Pedro Juan Gutiérrez

Por Juan Carlos Vicente.

El animal tropical es una especie literaria en extinción. Pedro Juan Gutiérrez parece saberlo y por ello no para de reclamar su posición desde sus libros. Nada está escrito o dicho al azar: el sexo, la bebida, la pobreza, la vista desde una azotea en la que soportar el hambre, todo forma parte de su imaginario literario, pero también de una realidad que nada tiene que ver con las campañas turísticas promovidas por las agencias de viajes. Quizá por eso, el mismo se encargó de escribir una guía de viajes nada convencional, Corazón mestizo, la cual es otro viaje más a bordo de una realidad que no admite viajeros con el estómago débil.
Escritor incansable y poseedor de un estilo claro, directo y sin disfraces, nos muestra cómo sobrevivir cuando todo parece ir hacia el abismo. Su obra abarca desde conocidas sagas de novelas como Ciclo de centro Habana, compuesta por La trilogía sucia de la Habana (formada a su vez por Anclado en tierra de nadie, Nada que hacer y Sabor a mí), El Rey de la habana, Animal tropical, El insaciable hombre araña y Carne de perro, además de libros de relatos como La melancolía de los leones y Cuentos de la Habana, y varios libros de poesía: No tengas miedo Lulú, Yo y una lujuriosa vieja negra, Espléndidos peces plateados, Lulú la perdida y otros poemas de John Snake y Morir en París.

-Dices en uno de tus textos “que un escritor escribe como vive”, ¿cómo es la vida de un escritor en La Habana?
Bueno, La Habana, como toda ciudad que se respete, son varias ciudades dentro de una. No es igual vivir en Centro Habana o en otro barrio pobre, que vivir en Miramar o en otras zonas más elegantes. En mi caso llegué a Centro Habana en 1988, ya con 38 años, conocía el barrio por supuesto, pero vivir en este lugar es otra cosa. Ya son 23 años. Y no salgo de mi asombro. Aunque la etapa difícil de hambre y miseria total ya pasó. Esa década de los 90 fue terrible y me quedo corto. Uno escribe desde el asombro. Yo al menos escribo siempre desde el asombro. Una costumbre que seguramente obtuve haciendo periodismo durante 26 años. Me gustaba escribir sobre temas llamativos y diferentes, evitando en lo posible las rutinas del oficio.

