¿Qué opinión le merece ésta clase de literatura? ¿No hay algo de autocomplacencia en una búsqueda tan acerada de la perfección?

Creo que Derrida hubiera disfrutado ese libro. Y no, no creo que la perfección sea autocomplacencia, sino todo lo contrario: son los mediocres quienes no buscan ser mejores; son los orgullosos y necios los que nunca estarían horas y horas criticando, corrigiendo y revisando el propio trabajo. Es una lección que aprendí de la vida de Juan Ramón Jiménez: se le acusa de soberbio, y sin embargo su rescritura constante, la insatisfacción hacia lo ya escrito, el pasar años sin dar un texto por cerrado y considerando su valiosa obra publicada como insuficiente me parece la más profunda lección de humildad posible.

610. Cambiando de tercio, observamos sus gustos musicales vía FB y vemos que aparecen Radiohead, Vega o Pearl Jam. ¿Es usted un chico indie en el cuerpo de un hombre de Córdoba o simplemente es puro eclecticismo? ¿Escucha música escribiendo? ¿Le gusta descubrir grupos (vía last.fm, por ejemplo) o siempre va sobre seguro?

Soy ecléctico, sí. Ayer viernes por la noche estuve pinchando por gusto en Youtube y escuché Siouxsie and the Banshees, Radio Futura, hip hop estadounidense, marroquí, francés y alemán, The Breeds y Metallica. Supongo que se ve claramente el hilo conductor entre todo eso. Sí, ninguno, acierta usted.

987. ¿De dónde saca el tiempo un director del Instituto Cervantes para escribir ensayos,  críticas, novelas, poemarios y leer a ese ritmo frenético? ¿De verdad tiene vida social?

No, no tengo vida social, ni apenas vida televisiva, ni fines de semana, ni noches. Mi jornada de trabajo (entendiendo por trabajo todo lo que usted cita en su frase) comienza a las 6.30 am y acaba, con suerte, a las 11.30 pm incluyendo sábados y domingos. Llevo así desde que acabé la carrera; de momento puedo aguantar el ritmo. También debe usted de pensar que entre 1990 y 2000 estuve escribiendo como un loco sin publicar nada; parte de lo escrito durante esos diez años ha comenzado a salir ahora. Es decir: no necesito escribir para publicar, sólo revisar y pulir lo ya escrito. Cuando escribo algo nuevo los libros tardan años en hacerse: Alba Cromm y Tiempo, cinco años, Construcción, ocho, precisamente porque no tengo la regularidad de escritura que me gustaría. Cuando escribía Alba, podían pasar dos semanas entre la escritura de una página y la siguiente. En lo de las lecturas creo que ayuda mi velocidad; la última vez que hice una prueba tenía 900 palabras por minuto, y 1300 en modo búsqueda (es decir, si estás buscando una palabra concreta dentro de un texto). Eso hace que si estoy concentrado pueda leer un libro de tamaño medio en hora y media, recordando durante años buena parte del contenido, y además puedo encontrar en segundos una escena que estoy buscando aunque haya pasado mucho tiempo. Una vez hice una reseña de una novela un año después de haberla leído, sin tener el volumen al lado. El autor, muy conocido por cierto, me felicitó por la reseña.

1597. Año en el que Shakespeare publica la 1ª parte de Enrique IV, ¿desea añadir algo para terminar la entrevista?

Enrique IV es de lo poco de Shakespeare que no he leído aún, de modo que no puedo terminar con una cita. Esto una buena prueba de lo que antes decía: por mucho que trabajes siempre quedan cosas por hacer, siempre hay que aprender, siempre hay un libro más, fundamental, que no has leído.

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