Frivolidad total y absoluta

Por Silvia Herreros de Tejada.

 

En los últimos años, hay dos personajes que me han hecho reír a carcajadas: Alex, el compañero ucraniano del alter ego del autor Jonathan Safran Foer en Todo está iluminado; y la petarda de Becky Brandon (de soltera, Bloomwood), protagonista de la saga Loca por las compras de Sophie Kinsella. Al oráculo —por quedar bien— le gustaría dedicar su momento risueño al prometedor Foer, pero su predicción se decanta por la chick lit que ofrece Kinsella: contra todo pronóstico, una especie de Jane Austen moderna.

 

El nombre para este género literario que nace en los 1990 surge, supuestamente, de la ironía de dos estudiosos que categorizan este tipo de novelas como post-feminismo: una corriente que presenta a una mujer independiente del criterio masculino para encontrar su propia valía. Las protagonistas de la chick-lit suelen ser glamourosas, están estresadas, obsesionadas por su look, tienen miedo a que se les pase el arroz y buscan al hombre de su vida, pero —conflicto, conflicto— les cuesta encontrarlo.

 

Hay a quien la chick lit le resulta, en principio, cabreante; incluso ofensiva. ¿Es ésta la “mujer independiente del criterio masculino”? ¿Son estos los problemas clave que nos afectan a nosotras, las mujeres post-feministas del siglo XXI? No, evidentemente. Aunque de alguna manera, sí. Claro que sí. Pero, en cualquier caso, ¿qué más da eso? Lo admirable de este género es precisamente la ironía que se toma con respecto a sí mismo. Esta literatura específicamente para chicas (y que se distingue de la novela romántica tal cual) presenta a un arquetipo tan absurdo como su propio concepto. Es decir, la mayoría del tiempo se ríe de sí misma sin piedad alguna y por eso es tan divertida.

 

Los seis libros que componen la saga Loca por las compras (y habrá más, gracias Sophie Kinsella) siguen una línea de acción muy parecida a la de las novelas de Helen Fielding o Marian Keyes (o sí, de Austen). Becky es una heroína simpática de clase media, con ínfulas de pijotera, terriblemente torpe tanto con los hombres, como con su economía. Aunque trabaja de periodista especializada en finanzas, Becky está irremediablemente obsesionada con las compras. Es incapaz de no comprarse todo lo que le gusta y está endeudada hasta las cejas.

 

Por estas cosas que pasan en la vida (o mejor dicho, en las novelas), Becky acaba convirtiéndose en asesora financiera de un programa de televisión: trabajo que se le va al traste cuando se descubren sus deudas. Tras la humillación pública en la prensa rosa inglesa, no obstante, empieza a salir con el empresario Luke Brandon y se muda con él a Manhattan, donde se convierte en asesora de compras de una tienda de moda. Un trabajo perfecto que, unos libros más tarde —cuando el mundo entero está en crisis económica— no da mucho de sí. Los maridos no dejan que sus esposas compren cuando los bancos están en quiebra, pero a Becky se le ocurre una súper idea: los vestidos pueden llegar a las casas (a) en cajas etiquetadas como “material de oficina”;  o (b) en manos de una vieja amiga (ella) que su marido no conoce pero que le ha regalado a la mujer un montón de trapos que le quedan pequeños; o (c) estropear un poco la mercancía para que parezca “de segunda mano”.

 

Momentos absurdos como éste, a montones: dos bodas en dos ciudades y no atreverse a descartar ninguna; cartas a directores de banco sugiriéndoles planes de choque para la economía del país; una panda de amigos que se dedican a improvisar discursos en el bautizo de la hija de Becky para que el marido llegue a tiempo; mentiras tontas que siempre le pillan; una hermana recién descubierta a quien lo único que le preocupa es ahorrar lo máximo posible.

 

Aunque los conflictos son tópicos, Becky nunca es previsible. Es una heroína de esas vulnerables, que erra constantemente y que, además, presume de las frivolidades que una mujer de hoy —en principio— jamás se dignaría a exhibir.

 

Me pregunto por qué siento tanta simpatía por Becky. Igual es porque las lectoras de chick lit somos un nuevo tipo de mujer, pero también tenemos un poco de damiselas en apuros. Esta Loca por las compras tiene la dificilísima virtud de hacerme reír tanto como los “gabinetes de crisis” que se comparten sólo con las buenas amigas. Momentos absolutamente frívolos, sí. Pero cómo nos gustan.

 

 

***

 

La saga de Loca por las compras de Sophie Kinsella (Salamandra)

 

Loca por las compras.

Becky en Manhattan.

Becky prepara su boda.

Becky tiene una hermana

Becky espera un bebé.

Mini Loca por las compras (aún no editado en castellano)

 

 

Todo está iluminado de Jonathan Safran Foer (Debolsillo, 2009)

 

 

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