Especial Pedro García Martín: entrevista y reseña

Por Juan Laborda Barceló.


“El sujeto de la historia es el hombre y este se ha movido siempre por los mismos motivos, poder, sexo, amor…el barro del que hemos sido construidos es lo que no ha cambiado, lo que cambian son los regímenes políticos, los sistemas económicos, la forma de distribución de la riqueza, el tránsito de los estamentos a las clases sociales, cambian las formas políticas, no el sujeto.”

 

En una animada cafetería, muy cercana al barrio de las letras, tan acorde con el tema que nos ocupa, charlamos con Pedro García Martín, autor de la reciente novela La Virgen de Lope de Vega.

 

 

Nos encontramos con un autor riguroso y de conocimiento enciclopédico, cercano y amable, con el que hablamos sobre letras, historia y cine. Como profesional de la historia, no olvidemos que su mundo es la universidad, nos dio las claves para entender tanto su obra como determinados conceptos de la Edad Moderna.

 

Amantes de la  Historia espero que lo disfrutéis.

 

1.- En La virgen de Lope de Vega elige a una figura clave de la literatura del Siglo de Oro, cuya vida se reconstruye tras su muerte a través de flash backs, ¿cuáles son los misterios que encierra esa vida?


En el caso de Lope, habida cuenta de la inmensa historiografía y literatura que hay en torno a su figura, el procedimiento de flash back viene de un hecho real. Cuando fallece Lope, uno de sus discípulos más dilectos, Pérez de Montalbán, decide hacerle un homenaje y junto a otros autores de la época piensa que lo mejor será una antología de versos. En ella participan algunos poetas coetáneos y al publicarse aparecen tres mujeres que nadie conoce. Una francesa que se llama madame Argenis, una portuguesa llamada señora Elisa y una florentina que firma con el pseudónimo de madona Fenice en honor al Fénix. A partir de ahí en los mentideros de la corte, donde se conocía muy bien la vida amorosa de Lope, se empieza a elucubrar sobre quienes podrían ser estas admiradoras, estas supuestas amantes. Este es el punto de partida, desde ahí tiro del hilo de la ficción y me centro en la figura de la florentina. Esta será la esposa de un importante mercader que viene a Madrid por asuntos comerciales por los que entra en  contacto con los grandes de España. Esto me permite ir cruzando la vida de madona Fenice y de Lope en diversos momentos del reinado de los Austrias Mayores.

 

2.- Ha publicado artículos especializados sobre el vestido, la mesta o la percepción del paisaje, en definitiva, es un experto en la vida cotidiana de la Época Moderna. ¿Qué elementos del período le resultan más atrayentes?


Utilizo dos métodos en todas mis novelas. Uno es la ambientación en el contexto histórico adecuado, para ello hay que documentarse bien y seguir la lógica de cada época, no la del hombre actual. En ese sentido la vida diaria en el Madrid del  Siglo de Oro, el ambiente de las calles, la moda, la comida, los horarios, en definitiva, todo lo que conforma la cotidianeidad está muy cuidado y refrendado por la literatura, la pintura y la historiografía de la época.

 

El otro método surgió a raíz de la publicación de una obra sobre historia de la percepción del paisaje. En ella apliqué un método de origen aristotélico consistente en percibir el paisaje por los cinco sentidos. Estamos acostumbrados a asociar el paisaje simplemente a la vista y yo pretendo dar cabida  al resto de los sentidos, asociando la vista a la contemplación, el oído a la música, el gusto a la gastronomía, el olfato a la botánica y el tacto al amor carnal, de tal manera que ese método que me sirvió en su momento para redactar un ensayo sobre el nacimiento del concepto de paisaje y su cambio de percepción, con el surgimiento del ferrocarril y la aviación, que significaron el paso del paisaje frontal y lateral al vertical, lo he llevado también a las novelas. En Ruter, El Químico de los Lumiere y Lope hay, por tanto, pinceladas muy cinematográficas, que sitúan los hechos envueltos en olores, sabores y sensaciones que llaman a esos cinco sentidos Procuro que la escritura sea siempre muy sensorial.

 

3.- Entre sus líneas aparecen para sorprender al lector Fernando de Rojas, Mateo Alemán, Cervantes, Quevedo, Góngora y otros tantos literatos, ¿entendemos en ello una reflexión sobre esa, homenajeada pero en ocasiones olvidada, literatura del Siglo de Oro?¿Qué ha quedado de ella?


