El mundo bajo los párpados

Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

Todos los libros de la editorial Atalanta que han caído en mis manos, están entretejidos por un sentido común: deconstruir una visión determinada de lo real. Una manera de mirar que emergió después de la Modernidad y que, a pesar de los nuevos hallazgos de la ciencia, sigue vigente entre nosotros.

¿Cuál es esta cosmovisión? Un materialismo decimonónico. Una “religión” que adolece de literalismo. Pero la materia ha dejado de ser ese algo conocido que enfrentábamos orgullosos a arcanas creencias, y ella misma se ha convertido, a día de hoy, en un enigma.

Decíamos que en Atalanta, en su actividad editorial, vemos un ejercicio de deconstrucción. Pues bien, El mundo bajo los párpados parece ser su coronación. Y es que es como si las otras publicaciones, y con estas palabras no pretendemos restarlas ni un ápice de valor, hubieran preparado el espacio para que este libro viera la luz.

El punto de partida, el puerto desde el que se inicia la aventura, es una advertencia: nunca se ha escrito una Historia de los sueños. Es decir, la mitad de nuestro tiempo, de lo que somos, se ha entregado al olvido. Así, todos los libros de Historia, millones y millones, tan sólo dan cuenta de la mitad de lo que somos. Nuestra existencia ha sido partida por la mitad y una de las partes se ha despreciado sin ningún pudor. Y tal vez, en esa mitad despreciada estén las claves necesarias para resolver el misterio que nos habita. Intentar recuperarlas será el corazón de la obra que hoy reseñamos.

¿Cuáles son las rutas abiertas y seguidas por Siruela? Cinco, de las cuales cuatro me han llamado especialmente la atención. En la primera, se nos habla del valor que tiene el sueño a la hora de resolver los problemas vitales que nos aprietan a diario. Y es que, mientras dormimos, los acontecimientos parecen descifrase y entregarnos las soluciones que durante la vigilia, de alguna manera, se nos niegan. Respuestas que influirán de manera decisiva en las decisiones que luego tomemos durante el día. La segunda ruta, es una genealogía del papel terapéutico del sueño en la antigüedad. Así, se nos hablará de los santuarios que bajo el signo de Asclepio servían como lugares de sanción. Sitios enigmáticos que se regían por la siguiente creencia: durante el sueño el hombre entra en contacto con lo sagrado. Y de esa experiencia, conocida como incubación, el enfermo salía libre de la enfermedad al haber recuperado la armonía perdida. En el tercer camino, se nos invita a viajar por una hipótesis muy sugerente: en el sueño el espejismo del tiempo lineal se desvanece, dando lugar a una visión en la que el pasado, el presente y el futuro danzan mezclados e indiferenciables. Así, asistimos a una especie de visión total, aquella que otorgaba la mesa del rey Salomón, y presenciamos los acontecimientos libres de la violencia de esa concepción del tiempo que la lógica del sentido común nos impone. De este modo, el futuro, en un juego sutil que flirtea con lo irreal, se nos anuncia. Bastará un ojo atento para poder entreverlo. Pero si este tercer sendero parece sugerente, esperen a llegar al último de los viajes que en este libro se nos proponen: la relación del sueño con la muerte. Una relación que nos invita a pensar que somos algo más que un volumen de carne arrojado en un universo unívoco y predecible. Y es que, mientras dormimos habitamos una realidad que incumple, con inocencia y alegría, la mayoría de las leyes que durante la vigilia nos determinan violentamente. Así, experimentamos una nueva manera de ser que parece invitarnos a pensar que la muerte del cuerpo, del acuerdo entre carne, tendones, sangre… no es más que un límite fingido. Pero ese mundo que se enciende cuando los párpados se cierran, enseña, a quien quiera mirar y creer, que nuestra psique se debe a otras normas y pertenece, también, a otras dimensiones de lo real a las que el cuerpo es completamente ciego.

Como se puede leer, celebramos el contenido de esta obra, pero también queremos hacer referencia a su forma. El texto respira a través de un estilo elegante y pausado. Un texto intercalado con imágenes que ayudan a estimular nuestra imaginación y a que los violentos límites de la racionalidad se relajen y permitan a las palabras llegar a las emociones y, a través de ellas, al fondo enigmático sobre el que nos erigimos. No nos queda mucho más que decir, salvo que creemos estar ante un ensayo balsámico, fresco y que apuesta por mirar al mundo de una manera más abierta y, en definitiva, más enamorada.

El mundo bajo los párpados

Jacobo Siruela

Atalanta (2010)

348pp. 23euros.

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