A Pedro Almodóvar no le gustan nada los hombres

Por Luis Muñoz Díez.

 

Durante un tiempo la casualidad me hacía coincidir con Pedro Almodóvar en las proyecciones de las películas de Woody Allen. En una ocasión, saliendo del desaparecido cine Rosales de Madrid, nos sorprendió la lluvia fuerte. Agustín, su hermano, le ofreció buscar el coche y él rehusó. El director se ajustó a la cabeza, como una castañera, el pañuelo que llevaba a modo de foulard, se agarró del brazo de su hermano para a correr su misma suerte. El modo de anudarse el pañuelo y de tirar para adelante me ayudó a entender su cine. Había un Pedrito anterior al Pedro de la “movida” que en Calzada de Calatrava trazó, inconscientemente, lo que sería su postura ante la vida y ante los hombres.

 

El cine de Almodóvar es un cine de instinto y emoción profunda. A mí, en casi todas sus películas ha logrado, por un momento, emocionarme hasta mojarme los ojos. Tiene momentos de una brillantez cinematográfica realmente hermosos, pero el mundo tan particular que describe y la profundidad de charco de sus enrevesadas historias me obliga a poner los pies en el suelo.

 

En su cine, cuenta con imágenes de una plasticidad y con una fuerza expresiva de las que se denominan puro cine, pero son un verso suelto y rechina en la mezcolanza de un mundo sofisticado e intelectual su profundo arraigo de creencias populares que trata tenazmente de conjugar. La flor de mi secreto (1995) es el mejor ejemplo, choca la familia de la escritora Amanda Gris, interpretada por Marisa Paredes, casada con Paco, un marido militar de alta graduación que trabaja en la OTAN, interpretado por Imanol Arias, que presencia con pasividad el estado de ansiedad en el que sobrevive la escritora, tan profundo que incluso le empujará a un intento de suicidio. Esta postura de fría indiferencia es un suma y sigue en el comportamiento de los hombres ante el sufrimiento de la mujer en todo el cine de Almodóvar.

 

He visto todas sus películas excepto Kika (1993). Una cadena de casualidades me  impelieron verla, tanto en cine como en televisión. Si hay una constante en su obra es el tratamiento que da a los personajes masculinos en general y a los heterosexuales en particular. El director manchego en La piel que habito (2011) da otra vuelta de tuerca en la antipatía que manifiesta en su obra por el género masculino, castigando a un hipotético violador a ser mujer para que sepa lo mucho que ellas sufren. Como mano ejecutora Robert, encarnado por Antonio Banderas. Y como en una profecía el joven convertido en mujer será violado por un personaje que es una caricatura, un ser fálico disfrazado simbólicamente de tigre con un rabo largo y gordo. Duele -sin precisar lugar por ser metafísico- ver el muestrario de consoladores que ha de introducirse en su vagina artificial el ex muchacho, para irla dilatando con el único fin de ser acomodo masculino.

 

El deseo ciego de sus personajes masculinos no les permite distinguir ni si es el momento adecuado ni si es la persona adecuada, como ocurre en Volver (2006): Raimunda, el papel que interpreta Penélope Cruz, tiene un hijo de su padre y mata a su novio por intentar violar a su propia hija.

 

En La ley del deseo (1987) la relación del padre con el hijo hace romper el sagrado vínculo del matrimonio y fuerza, con su capricho, la separación de los hermanos. Parece que todo lo que toca el hombre lo aja y destruye. Otro ejemplo sería el cuidador Benigno, interpretado por Javier Cámara en Hable con ella (2002), que no se puede limitar a cumplir con función de enfermero de Alicia, una joven muy bella, interpretada por Leonor Waltling, pero en coma profundo. Él la penetra y la deja embarazada, rizando el rizo de tomar a la mujer como objeto sin darle ninguna importancia a lo que ella sienta.

 

Si hay una muestra de la simpleza con la que dibuja al hombre el cineasta, se encarna en Mario del Toro, personaje interpretado por Carlos Lozano en Todo sobre mi madre (1999), que en el momento de mayor tensión melodramática, cuando Nina, interpretada por Candela Peña, novia de la diva Huma Rojo, encarnada en la ficción Marisa Paredes, ha desaparecido, previsiblemente por una  fatal recaída en las droga, le pide a Agrado, que interpreta Antonia San Juan ,“Si se la puede chupar”. El chico anda un poco tenso y se lo pide a un transexual para más vejación, por eso de que con quien puedo me atrevo.