En la novela aparecen los “ingenios” del Siglo de Oro, pero también los secundarios, los que vivían al calor de alguna de estas figuras señeras, muchos de ellos ni siquiera leídos en su época. De toda esta pléyade nos han llegado los más grandes, Quevedo, Góngora, Lope o Cervantes y hoy son poco leídos, salvo en la universidad y por especialistas. A algunos como Cervantes lo ha devorado su hijo, hoy se habla de la época del Quijote, que si es un referente universal pero que no se lee tanto como se dice. Los políticos se equivocaban cuando nos decían que a partir del 2005, a raíz del centenario de la edición de la primera parte del Quijote, todo el mundo lo leería más. Eso no ha ocurrido porque desgraciadamente se ha venido dando una pérdida de léxico y de nivel cultural. Para leer esa obra hacen falta unos códigos culturales mínimos y sin ellos el lector se va a aburrir y lo va a dejar. Hay que conocer los oficios, la época, las palabras a las que se refiere el autor…. Si Cervantes destaca por la fama mundial del Quijote, en el caso de Lope es afortunado porque se siguen representando sus obras, tanto en España como en Inglaterra, Francia o Italia, donde la comedia lopesca fue muy bien recibida. Incluso llaman la atención las adaptaciones cinematográficas de sus obras, como El perro del hortelano, que fue un éxito de público a pesar de ser en verso. La última biografía del Lope joven fue la película Lope, de Andrucha Waddington, donde colaboré como asesor histórico. Los resultados no fueron demasiado malos en cuanto a ambientación. Trabajé mucho junto a la figurinista Tatiana Hernández, que además ganó un Goya por esta obra.

 

4.-Hablemos de las mentalidades del momento. Encontramos en la novela el honor, la idea de Imperio, en pleno apogeo durante la segunda mitad del siglo XVI, pero también las miserias y un profundo conocimiento del ser humano. Muestra usted lo sublime y lo humano de todas las épocas.


Esos elementos son un reflejo de la época, pero también son una permanencia. El sujeto de la historia es el hombre y este se ha movido siempre por los mismos motivos, poder, sexo, amor…el barro del que hemos sido construidos es lo que no ha cambiado, lo que cambian son los regímenes políticos, los sistemas económicos, la forma de distribución de la riqueza, el tránsito de los estamentos a las clases sociales, cambian las formas políticas, no el sujeto. En este sentido las miserias y las flaquezas, junto a las virtudes, son muy humanas y permanecen. La forma de manifestarlas en sociedad es lo que ha cambiado. De ahí conceptos como el honor y la honra que tenían tanta importancia en el Siglo de Oro. El honor era la expresión de la fama de una familia de cara al exterior y la honra era la expresión de la fama de esa familia  de cara al interior. El valedor de ambos conceptos era el pater familia. Así se explicaba el modelo familiar acuñado en el Concilio de Trento, que también tuvo su paralelo en los países reformados, como la célula biológica, social y económica que aseguraba la reproducción del sistema. El pater familia era el dueño de la casa y debía velar por la salud espiritual de los inquilinos, la madre, el ama de la casa, cuyo papel era el de administrar la vivienda, realizaba las tareas domésticas y cuidaba de los hijos. En función del mayorazgo el hijo mayor recibía un trato especial, mientras que los demás seguían las fórmulas del momento como el ejército, las letras, las prebendas en la casa real o los oficios viles y mecánicos. Ese modelo de familia está presente en los tres siglos de la Edad Moderna y empieza a redefinirse con la industrialización. Será ese modelo el que cambie con cada régimen político, pero no las voliciones que mueven a los hombres y a las mujeres en el transcurso de la historia.

 

5.- Lo extraeuropeo también está presente en su novela, los persas y sus negocios con personajes señeros de la Monarquía Hispánica apuntan ya a la necesidad de la paz con el turco.


Ese tema forma parte de la geopolítica del momento. En una reciente obra Historia visual de las Cruzadas modernas, de la Jerusalén liberada a la guerra global, sostengo que hay que redefinir la cronología de las Cruzadas. Siempre pensamos en las ocho expediciones medievales, y yo creo que hay que prolongar el concepto hasta el mundo moderno, Lepanto fue una Cruzada, el cerco de Viena fue otra. Posteriormente se ha seguido utilizando el término pervirtiéndolo en los conflictos internacionales.

