El agridulce adiós a Harry Potter

Por Blanca Muñoz Barallobre.

 

 

Toda una generación ha crecido con la saga Harry Potter y celebrado sus once años con la rabia de que ninguna lechuza cruzara su salón, quitándonos así la esperanza de que existiera un mundo distinto, o bien que no habíamos sido merecedores de la carta.

 

En mi caso fui coetánea de los tres personajes principales, Harry Potter (Daniel Radcliffe) Hermione Granger (Emma Watson) y Ron Weasley (Rupert Grint): sus travesuras y andaduras por el castillo eran ávidamente leídas por mí, creciendo con esos libros como un indispensable en la mesilla. Esperando a que saliera el siguiente y volver a adentrarme en un mundo en el que todos hubiéramos deseado crecer y vivir.

 

 

Ver crecer a cada personaje, verlo evolucionar, madurar, reír y llorar como si fueran viejos amigos con los que te reencuentras en cada libro, adelantando sus reacciones, con el tiempo, esas imágenes se hicieron reales cuando la locura mundial que creó su autora (J.K. Rowling) atravesó el papel para adentrarse en el celuloide, dando vida, forma, movimiento y color a aquello que antes sólo podíamos imaginar.

 

Cada director que fue pasando le dio su toque personal a la película, pero no fue hasta la aparición de Alfonso Cuarón en la tercera entrega (Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004)), cuando Harry, Hermione, Ron y el resto de los alumnos de Hogwarts empezaron a mostrarse más como individuos con historia propia, que como personajes que debían encajar  en el fondo del argumento.

 

 

 

Cuando el ultimo libro cayó en mis manos, no sabía como debía sentirme, alegre por tenerlo y poder devorarlo o dejarme llevar por la nostalgia a la vez que pasaba la página, dando final a un ciclo de doce años.

 

Leí el libro lo más rápido posible, saltándome alguna clase encerrada en el baño para poder terminarlo y ser de las primeras en poder comentar el mundo mágico de Harry. El último libro así como la ultima película dejan un sabor agridulce, lejos de acercarse al satanismo del que muchos lo quieren tachar, Harry y su ultima batalla no hablan más que de una radicalidad de elecciones a los que todos nos enfrentamos. Harry, cuando decide entregarse a Voldemort por amor, amor por todos sus seres queridos, emprende un camino de madurez, ya no son la sombra de sus padres, profesores quienes toman sus decisiones, que en muchas ocasiones lo salvan, ahora se limitan a acompañarlo, es el Harry adulto quien coge las riendas de su vida, eligiendo perderla, asumiendo las consecuencias de ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

No es la simple batalla del bien y del mal, de la luz y la sombra lo que encierra la saga, sino como nos afecta a cada uno los imprevistos de la vida, en las últimas escenas conocemos un Harry que camina sereno hacia la muerte, soltando todo el lastre que lo ha sumido en la oscuridad durante los años previos, la muerte le devuelve a una vida que sólo le pertenece a él, sin dualidades.

 

La adaptación al cine de esta última parte (Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte 2 (2011)) ha sido maravillosamente fiel al libro, para quienes lo hemos seguido desde el día cero, sintiéndonos crecer con ellos por sentirnos acompañados desde los once hasta los veintidós años; ahora, a pesar de sentir como un viejo amigo se marcha para no volver, dejando un regusto amargo, nos alegramos por el simple hecho de que haberle conocido.

 

 

 

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte 2 (2011) se estrenó en España el pasado 15 de julio de 2011.

 

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