-Tardaste treinta años en encontrar tu “voz” narrativa, ¿qué buscabas exactamente?
Ningún artista o escritor sabe exactamente qué es lo que busca. La literatura no es una ciencia. Quizás buscaba lo que algunos llaman “mi propia voz”. O escribir sobre cosas duras, fuertes. No sé. Yo escribía sobre todo cuentos y poemas. Una novela. La mitad de otra. Y lo escondía todo porque no me gustaba. Al fin en septiembre de 1994 escribí un cuento que me gustó mucho y seguí seguí. Durante tres años escribí 60 cuentos y al final eso era Trilogía sucia de La Habana. Y se me quedaron cosas por dentro y dos meses después escribí EL REY DE LA HABANA. Creo que me llevó mucho tiempo y mucho trabajo encontrar mi estilo. Cuando salió Trilogía ya tenía 48 años. Y se disparó enseguida. Ahora la han publicado como en 23 paises. Y sigue. En España tiene creo que 11 ediciones más todas las de bolsillo.
-Has trabajado en multitud de empleos, desde zapador a periodista, pasando por trabajos en el campo o en astilleros. ¿Cómo afectó a tu visión literaria el no ser un escritor académico al uso?
Desde muy jovencito fui deportista, mujeriego, un poco borracho tal vez, a los 16 años cogí mi primera borrachera que duró 48 horas. Me gustaba moverme, tener muchos amigos, viajar continuamente. Bailar guaguancó. Los carnavales era el tiempo más feliz de mi vida cada año. Y leer un poco. Sólo lo que me gustaba mucho. No leer por disciplina. Era mal estudiante. Siempre sacaba las asignaturas por un pelo. En fin, lo tenía claro. Lo he tenido claro siempre. Veía a los muchachitos flaquitos en la facultad de letras de la universidad, flaquitos, endebles, con gafas, peluditos. ¡No! Yo no quería ser así. Quizás inconscientemente mi modelo era Hemingway y no Joyce ni Proust. Por suerte hice un curso de periodismo en La Universidad de La Habana. Cinco años para obtener una licenciatura y ahí tuve que estudiar literatura general, con los mejores profesores de la Universidad. Y eso fue estupendo porque obtuve un panorama general del asunto. Y ya. ¿Para qué más? No hay que saber tanto. El exceso de conocimiento destruye la audacia, la creatividad, la osadía. Hay que ser un poco ignorante. No mucho. Sólo un poco.
-Tanto en poesía como en prosa, tus textos tienen un marcado carácter autobiográfico, a menudo hablas con el diablo John Snake sobre estas cuestiones. ¿Es una bipolaridad necesaria, para mantener distancia y cordura, el diálogo con uno mismo?
Yo, a pesar de todo, soy un ser solitario, con vocación de anciano monje budista, aislado en lo alto de un monte, observando la Naturaleza, orando, y escribiendo haikus, consciente de que la vida es infinita, sin principio ni fin. Y que debo ayudar a los demás a comprender esta verdad. Y al mismo tiempo, sabiendo que en cada reencarnación soy una persona diferente, absolutamente diferente. Dentro de mí habitan miles de personas diferentes que soy yo mismo. Miles o millones quizás. No sé. Ahora acabo de terminar una novela que se desarrolla en Europa en 1998-99. Es un cubano que intenta abrirse paso en varios países de Europa. Y en algún momento de la escritura (¡¡¡me llevó 13 años!!!) comprendí que en mi vida anterior me habían asesinado el 6 de junio de 1944, yo era un soldado de USA y los nazis me mataron al desembarcar en una playa de Normandía. No bien pisé tierra seca me mataron con una ráfaga de ametralladora, sin tirar ni un balazo. Fue una muerte lenta y dolorosa. Lo percibí al escribir algo sobre mi infancia y todo vino con claridad. Y lo escribí también. Está en la novela. En el fondo todos mis libros son una especie de memoria autobiográfica. He vivido tan intensamente, vivo tan intensamente, que puedo seguir y seguir.
-¿Ha sido la literatura un salvoconducto que le ha permitido escapar del descreimiento, la pobreza y el pesimismo que existe en una ciudad como La Habana? ¿Ha cambiado en algo tu visión del mundo a medida que has ido cumpliendo años?
Sí, claro que todo cambia. Ahora con 61 años mi vida es muy diferente a como era a los 48 años cuando publiqué Trilogía sucia. Y ni qué decir de los 20 y los 30 cuando yo era Supermán invulnerable. El Tigre de la Malasia. Vas perdiendo capacidad física y ganas en sabiduría, en análisis, en experiencia. Yo al menos he ido llenando mi corazón de amor, compasión y generosidad. Antes todo era fuerza, coraje, valor, irascibilidad, agresividad, lujuria desenfrenada, potencia. Creo que estoy vivo de milagro. Vivo y con buena salud. Por el camino que llevaba hubiera muerto de sida, cirrosis hepática, suicidio, o asesinado. Ya veremos de qué muero en esta ocasión. Es un gran enigma. En cuanto a la primera parte de tu pregunta, la literatura, o la escritura, es un ejercicio contínuo de análisis y reflexión. Pensar es un lujo. Pocas personas en este planeta piensan. Con criterios propios, quiero decir. Así que por eso los políticos en todas las épocas y en todos los países temen a los escritores, a los intelectuales, a los filósofos. Y los reprimen o les dan premios y prebendas, para acallarlos y que agradezcan. Somos una especie peligrosa. Ya he tenido que rechazar algún premio pa que no me jodan la vida.