 

En el período que nos atañe se está librando también una Cruzada, sólo que se ha trasladado el espacio a la mitad del Mare Nostrum, con la isla de Malta haciendo de tapón frente al expansionismo otomano. Del mismo modo están Budapest y Viena frenando el avance terrestre, pero sigue siendo el conflicto entre la cruz y la media luna.

 

Desde la época medieval y moderna se planteó una alternativa para atacar al enemigo turco por la retaguardia. En la época bajo medieval se hablaba de mitos como el del Preste Juan, que por cierto en El Quijote aparece refiriéndose a un Reino del Preste Juan en las Indias. Se suponía que era un pueblo evangelizado por Santo Tomás, y que podría ser el aliado perfecto para atacar al turco por la espalda, pero poco a poco este mito se fue desvaneciendo y se empieza a pensar en términos reales. El país que podría ofrecer esa alianza era Persia. Hay también razones económicas puesto que la ruta de la seda ha quedado cortada y por tierra sólo puede trasladarse a través de Persia. En efecto hay embajadas entre persas y europeos para establecer esos puentes de unión y atacar al Imperio Otomano.

 

6.- Sin abandonar oriente, se aprecian sus gustos de cinéfilo en esas sombras chinescas a las que alude como entretenimiento persa. ¿Es un sentido homenaje al séptimo arte?


Si, las sombras chinescas nacen en el Imperio Chino antiguo, hay hasta una leyenda en torno a sus orígenes. Se dice que el hijo del emperador era muy travieso y que el aya, tras haber pasado una tarde infernal con él, sin conseguir que se divirtiera con nada, se da cuenta de que las sombras que proyectaban las palmeras al atardecer, junto al movimiento de los juncos, hacían que el niño se callara y contemplara aquello como si fuera una representación teatral.

 

A parte de la leyenda esa actividad se originó en China. Era un divertimento ocioso, a veces sacralizado en zonas hinduistas o budistas, porque se consideraba que el maestro de sombras chinescas era una especie de sacerdote que devolvía los personajes a la vida y que al terminar la función rezaba un mantra y los devolvía al otro lado, a la muerte.

 

Estas formas llegan a Europa a través de los puntos donde confluían mercaderes cristianos y musulmanes, como Alejandría o Palestina, en Acre por ejemplo. En esos puntos de confluencia hay momentos de ocio, de intercambio de mitos, de conocimientos y también de espectáculos, como las sombras chinescas. Desde allí llegan a Europa.

 

En España aparecerán en el siglo XVII, asociadas a los títeres, y tendrán éxito porque durante la cuaresma se prohibían las representaciones teatrales y se permitían otras menores por considerarlas de baja estofa. Si había representaciones de títeres y de sombras chinescas, que eran muy mal vistas por nuestros autores ilustrados puesto que se realizaban en la oscuridad y en ellas se mezclaban hombres y mujeres, no dejaba de ser la proyección de la luz desde la oscuridad. Ya en el XVIII se complementan estas actuaciones con las de la linterna mágica, que es una ventana abierta al mundo, y también con los espectáculos circenses o las fantasmagorías. Todos estos espectáculos conviven hasta el siglo XIX en el que aparece la fotografía, que viene a democratizar la imagen, y por supuesto a finales del XIX con el cine. A estas sombras que aludíamos en Europa se les llama sombras francesas.

 

7.- La movilidad social es un concepto clave en aquella rígida sociedad estamental, ¿qué papel jugó esta en la vida de Lope?


Lope es, de todos los escritores de la época, el único que ganó dinero escribiendo, bien mediante la representación de sus obras, la publicación de sus libros o por encargos editoriales como El Isidro, una hagiografía del santo. También fue un manirroto que dilapidaba todo lo que ganaba, de hecho su matrimonio con Juana Aguardo, de facciones poco agraciadas, fue interesado y dio pie a la burla, pues era la hija de un adinerado abastecedor de carne de la Corte.

