El Islam no es lo que crees

Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

Encendemos el televisor y vemos que el mundo árabe ha despertado de un sueño que queríamos ignorar. A nuestros hogares llegan imágenes de países que la mayoría no sabría situar en el mapa y muchos menos dar el nombre de quienes los gobiernan. Pero el desconocimiento del ciudadano occidental no implica la ignorancia de sus gobernantes. Y es que éstos bien sabían lo que estaban consintiendo y apoyando: tiranías con mano de hierro. Ahora, en un acto de cinismo político –son tantos que ya nos cuesta reconocerlos- los americanos y los europeos se hacen los sorprendidos y buscan cómo responder a unos acontecimientos que están haciendo trizas los planes establecidos. Pero a todos estos países no sólo les une tener o haber tenido un gobierno déspota, les une también, y ante todo, una religión común, y nosotros creemos que sería un buen momento para acercarse a ella e intentar comprender un poco a todos aquellas personas que la practican. Una buena manera de hacerlo es a través de la obra que hoy reseñamos, en ella, su autor, Abdelmunin Aya, nos da las claves necesarias para comenzar a entender el Islam.

Antes que nada, y como punto cero, se nos advierte que la única manera de acceder correctamente a esta religión es a través de su libro sagrado, el Corán, y, en consecuencia, la necesidad de buscar una buena traducción al castellano en la que no se pierda ni el significado íntimo de las palabras ni la fuerza y riqueza expresiva del texto. Sobre todo, hay que huir de las traducciones que se han apoyado en conceptos cristianos, ya que de ellas, y según Abdelmunin, han nacido los principales malentendidos entre el Islam y Occidente. Una vez hecho este primer aviso es el momento de pasar a hablar de las claves que hemos prometido. La primera de ellas, es que en el Islam no existe la noción de pecado original como en la tradición judeocristiana. Así, el hombre no está manchado por ninguna culpa primigenia que debe ser expiada. Pero no sólo no creen en el pecado original, si no que el mismo concepto de pecado es entendido de manera diferente a como la entienden los cristianos. Para un musulmán, cuando un hombre comete un pecado éste jamás puede ofender a Dios. Y es que, para ellos, y mostrando una sentido crítico que me gusta, somos muy poca cosa como para poder provocar en Alá cualquier tipo de enfado. Así, la ofensa no se establece entre Dios y el hombre, si no entre el hombre consigo mismo y con los demás. Otra de las cuestiones claves es que en el Islam se rechaza a todo intermediario entre el hombre y Dios, de esta modo, el creyente mantiene una relación inmediata, no mediada, con Alá, hecho que nos lleva a no encontrar nada parecido a una excomunión, ya que nadie tiene permiso para juzgar la relación del otro con Dios. Lo siguiente que Abdelmunim nos dice es sobre el rechazo de Mahoma a toda sofisticación teológica, y es que sus enseñanzas no pretenden dirigirse a la inteligencia del hombre sino a su cuerpo y a sus emociones. Mahoma no pretende demostrar a Alá, sino enseñar la manera de estar en armonía con Él a través de un determinado modo de vida. Así, su mensaje está dirigido a la experiencia y no al raciocinio. Y será, precisamente, ese mensaje lo que encontremos en el Corán. Ninguna especulación teórica, simplemente el modo de ser musulmán y así la manera de estar en armonía con uno mismo y con Alá.

Después de leer el libro uno queda satisfecho. Todo lo que pone en él es razonable y es presentado de una manera clara y con el lenguaje hermoso y acertado. Ahora bien, tanta conformidad asusta. Quiero decir que se nos presenta el lado “teórico” y se omite el práctico. Y es que lo que se nos explica no parece coincidir con el modo en el que Islam se presenta. Pasa algo parecido como con el comunismo, la teoría puede convencer pero no, desde luego, su puesta en práctica. Así, el autor ha facilitado mucho su trabajo omitiendo la tarea de dar cuenta de esa falta de relación entre lo que se dice en el libro y lo que nosotros hemos podido ver a través de la Historia: la falta de igualdad entre hombres y mujeres, por no decir otra cosa; la no separación entre política y religión; y la falta de respeto por aquellos que no creen en ningún Dios, porque a los creyentes de alguna de las religiones del libro, judaísmo y cristianismo, se les reconoce su espacio, pero los ateos son considerados como enfermos espirituales.

En definitiva, la obra, a nivel teórico, es más que interesante y destaca por su belleza y precisión, pero parece que su autor no ha querido ir más allá y ha optado por ahorrarse las dificultades que ya hemos mencionado. Y este punto, sinceramente, no nos deja del todo satisfechos.

Título: El Islam no es lo que crees.

Autor: Abdelmunin Aya.

Editorial Kairós.

Año de publicación: 2010.

Precio: 14 euros.

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2 respuestas a El Islam no es lo que crees

  1. La práctica se ha ido pervirtiendo. El mundo islámico comparte el Corán, pero su interpretación, y puesta en práctica, puede diferir mucho.
    Encuentro lógico que el autor se limite a la parte teórica, raíz, del Islam. Salir de ahí, se presentaría como una interpretación más de las muchas que hay.

    almorro
    23 febrero 2011 at 15:48 pm

  2. Sí, es cierto lo que dices: la práctica se ha pervertido y cambia mucho entre los diferentes lugares. Ahora bien, no sólo la práctica. La teoría tampoco es la misma para todos. Sin ir más lejos este autor critica la visión que da la tradición sufí o las concepciones que surgen en las Falsafas. Y si se atreve a dar una visión teórica determinada, debería dar también, o por lo menos esa es mi opinión, la correspondecia práctica. Pero de todos modos, el libro merece la pena.
    Un saludo.

    Gonzalo Muñoz Barallobre
    23 febrero 2011 at 16:40 pm

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