Eva al desnudo

Por Fernando Marañón.
 

Anoche soñé que volvía a Manderley…

 

…Pero mi fantasía sustituyó en la pantalla aquel decorado en ruinas por otro que aún estaba en llamas:

 

Anoche asistí a la entrega del trofeo Sarah Siddons para actuaciones distinguidas, a tiempo de conocer a lo más granado del teatro newyorkino y presenciar el mejor flashback de la historia del cine. Un flashback para saberlo  todo acerca de la ganadora y sobre lo que significa ganar y perder.  Todo acerca de Eva Harrington, pero también de Karen Richards y, en especial, de Margo Channing. Porque si algo retrata con exquisita precisión esta película, más allá de las verdades acerca del teatro, la ambición, la fidelidad, el amor, el poder o la fama y su facilidad para convertirse en cenizas, es las tres maneras más absorbentes que existen de ser mujer.

 

La de Eva, esa joven aspirante a estrella disfrazada de mosquita muerta, experta en la adulación y el chantaje, que a primera vista pasa por una pobre huérfana social, el papel más adecuado para inspirar lástima si eres hermosa; que embauca y seduce con su drama y sus halagos a un grupo de amigos instalados en el éxito; que invade la vida de su ídolo para hacerla irresistiblemente cómoda, mientras aprovecha para estudiarla como el domador estudia al tigre (o viceversa), dispuesta a arrebatárselo todo a la primera oportunidad.

 

La de Karen, esa abnegada pero atractiva esposa, desenvuelta en un mundo de artistas sin serlo, capaz de cometer las mayores imprudencias por el ingenuo placer de mostrarles a sus amigos la imprevisibilidad de la vida real. La mujer duradera, la que, sin renunciar a sus lealtades, reivindica su espacio y conoce sus méritos. La que sin malicia es capaz de quitar importancia al peligro cuando acecha a su mejor amiga, pero lo percibe en su exacta dimensión en cuanto ronda a su matrimonio.

 

Y la de Margo. La gran dama de la escena, la fuerte, escéptica, triunfadora e independiente Margo. La crédula, insegura, bondadosa e irritable Margo. Una imponente mujer, tiránica y dulce, protectora y consentida, superviviente y naufrago. Enamorada de un hombre al que no sabe soltar ni retener, arrollándolo alternativamente con su encanto y sus celos. Margo Channing – Bette Davis, la señora indiscutible del teatro (y el cine) americano, incapaz de dominarse o fingir una vez que se baja del escenario y se enfrenta a la propia vida.

 

Por eso hay, en justicia, tres trofeos para tres mujeres al final de esta obra maestra: El que recibe Karen Richards de manos de su marido, por servicios prestados más allá de lo que exige el deber, cariño. El que se lleva Eva Harrington, por la mejor actuación del año. Y el que consigue Margo Channing cuando, felizmente casada con el hombre al que ama, puede decirle por fin la verdad más terrible sobre el éxito a la nueva estrella de Broadway: No te preocupes por el corazón, Eva. Puedes poner ese premio en su lugar.

 

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