Poemas de Gloria Zúñiga

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Gloria Zúñiga, novelista y poetisa, autora de “El Reloj”, “Detrás de la Escoba”, “Manuscrito en WOLOF”, “El conjuro de Rachel” (en proceso de edición), “Suspiros de Gloria” y “DARIUS, El hijo del mar”.

 

Te fuiste

 

Levanto la mirada entre los albores del sueño
y vislumbro tu silueta inerte amarrada a mi recuerdo. 

¡Desnudo mis fuerzas en un litigio prolongado
en la agonía acérrima de tu silencio;
derramo el coraje impetuoso de este espíritu inquieto
para desgarrar tu rostro de ese imperturbable lamento
que ensordece mis sentidos hasta esclavizarlos
en un prolongado paréntesis que resulta imperecedero!

 

Agacho mi mirada entre los albores de este duelo
y camino hacia la aurora, a sabiendas que yaces en mí,
incandescente, en la estela impermeable de ese primer beso.

 

Y no te tengo… Y ya habías muerto…

 

Amor de juventud, verdad de mi existencia.
¿Por qué enlutas mi alma en la congoja de tu ausencia?

 

Un instante


Un solo instante…

Quiero romperme en tu pecho, tan sólo por un instante.
Anhelo dormir sobre tu cuerpo, tan sólo por un instante.
Saciar mi sed en tus labios, ¡nutrir a mi estómago desahuciado!
Beber en tu lecho excitado, tan sólo por un instante.

 

Deambular por tu piel desnuda, tan sólo por un instante.
¡Romper la inutilidad de mis dudas
en la caricia de tu flor incandescente, tan sólo por un instante,
y morir cual yegua malherida en el eslabón de tus deseos…,
tan sólo por un instante!

 

Un instante de tu pecho,
un instante de tu cuerpo.
¡Un instante de tus labios, de tu piel y de tu lecho!

Un instante de ti… tan sólo eso.

 

Destellos sombríos


El amanecer emite de nuevo el aullido del quebranto
mientras que tu audacia cobra intensidad entre la desnudez de mis brazos.

Desde el balcón de un nuevo horizonte imaginario
se nutren nuevas ilusiones emergentes del incipiente soslayo
que desemboca, atropelladamente, en la impía del engaño.

 

Mis ojos atrapan vestigios de destellos sombríos
de un paisaje uniforme, imbatible al desapacible maltrato
que la suspicacia de tus ojos morenos tentaron a ciegas
en la tenacidad de un recuerdo ya olvidado.

 

¡Ruge la vida entre el sabor de este abrazo!

 

Huye cobarde la sombra de tu advenimiento temprano
suspendida, tan sólo, en un verso enamorado.

 

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