-A día de hoy se sigue hablando del carácter alegre del cubano, cosa que en tus libros ha sido, si no desmitificado, sí al menos rebatido. ¿Es una falacia creada para atraer turismo?
No, en realidad, el cubano es básicamente alegre, jodedor, mujeriego, machista, carnavalero, bebedor y gozador. Básicamente. Es decir, que no todos los cubanos son así y no siempre somos así. Tenemos momentos de tristeza y dolor, como todo el mundo, pero siempre predomina la alegría, la capacidad de burlarnos y hacer chistes con todo lo que nos pasa. Creo que está en nuestros genes. Somos una mezcla de españoles (que, en general, son bastante socarrones, envidiosos, arrogantes y autoritarios) con africanos que son muy musicales, alegres, todo les da igual, tienen la picha larga y les gusta la gozadera. Así que de algún modo somos unos privilegiados porque esa mezcla es genial. Yo agradezco mucho haber nacido en esta islita provocadora, que es como una Betty Boop en medio del Caribe, enseñando el culito.
-Siempre se te compara con Bukowski y tú siempre lo niegas, es más, cuando hablas de influencias aparecen nombres como Kafka y Cortázar. Realmente, ¿qué escritores dejaron huella en tu forma de escribir?
Realmente fueron los comics: todos desde Supermán hasta La Pequeña Lulú pasando por El Pato Donald y Michey Mouse. Leí toneladas de comics entre los 6 años y los no sé cuántos, hasta los veintipico quizás. Y después leí mucho a los narradores norteamericanos como Truman Capote, Hemingway, Sherwood Anderson, Dos Passos, Faulkner, Caldwell y todo eso. Lo he dicho muchas veces: Cuando leí “Desayuno en Tiffanys”, de Capote, que es una simple noveleta de apenas 100 páginas, me dije: “Quiero ser escritor y escribir así. Esto no parece literatura, parece un simple chismecito, algo sin importancia que pasó en el barrio.” Y ahí comencé. Ese era mi objetivo, escribir confundiendo al lector, que nunca supiera qué es realidad y qué es ficción. Escribir sin que se vean las costuras. Bueno, ya te digo que me he pasado 13 años con mi última novela. A veces me detesto por ser tan perfeccionista.
-En España, tu obra poética está menos difundida, sin embargo en otros países son conocidas tus exposiciones relacionadas con la poesía visual. ¿Es un modo de expresión compatible con la escritura clásica de novelas o es un paso adelante hacía un nuevo futuro artístico?
En España he intentado publicar mi poesía pero a ninguna editorial le interesa. Quizás la consideran muy grosera para el delicado gusto de los lectores españoles de poesía. Creo que es un gran error de los editores, pero bueno, allá ellos. No quieren arriesgar ni un céntimo de sus arcas. En cuanto a la poesía visual es sólo un juego. Una mezcla de lenguajes. Es sólo eso. La libertad total. En España hay grandes poetas experimentales. El mayor y más espléndido fue Joan Brossa. Es definitivo. Yo lo adoro. No lo conocí personalmente porque no me gusta molestar a los artistas en sus casas. Y cuando al fin me decidí a llamarlo, se murió el día antes. Creo que fue una más de sus bromas.
-En tu página hay libros inéditos que aún no están comprometidos con ninguna editorial, ¿a qué se debe eso, no has encontrado la editorial idónea para publicarlos? ¿Tendremos nuevos libros tuyos en breve?
Sí, hay dos novelas inéditas. Una que terminé hace años y la otra que terminé (o di por finalizada antes de volverme loco), más unos 7 libros de poesía. Y ahora tengo 5 proyectos de novelas entre manos, pero hay una o dos en las que empezaré a trabajar en breve. Ahora necesito unos meses de reposo para olvidar la última novela.
-¿Sigues pensando que la literatura europea está enferma de aburrimiento?
Bueno, es que la literatura europea es tan potente, tan extraordinaria, el siglo XX fue tan decisivo, date cuenta que todo ha salido de Europa, que de pronto uno va a las librerías y ve una cantidad de mierda tan grande. Pero una cantidad de mierda tan grande, tan comercial y tan estupidizante, que sencillamente uno se confunde. Y luego ves entrevistas a jóvenes y más jóvenes que sólo quieren hacerse famosos y millonarios a cuenta de sus libros e imitar el fenómeno de Harry Potter, y la saga del sueco famoso con los barriles de gasolina y los fósforos, que uno se queda encabronao. Y uno se dice a sí mismo: entonces ¿dónde se metió el espíritu europeo de búsqueda incansable, de exploración, de experimentación, de osadía, de audacia? ¿El espíritu de esta época es el mercantilismo a ultranza y la promoción de la estupidez y el entretenimiento banal? Pero bueno, de vez en cuando aparece un gran escritor, en Inglaterra, en Irlanda, en Francia, hay que buscarlos con una lente de aumento, pero aparecen.¡ Uffff, dio mío!

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