La Piel que Habito y el Arte

Por Alicia Valeria Alonso.

 

El concepto de “lo sublime” en filosofía del arte hace referencia a aquello que nos produce tanto placer al contemplarlo que finalmente nos puede llegar a asustar. Un paisaje sublime es aquel que nos perturba de tal manera que podemos llegar a sentir dolor. Se trata del placer estético que a su vez nos inquieta o nos angustia. Lo sublime es un sentimiento antagónico que, por tanto, se acerca mucho al concepto del vértigo, aquel que representaba Hitchcock en una de sus obras maestras de 1958. La atracción-repulsión, el deseo por probar aquello que nos puede hacer sufrir.

 

Estos conceptos son los que explora Almodóvar en La Piel que Habito (2011), para lo cual no escatima en recursos estéticos ni referencias literarias, artísticas o cinematográficas. Este film, inspirado en Tarántula (1984), novela del francés Thierry Jonquet, es una amalgama de mil obras ya escritas. No es Hitchcock la única alusión que podemos encontrar en el nuevo trabajo del director. También está Luis Buñuel, Louis Feuillade, Douglas Sirk, Mary Shelley, Shakespeare… Y sobre todo, tal como ha reconocido el autor, Georges Franju y su obra de culto Los ojos sin rostro (1960), que comparte numerosas similitudes en argumentación y significado con el último film del director manchego.

 

En el plano artístico, las referencias también son evidentes. Destaca por encima de todas, la constante presencia de la obra de Louis Bourgeois. La escultura francesa explora en su obra el sentimiento del vértigo y la indagación de la propia identidad analizando sus recuerdos, su infancia, la sexualidad, la contraposición entre la fragilidad o la fortaleza de los elementos, o los conflictos de género. El cuerpo se convierte en sus creaciones en un elemento ambiguo, descompuesto, en ocasiones encarcelado. Algunas de sus figuras más conocidas, como sus Personnages, se conforman a base de piezas que representan cuerpos femeninos o masculinos cuya piel se compone de retazos de telas cosidas en diferentes formas. Su piel es un saco que las recubre, que limita su esencia y la moldea, creando una proyección al exterior que oculta su verdadera identidad. Eso es lo que le experimenta Vera (Elena Anaya) en La Piel que Habito (2011). Recluida en un cuerpo que no la pertenece, busca salidas a través del arte. Lo que sea, con tal de preservar lo que queda de sí misma. Vera, inspirada por Bourgouis, trocea su ropa y la  utiliza como piel artificial, como material artístico para sus esculturas, que son el reflejo de la realidad que está viviendo.

 

Y es que Vera no es más que eso: otra obra de arte. Otro objeto de deseo, o de repulsión, o de todo junto a la vez… Vera es el producto de las obsesiones y los delirios de otro creador. Una mano ejecutora que juguetea con el cuerpo humano para satisfacer sus instintos. Almodóvar trabaja con esta semejanza a través de un hermoso y oscuro juego estético. La piel de Vera, creada artificialmente, se compone de pequeñas piezas que van silueteando su figura hasta crear un todo. Las líneas que configuran este mapa corporal sinuoso y carnal son iguales que los cortes y costuras a base de saco de los Personnages de Bourgouis.

 

Porque como decíamos, Vera no es más que el producto de una obsesión. De las necesidades de su creador. Un artesano que la ha diseñado a su gusto y con la que satisface sus más íntimas obsesiones. La observa, y la necesita, porque aunque su interior contenga todo lo que para él representa el mal, su exterior es fiel reflejo de su deseo. Porque Vera es una Venus. Otra de tantas de las que hay colgadas en las paredes de la gran casa. La Venus de Urbino, de Tiziano, preside gran parte del escenario en el que se encuadra la acción. En una de las paredes principales, ante la gran escalinata y entre las habitaciones de la Venus y su creador, se encuentra este cuadro de gran formato, que representa el culto a la belleza. Y Vera es la belleza, así los vemos en muchos de los planos en los que la protagonista se recuesta en su cama con la misma pose que una Venus clásica. Y más aún, Robert (Antonio Banderas), su creador, la observa a través de una enorme pantalla que tiene en su habitación. Y se recrea, y se sacia, y se embriaga hasta que le produce pavor…Porque contemplar tamaña belleza le resulta sublime.

 

 

 

La piel que habito (2011) se estrenó en España el pasado 2 de septiembre de 2011.

 

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Una respuesta a La Piel que Habito y el Arte

  1. Aún no he visto la película. La veré, como he hecho con el resto de la filmografía del manchego. Sí que he leído críticas sobre el último trabajo y pocas se han acercado tanto al espíritu del cineasta como la tuya. Sospecho, por lo que dices, que ésta película es el desnudo más íntimo de Almodóvar.
    Después de leerte tengo muchísimas más ganas de verla.

    Paz
    18 septiembre 2011 at 9:48 am

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