 

Lope siempre quiso ser cronista de la Villa y entrar en la Corte. Desde un primer momento fue rechazado sistemáticamente en ambas instancias. A pesar de ello él daba dos muestras de nobleza, el origen montañés, su padre era un sastre de Cantabria, es sabido que el norte es sinónimo de baja nobleza y por otra parte siempre vivió a la sombra de algún Grande de España. Fue secretario del Duque de Alba, del Duque de Lemos e intentaba dar el salto de la secretaría de un noble a la Corte, un salto que no pudo dar porque le vencieron los años. Cuando pudo haber entrado en el círculo de Olivares, en el momento de la construcción del Palacio del Buen Retiro, ya hay una nueva generación  de escritores a los que el valido va a encargar los versos, que encabeza Calderón de la Barca o Vélez de Guevara. Los primeros carnavales del Palacio del Buen Retiro ya se los encargan a éste último. Lope ni siquiera es invitado a participar en esos fastos con un simple poema. Además se acabará granjeando la enemistad del Conde Duque de Olivares y por eso sufrirá el rapto de una de su hijas por un tal Tenorio, parece ser que tras ello estaba la mano del favorito el rey. Así siente en sus carnes lo que él había practicado en su juventud con el rapto, quizá consentido, de doña Isabel de Urbina.

 

La entrevista concluye aquí, aunque la animada charla con el escritor e investigador universitario continuó. Tratamos temas como el concepto de novela histórica, la actual situación editorial y otras tantas cuestiones de interés, pero como diría Moustache, el famoso personaje interpretado por Lou Jacobi en la inolvidable Irma la dulce de Wilder: “Eso ya es otra historia”.

 

Reseña de La Virgen de Lope de Vega

 

La Virgen de Lope de Vega, Pedro García Martín, Atanor Ediciones, 2011, 14, 99 Euros.

 

La biografía novelada que nos propone el autor es una aventura comparable a las vividas por el propio Fénix de los ingenios. No se trata de una recuperación cronológica de los sucesos de su vida, sino que el  buen hacer de Pedro García Martín, cuyos textos, como la premiada El Químico de los Lumiere, nos tienen acostumbrados a una musicalidad que viste a la palabra con sus mejores galas, la ensalza y la adorna con el barroquismo de la época en la que es especialista. Esa trabajada prosa nos conduce directamente al corazón del poeta, y por tanto, de todo un período histórico. A través de los numerosos amoríos y cortejos del genial literato nos implicamos en los sucesos más relevantes de tres reinados, desde el Rey Prudente, Felipe II, a los manejos de Olivares durante el mandato del cuarto Felipe de la Casa de Habsburgo.

Pedro García Martín es Catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Madrid y hace gala tanto de un conocimiento avasallador de la vida cotidiana de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, como de una gozosa imaginación. Desde la erudición traza planos de ciudades, explica términos, costumbres cortesanas y populares y muestra revueltas y conflictos diplomáticos con su afilada pluma. Quizá por esa abrumadora sapiencia, y siempre partiendo de ella, sorprende la imaginación desplegada en el texto. Es verosímil, ágil y lleno de gracia. Así nacen imaginarias conversaciones de Lope con Mateo Alemán o con el mismísimo Cervantes, que será primero amigo y luego descreído compañero de letras. De entre esa fantasía posible surge una intriga soterrada que acompañará al lector sazonando las conquistas del escritor, ora puramente sexuales, ora profundamente emotivas, y que tiene como telúrica protagonista a la piedra del lapislázuli.

Entre las hojas del libro surgen verdaderas perlas, en forma de lecciones de historia, que harán las delicias de los amantes de Clío. Los acuerdos con el persa para cercar a los turcos, los proyectos culturales de Olivares como elemento propagandístico, el valimiento en su sentido más claro, las corruptelas que desplazaron la corte a Valladolid o los recursos de la monarquía para dominar al pueblo son algunas cuestiones, entre otras muchas, que se explican con erudición y amenidad en la obra.

La narración es circular, se abre y se cierra con la muerte del dramaturgo, pero a pesar de que se nos habla de sus amigos, de sus amoríos y de su prole, no se resiente la historia con “la prensa rosa de la época”, pues lo que se presenta, en realidad, son las miserias y las luces de la España del Siglo de Oro. Un mundo de estocadas y versos, de grandezas y penurias, donde una mala mirada podía acabar en tragedia. Tales verdades yacían acurrucadas bajo la sombra de los soberanos, y sus validos, incapaces de frenar la galopante decadencia. Un imperio, en definitiva, cuya suerte pendía de un hilo.

 

 

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Una respuesta a Especial Pedro García Martín: entrevista y reseña

  1. Jugón muy buen trabajo. Me parece una obra y una entrevista muy interesantes.
    La época Moderna y Lope, nuestro soldado y literato, me gustan especialmente.

    Carles
    26 agosto 2011 at 1:00 am

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