[Sitges 2011] Crónica 3: Raperos, Vampiros, Zombies, Carniceros y Micropenes

 

Por Nacho Cabana.

 

Verbo (2011)

 

Hay guiones que sólo la fe que despiertan en el director encargado de trasladarlos a la pantalla puede llevar a buen puerto. Ocurrió, por ejemplo,  hace años con Intacto (2001) de Juan Carlos Frenadillo y ocurre con la muy esperada Verbo (2011) de Eduardo Chapero-Jackson. El primer largometraje del aclamado cortometrajista es, ahí es nada, una película filosófico-poética para adolescentes que mezcla la depresiones existenciales de una niña  de quince años con una glorificación sin medida del rap y los graffities. Partiendo de una premisa parecida a la del documental Resurected dead: the mistery of Toynbee Tile (2011) de Jon Foy (que veremos en Sitges en los próximos días) el autor de Alumbramiento (2007) construye un relato tan pegado a las inquietudes y forma de ver la vida de una adolescente que, de no ser por el apabullante talento visual desplegado y un guión bien estructurado, parecería obra del empollón del instituto al que acude la protagonista. Verbo (2011) tiene todas la papeletas para ser insufrible (algunos personajes hablan en verso sin rapear)  sin embargo (al menos para el que esto escribe, me consta que hay quien la odia) no lo es por el tremendo convencimiento que demuestra su director en lo que está contando. Nos encontramos, pues, en las antípodas tanto de Blog (2010) de Elena Trapé como de Física o Química (TV): ni una visión a la altura de los ojos de la protagonista ni una mirada paternalista a la adolescencia sino un relato fantástico que plasma en imágenes y palabras los planteamientos vitales que tienes a la edad en que te hiere descubrir que el mundo que hay más allá de las paredes de tu casa puede hacerte mucho daño. De propina, ubicado en el lugar exacto para que no moleste, el autor de Alumbramiento (2007) articula un interesante discurso acerca de la belleza robada a las ciudades por las horrendas construcciones del extrarradio que acaban influyendo y mucho en la forma de ver la vida de sus habitantes.

 

Verbo (2011) basa su promoción en la pareja Echegui-Silvestre pero la auténtica protagonista es Alba García (desde ya favorita al Goya a la mejor actriz revelación) y supone un auténtico reto de cara a la taquilla. Ingenua y compleja a la vez, si conecta con la sensibilidad adolescente a la que va dirigida, será un éxito sorpresa.  Si no, su mera existencia resulta ya mucho más gratificante que otras de las propuestas estrella del cine español de este año.

 

 

Vampire (2011)

El universo vampírico ha experimentado varias y muy interesantes vueltas de tuerca en los últimos tiempos. True Blood (TV), Daybeakers (2009) de Michel Spiering y Peter Spierng o esta Vampire (2011) que vimos ayer. Primera incursión en el cine estadounidense de Shunji Iwai autor de Todo sobre Lily Chou-Chou (2001) tiene unos espléndidos veinte minutos iniciales en los que plantea a un vampiro que contacta con personas que han anunciado en un foro de internet su intención de quitarse la vida y les convence para ayudarles a hacerlo drenándoles la sangre que luego él beberá. De tempo lento y tono realista, pronto nos damos cuenta que Iwai no tiene mucho más que decir sobre el tema y se dedica a introducir en su relato variaciones sobre lo mismo que no llevan a ningún sitio e intentan disfrazar de falsa poesía y trascendencia el buen planteamiento inicial.

 

 

Dark Souls (2011)

Si Vampire (2011) le daba una vuelta de tuerca a los vampiros, Dark Souls (2011) de César Ducasse & Mathieu Peteul intenta algo parecido con el mundo zombie. Se trata de una película noruega que lanza a las calles de Oslo a un grupo de operarios vestidos de naranja y armados con un taladro que se dedican a trepanar a los desgraciados que se encuentran por el camino provocándolo es una especie de muerte cerebral que les hace vomitar petróleo negro.

 

Sus responsables optan por desarrollar el tema por las vías policial y personal pero alargan demasiado artificialmente el descubrimiento del porqué de la existencia de los hombres de naranja y al final la explicación dada dista de ser brillante. Pero se puede ver y la primera mitad es francamente entretenida.

 

 

Meat (2011)

Maartje Seyferth y Victor Nieuwenhuijs desarrollan en Meat (2011) una más simple de lo pretendido historia de transferencia de personalidad que bebe sin demasiada inspiración de las fuentes de Mullholland drive (2001) o Carretera Perdida (1997) de David Lynch. Sus autores Cometen el error de poner en el mismo plano de (i)realidad los dos niveles de conciencia que manejan logrando con ello simplificar su discurso más de la cuenta a la par que hacerlo algo confuso. No está mal, contiene imágenes sugerentes de carne animal y carne humana, pero el conjunto se queda lejos de que alinearse con Al interior (2007) de Julien Maury, Alexandre Bustillo, Mártires (2008) de Pascal Laugier y A Serbian Film (2010) de Srđan Spasojević en el ranking de películas enfermas del festival.

 

 

3D Sex & Zen: Extreme Ectasy (2011)

También mucho sexo tiene, aunque en un registro diametralmente opuesto, 3D Sex & Zen: Extreme Ectasy (2011) de Christopher Sun. Se trata de la puesta al día en 3D de una popular franquicia softcore de Hong Kong y hay que reconocer que tiene gracia, al menos durante la primera de sus dos horas largas de duración. A la espera de que la estereoscopía llegue por fin al porno y podamos disfrutar de planos largamente imaginados, este entretenimiento ofrece una historia delirante, bellas mujeres agitando sus pechos a un palmo de tus narices,  decorados de cartón piedra y un rosario de impagables secuencias bizarras entre las que destaca aquella en la que el protagonista va a sustituir su micropene por el de un caballo con tan mala suerte que cae en manos de unos discapacitados que en su afán de demostrar que son tan válidos para el trabajo como cualquiera acaban…

 

Mejor, véanlo para creerlo.

 

 

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