 

En Los abrazos rotos (2008) hay tres hombres, uno es Diego, interpretado por Tamar Novas, el joven hijo de Judit, la abnegada madre soltera a la que da vida Blanca Portillo, y otro Mateo Blanco, interpretado por Lluís Homar, que es un director de cine, ahora invidente, que vive y ha vivido sólo para su ficción cinematográfica. En un estado mental tutelado que necesita ser auxiliado  para lo cotidiano antes y después de su invidencia, por el cuidado de Judit, encarnada por Blanca Portillo, en principio representante, pero en lo real celadora de toda su vida, y para mayor sacrificio madre de  Diego, hijo del director al que ha criado valerosamente sola, guardando el secreto de la paternidad.

 

El tercer hombre que aparece es Ernesto Martel, encarnado por José Luis Gómez, que impone sexo continuo y titánico a Magdalena, interpretada por Penélope Cruz. El director nos presenta en un plano descriptivo de poderosa fuerza una situación donde lo muestra dormido como una fiera exhausta y la mujer a su lado, asqueada hasta la arcada y temerosa de que se despierte y quiera más.

 

Los hombres jóvenes o viejos en el cine de Almodóvar no hacen el amor a las mujeres: hozan babeantes en su cuello mientras buscan o disfrutan ya del hueco.

 

Ha travestido y cambiado de sexo a los hombres más deseados en cada momento, como Miguel Bose en Tacones lejanos (1995), Toni Canto en  Todo sobre mi madre (1999) y a Gael García Bernal en La mala educación (2004). Hay fotos de la prueba de maquillaje de Eduardo Noriega para esa misma película. Ahora lo hace a la fuerza con Jan Cornet, quizá quiera salvarlos de ser “hombres”, ese tormento que deja a las mujeres de su cine en un ay cuando están y en otro si se van.

 

 

Otra peculiaridad que llama mi atención en su cine es que hasta los travestis cuando siembran su semen proporcionan dolor a la mujer que lo recibe y germina.  En Todo sobre mi madre (1999), Lola, el transexual interpretado por Toni Canto, obliga a Manuela, personaje inverosímil que parte de la total marginalidad y acaba de coordinadora de trasplantes, interpretado por Cristina Roth, a criar a su hijo sola, pero la verdadera metáfora vendrá cuando deja embarazada a la hermana Rosa, monja que lo cuida, enferma de SIDA como él. Personaje al que da vida una dulce Penélope Cruz, y para traer a ese hijo al mundo ha de pagar con su propia vida; de ese hijo se hará cargo  de nuevo Manuela más sabia y más vieja, dispuesta a repetir experiencia como madre sufridora de otro hijo del transexual Lola.

 

Femme letal, el transformista que encarna Miguel Bose en Tacones lejanos (1991) también deja embarazada a Rebeca, personaje interpretado por Victoria Abril. Con un doble juego perverso, el trasformista imita en sus actuaciones a Becki del Páramo, famosa cantante interpretada por Marisa Paredes, madre de Rebeca. Rebeca sólo parece encontrar acomodo masculino en ese hombre que a diario se disfraza de su madre. Rebeca es una niña que ha odiado a todos los hombres que se han acercado a su progenitora. Mata al primer marido de su madre, Alberto, interpretado por Pedro Diez del Corral, y se casa con Manuel, un ex novio de la famosa cantante, interpretado por Féodor Atkine, al que también mata al final porque pretende volver con su madre. Otro personaje masculino que tampoco parece ser muy escrupuloso.

 

En La ley del deseo (1987) hace un salto mortal y coloca en el papel de padre a Tina Quintero, el transexual que interpreta Carmen Maura, y de madre propone a la mismísima Bibiana Fernández.

 

Las mujeres, en su cine, son valerosas hasta la abnegación y han de luchar no solo con su destino, sino también con los hombres, en un enjambre filial de padres y de hijos. Todos paralíticos emocionales que ponen en práctica, con toda desenvoltura, sus más peregrinos caprichos. Son vagos, chulos, drogadictos, traficantes y, sobre todo, violadores. Teniendo en su polla un depredador consejero. Los trata en general como eso, un simple falo, quizá, a veces, con una apariencia hermosa, pero al final un simple falo.

