“El mal, o El drama de la libertad”, R. Safranski

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El mal, o El drama de la libertad. Tusquets. 288 pp., 14.90 €.

¿De dónde surge el mal y por qué? A partir de estas dos preguntas plantea Rüdiger Safranski su investigación. La primera se refiere al origen: tanto en los relatos bíblicos como en las teogonías griegas aparece la sospecha de que el caos, la violencia y la destrucción no sólo son el principio de todas las cosas, sino que siguen ahí, latentes en la civilización. La segunda, el porqué del mal, nos enfrenta al tema de la libertad y al hecho de que el hombre es, como se ha dicho, el “animal no fijado”, el que tiene la posibilidad de elegir. Pues, tarde o temprano, con mayor o menor intensidad, y desde una u otra posición, todos acabamos teniendo que afrontar la experiencia del mal. Como en cada uno de sus libros, Safranski muestra su talento para convertir la historia d euna idea en un viaje apasionante a lo largo de la literatura, la filosofía, las religiones y el arte de Occidente.

Primeras líneas del “Prólogo” de Safranski:

«No hace falta recurrir al diablo para entender el mal. El mal pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad. El hombre no se reduce al nivel de la naturaleza, es el “animal no fijado”, usando una expresión de Nietzsche. La conciencia hace que el hombre se precipite en el tiempo: en un pasado opresivo; en un presente huidizo; en un futuro que puede convertirse en bastidor amenazante y capaz de despertar la preocupación. Todo sería más sencillo si la conciencia fuera simplemente ser consciente. Pero ésta se desgaja, se erige con libertad ante un horizonte de posibilidades. La conciencia puede trascender la realidad actual y descubrir una nada vertiginosa, o bien un deshacerse de la sospecha de que posiblemente esta nada y Dios sean la misma cosa. En cualquier caso, un ser que dice “no” y que conoce la experiencia de la nada puede elegir también la aniquilación. En relación con esta situación precaria del hombre, la tradición filosófica habla de una “falta de ser”. Las religiones nacen sin duda de la experiencia de esta deficiencia. La sabiduría que puede hallarse en ellas consiste en representarse la imagen de un Dios que exonera a los hombres de tener que ser unos para otros el horizonte entero y último. Los hombres pueden dejar de recriminarse recíprocamente por su falta de ser y de responsabilidad entre sí por sentirse extraños en el mundo»…

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