Los gallegos que dejaron huellas en Argentina.

Por Redacción Buenos Aires.

En marzo de este año se presentó un libro sobre la emigración española hacia América, particularmente hacia Argentina, entre las décadas del ’40 y ’60.

 

Es curioso, si bien nuestra población está íntimamente ligada a la descendencia española antes aún de aquellas décadas, quizá muchos desconozcan este libro: Yo, emigrante. Testimonios.  En él pueden leerse los relatos de quiénes tuvieron la experiencia directa de la emigración, abandonando quizá para siempre y de una manera casi forzada la tierra que los acunó en un principio.  Quienes hablan en ese texto reavivan los márgenes de la historia, esa que los construyó entre saberes políticos y disputas académicas pero que –quizá- no se atrevió a hacerlos hablar en persona. También sus hijos y nietos cuentan allí cómo fue nacer en un país, Argentina, y tener la experiencia paralela de crecer entre los usos y costumbres también de otro, España.  Probablemente estas historias sean muy parecidas a las de aquellos emigrantes italianos, portugueses y de otros países de Europa que llegaron aquí por aquel entonces en busca de progreso y bienestar.  Dejando atrás años de guerra, hambre y pobreza.  Despidiendo el campo para dar la bienvenida a la gran ciudad: Buenos Aires.  Desconocida. Descubriendo gente que decían ser parientes, atreviéndose a emprender una vida entre lo nuevo y la añoranza.  Con esperanza en el corazón, aunque hoy decirlo así nos suene un poco cursi, más simple y humilde imposible, así ellos hablaban de morriña.

 

El libro fue financiado por la Asociación Hijos del Ayuntamiento de Zas y la Asociación Santa Comba de Xallas en Buenos Aires, ambas entidades fundadas en esta ciudad para generar espacios de encuentro entre los suyos e intentar mantener las raíces a través de los años y las fronteras.

La primera, Asociación Hijos del Ayuntamiento de Zas, fundada en febrero de 1923 por un grupo de gallegos pertenecientes a Zas -en España- y que tenían por único fin el asistencialismo y asesoramiento a todos los emigrantes gallegos que se encontraban ‘perdidos’ en la gran ciudad.  Con el tiempo devino en una sociedad que pudo reavivar sus raíces y dar un vuelco  cultural a sus actividades principales. Hoy, presidida por Don Manuel Busto Moreira, cuenta con un cuerpo de danzas regionales, “Alenmar” y otro de música y gaitas, “Virxe do Carme”. Las clases que se dictan en su sede del barrio de La Boca son totalmente gratuitas y esta modalidad permitió el acercamiento de muchos jóvenes argentinos que no tenían ascendencia española y, sin embargo, les interesaba aprender su música y su danza.  La otra entidad, Santa Comba de Xallas es más joven.  Se fundó en mayo de 2005 como proyecto de vecinos xalleiros y respaldados por el Ayuntamiento de Galicia, en España.  Inició talleres de cantareiras y hoy conforman un grupo numeroso de ellas que asisten a muchos eventos culturales tanto de la comunidad española como argentina.  Su presidenta, María J. Gerpe Pasos fomenta también allí los conocimientos en danza, canto, gaitas, castañuelas y cunchas; esta impronta potenció a la sociedad que fue creciendo rápidamente en los últimos años.

 

Yo, emigrante. Testimonios se presentó en el Teatro Castelao que pertenece al Sanatorio Centro Gallego de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  Asistieron muchas autoridades de diferentes instituciones españolas y el alcalde de Zas en España, Don Manuel Muiño Espasandín, viajó para conocer más sobre esta publicación.

El alcalde del Ayuntamiento de Zas, don Manuel Muiño Espasandín, junto a las autoras.

 

El teatro brillaba de emoción en una noche fresca, abarrotada de recuerdos y amigos. Las autoras y compiladoras, Profesora Beatriz Carballo Regueira, Licenciada Alejandra Busto, María J. Gerpe Pazos y Juana Gerpe Pazos, compartieron con los presentes varias de las anécdotas surgidas en los extensos meses de trabajo en equipo. Lágrimas que aparecían entre las líneas de una historia que alguna corrección debía tener quizá para facilitar la lectura, o tal vez no.  Cómo priorizar los relatos entre tanta vida junta; entre tanto niño viajante por semanas entre los océanos; entre tanto hombre solitario y tanta mujer valiente y emprendedora.  Quién primero, quién después.  Discusiones para el armado final del libro que fueron casi desdibujadas para compartir esa noche en un teatro por demás significativo para todos.  Un final sanguíneo como pocos, gaitas y cantareiras coronadas con una gran queimada que el público degustó  eufórico.  Afuera, en la calle Moreno, las canciones gallegas, las palmas, algunos pasos de jota o de muñeira y los abrazos continuaban brotando aún cerradas las puertas del teatro.  Más que la presentación de un libro aquello había sido una gran fiesta, un sueño de tanto reconocimiento adeudado impreso ahora en papel, para el recuerdo, para los que vienen, para los que ya no están, para esta orilla y para la otra también, para siempre.

 

Y dice el libro de sí mismo: “La historia de la emigración es parte constitutiva real de nuestra cultura.  Somos un conglomerado de sujetos construidos a partir de diversas costumbres, tanto autóctonas como extranjeras.  (…)  Emigrantes, hijos, nietos, todos reunidos en estas páginas para narrar, de pulso directo, sus experiencias más sinceras y emotivas, que los construyen históricamente como ligados por siempre a la emigración.  (…)  Revalorar entonces el testimonio directo de la emigración es contarla desde donde se vivió, aquí comienzan algunas de esas verdades…”

 

 

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Una respuesta a Los gallegos que dejaron huellas en Argentina.

  1. Llo me lei el libro,que por cierto me lo invio Doña Beatriz Carballo,y ami me encanto leer,ese libro, esas anectodas,que contaban de tanta gente que sufrieron la emigracion en su piel,que sintieron como de su pecho algo se les desgarraba,dejando atras todo aquello,,que era su vida,,quizas sea tambien por mi condicion e emigraten,Zurich,que claro no es tan lejos como cruzar el charco,y ademas hay algun que otro conocido de mi pueblo,,o aredores,,saludos,,desde Zurich Suiza,,

    Luis Garcia Abalo
    30 enero 2014 at 18:45 pm

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