 

La dedicatoria de Todo sobre mi madre (1999), es precisa y esclarecedora. La película esta dedicada a las mujeres y a los hombres que quisieran serlo. No cita, por no citar, ni a los homosexuales, que a mi gusto tampoco salen bien parados en su cine en general, y me remito a la pandilla de descerebrados que acompaña a Zahara, interpretada por Gael García Bernal, en su visita al siniestro internado de La mala educación (2004). El eje de esta película gira en la historia de dos hermanos, Ignacio, interpretado por Francisco Boira, y Juan, interpretado por Gael García Bernal. Ignacio es un perdedor nato, sufrió abusos sexuales en el colegio por parte del padre Manolo, al que da vida un malísimo Lluís Homar. Fue amigo de  Enrique Goded  con quien mantuvo su primera relación homosexual. Goded, interpretado por Fele Martínez, es ahora un prestigioso director de cine. Juan, en su fría ambición, no duda en utilizar el desdichado pasado de su hermano Ignacio y rentabilizarlo en su cuenta. Hace chantaje al cura y se  presenta ante el famoso director suplantando a su hermano. Para que no quede ningún sentimiento noble, el ex cura abusador y Juan se hacen amantes y se deshacen literalmente de Ignacio, ahora un transexual heroinómano y molesto.

 

La carrera de Almodóvar funcionó desde Laberinto de pasiones (1982) pero cuando empezó a pintar muy bien fue con Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Saliendo del coto de cine gay cerrada con La ley del deseo (1987), película por la que siento una especial ternura y en la que hace de todos sus vicios virtud. Me gusta la fábula que encierra la historia de los hermanos Pablo y Tina Quintero. Es eje de la historia el padre abusador que ha separado a los hermanos y en este caso llega al límite de animarlo a cambiar de sexo, pero está película aislada se puede ver como una defensa justa y necesaria a mujeres, homosexuales y travestis, conteniendo una historia de amor realmente hermosa entre Pablo Quintero, interpretado por Eusebio Poncela, y Juan, un Miki Molina en estado de gracia.

 

Almodóvar es un cineasta admirable, por su oportunidad, por su capacidad de potenciar al cien por cien lo que posee y por el rico colorido de su cine. Apareció en el momento oportuno, fundido en aquella movida madrileña que era tan necesaria después del gris comisaría de la dictadura y de la profunda y aburrida reflexión de la alternativa de izquierdas que tan poco fruto ha dado. Era una forma de soltar presión, que buena falta hacía. Tengo un amigo purista de izquierdas que afirma que la movida “no fue más que el descubrimiento burgués de la cocaína, y el cine de Almodóvar la sublimación del imaginario melodramático de la mentalidad de la peluquera de barrio que todos llevamos dentro”. Pues bienvenida fuera aunque sólo se tratase de eso, pero estamos en el 2011 y han cambiado muchas cosas. Las drogas no están bien vistas, ni está de moda la mezcolanza del lumpen con la burguesía acomodada que se dio en los felices ochenta. Las mujeres ocupan un lugar que nada tiene que ver con el reflejo que hace Almodóvar en su cine y que nadie les ha regalado. Los homosexuales y transexuales han empezado a ocupar un lugar en el mundo de los visibles, desafortunadamente más a nivel social por miedo a ser tratados de arcaicos los que osen decir algo en contra que como verdadera creencia.

 

Los hombres, en general, y los heterosexuales, en concreto, siguen apareciendo en el cine de Almodóvar como jóvenes pastilleros o adultos que se niegan a abandonar totalmente la infancia. Personajes de una simpleza y maldad vergonzante, carentes de empática y de nula sensibilidad.

 

El hombre que caricaturiza existió por una determinada educación, y de algún modo se les inculcó lo que proyecta él en sus películas: que la mujer lo puede todo y pueden ser no sólo las madres de tus hijos sino la tuya también. Es una escurridiza herencia cultural que lleva a los hombres a sentirse decepcionados de la expectativa que ponen en una mujer y les conduce a ser desgraciados, y con esa decepción justifican  el maltrato e incluso, si la decepción es total, matarlas.

 

Por educación pudo ser un estereotipo que existió pero ya afortunadamente está en extinción. Los hombres hoy expresan sus sentimientos abiertamente y sin vergüenza, han asumido totalmente el cuidado de sus hijos, los quieren y están orgullosos de ello. Almodóvar, a poco que se fijase, podría apreciar que ni el género masculino actúa ya así ni las mujeres tampoco se resignan a ser sufridoras del culebrón que él pinta. Incluso se lo recriminan a sus madres y esa mirada esté ya obsoleta. Las mujeres van mas allá de los personajes que retrata en su cine.

 

Puedo reconocer que los hombres éramos emocionalmente cobardes, pero hemos evolucionado, quizá obligados por el nuevo papel que ha impuesto la mujer en la sociedad.  Yo me niego a identificarme con esos estereotipos que aparecen en el cine de Almodóvar, para mí ya caducos, pueriles, egoístas, oscuros y que al final sólo les mueve lo que dicta el contenido de la parte delantera del interior de sus calzoncillos.

 

Las heroínas de su cine ya tampoco existen, quizá el maestro manchego tenga que renovarse. Las cifras de espectadores son incontestables, a pesar de sus contundentes lanzamientos. Todo sobre mi madre (1999) fue vista por 2,59 millones de espectadores, Hable con ella (2002) por 1,36 millones, La mala educación (2004) por 1,2 millones,  Volver (2006) por 1,93 millones y Los abrazos rotos (2009) toco suelo con 700.00 mil espectadores. Su carrera en cifras cae, pero como el cine mismo, y es un mérito permanecer y que se puedan estrenar sus 16 películas sin rodar en ingles y sin más apoyo estelar que los actores que ya habían trabajado él, antes de ser estrellas internacionales, como son Penélope Cruz y Antonio Banderas. Pero aún así esta caída significa la pérdida del favor del público. El cine español, durante años, era asociado únicamente a Pedro Almodóvar, por eso es más significativa la caída de un verdadero referente cinematográfico. Suerte maestro y a seguir.

 

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7 respuestas a A Pedro Almodóvar no le gustan nada los hombres

  1. Menuda teoría estúpida, será que a ti no te gustan los hombres que refleja Almodóvar, a mí sí y a élmas todavía.

    Por favor...
    12 septiembre 2011 at 9:59 am

  2. He visto todas las películas de Pedro y siempre salgo con cierta culpabilidad por ser hombre…( Reconozco que su cine es magnífico). Gracias por el análisis tan minucioso de los personajes masculinos.

    Nicator
    12 septiembre 2011 at 12:39 pm

  3. No puedo estar más de acuerdo: su visión de los hombres es repugnante.

    Julio
    12 septiembre 2011 at 13:41 pm

  4. A vosotros cómo os gusta que os retraten, ¿como a Rambo? Decidme una cualidad de los hombres de Almodóvar que no esté en los hombres. Pasa igual con las mujeres, no somos histéricas, ni nos queremos ser novias de psicópatas, ni somos todas travestis, etc.

    Nadia
    13 septiembre 2011 at 8:08 am

  5. ¡¿Como a Rambo?! Nadia, te vas de lado a lado… y sobre lo de una cualidad que no esté en nosotros y sí siempre en el cine de la “abuela cebolleta”: la parálisis emocional. Entiendo que os cuesto salir de la vieja creencia -tan bien explotada-de ser los únicos seres vivos con sentimientos…

    Julio
    13 septiembre 2011 at 14:54 pm

  6. Vaya! Hasta que encontré alguien mas que notara como Pedro Almodovar odia a los hombres.
    No es la primera vez que lo pienso, que este director y otros más tengan un odio a los hombres.
    Se me ocurre también Quentin tarantino y Guillermo del toro. Todos alaban sus películas…¿pero se han puesto a pensar como representar al género masculino?
    Sé que me querrán contestar diciendo que sólo son pelis, que no son para tomarse tan en serio. Pero si se tratase de una mujer todo sería muy distinto, ¿no? Muchísimas personas se ofenderían
    Armarían un escándalo, quizás hasta perdería rating o credibilidad.

    Una cosa es ver un personaje masculino parecido una, dos o tres veces. Pero después quieras o no, piensas que ya es patrón, que ya es una fijación con ese tipo de persona, -en este caso- un hombre

    No sé si estos directores, guionistas, etc, hayan tenido muy malas experiencias con los hombres tanto para que se traumaticen y sólo los puedan ver así.
    Lo más triste y doble moral de todo esto es la poca importancia que se le da.

    Fernando Contreras
    11 febrero 2014 at 5:00 am

  7. Seguro que vió todas las películas de las que habló? En Volver Raimunda tiene unA hijA con su padre (no un hijo). Tampoco es Raimunda quien mata a su esposo por querer violar a ESA HIJA, sino la misma hija la que lo mata sin querer, quería defenderse y lo terminó matando. Raimunda la ayuda a ocultarlo…

    Angela
    30 noviembre 2014 at 17:53 pm

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