“La noche hambrienta” de Rafael Balanzá: entrevista y reseña

 

Por Benito Garrido

Fotografías Pablo Álvarez.

 

Había aprendido que el riesgo era sencillamente el precio de la vida.”

 

A propósito de su última novela La noche hambrienta (Editorial Siruela, 2011), hemos entrevistado al escritor Rafael Balanzá.

 

Rafael Balanzá nació en Alicante en 1969, pero reside en Murcia desde hace quince años.  En 2002 fundó la revista cultural El Kraken, cuya trayectoria se prolongó hasta febrero de 2009, a lo largo de 27 números.  En 2007 publicó el libro de relatos Crímenes triviales, que reúne cinco cuentos muy bien acogidos por la crítica.  Con su primer libro, Los asesinos lentos (Siruela, 2010), ganó el premio de novela Café Gijón de la edición 2009.  La noche hambrienta es su segunda novela.

 

La noche hambrienta.  Rafael Balanzá.  Editorial Siruela, Madrid 2011.  Colección Nuevos Tiempos.  184 páginas.  16,95 €

 

Nos encontramos ante un libro que nos hace pensar lo terrible que puede llegar a ser el individuo en su relación con el mal.  Disfrazada de intriga psicológica, el autor nos conduce al descenso a los infiernos de un hombre lastrado por la culpa.  Con una aguda imaginación y grandes dotes narrativas, Balanzá consigue levantar una trama confusa y compleja donde nada es lo que parece, y en la que el lector no sabe con exactitud si identificarse con el protagonista o castigarle con la mayor desidia moral.

 

La noche hambrienta comienza indecisa con un interrogatorio extraño que nos abre las puertas al universo triste y degradado del protagonista.  Julián Beltrán está al borde de la cincuentena, es empresario desahogado y un hombre amable y sensato.  Sin embargo, está en una institución psiquiátrica porque ha confesado el asesinato de su mujer a la policía.  Su historia resulta tan increíble y forzada que termina en manos de un equipo médico, que analiza las razones de tan inconcebible actitud.  El caso se complica cuando Beltrán revela que su cómplice en tan retorcido crimen ha sido Amando, un amigo de la juventud al que él mismo había matado hace casi veinte años, y que de pronto apareció en su casa para quedarse y saldar con él cuentas pendientes del pasado.  Las sesiones médicas se suceden, cruzándose con episodios oníricos que nos descubren ese sentimiento de culpa que asfixia al protagonista en un vertiginoso y oscuro descenso a la soledad abisal.

 

Bucear en los misterios del alma humana es algo que, vistas sus dos últimas novelas, atrae poderosamente al autor.  Escarbar en ese poderoso imán que es el mal absoluto no resulta una tarea nada fácil, de la que sin embargo Balanzá sale airoso.  Con un lenguaje expresivo y sutil consigue transmitir al lector ese horror desagradable que supone enfrentarse al daño gratuito, y no lo hace de una manera fulminante, sino con tono pausado, estudiado, doloroso.  Estamos ciertamente ante un thriller profundo, plagado de personajes inquietantes, y que nos arrastra hacia un desasosegante final que a nadie dejará indiferente.

 

 

Entrevista:

 

P.- ¿Cuáles son los motivos que te mueven a hacer una historia de crímenes tan tremendos como inverosímiles?

En este libro son dos las categorías principales, la culpa y la posibilidad del mal absoluto.  Es un tema de mucho calado y muy serio que preocupó mucho a dos autores que para mí son dos referencias básicas: Camus y Dostoievski.

En cierto modo, mi libro viene de una novela de Dostoievski que se titula Los demonios, y aunque se desmarque completamente y no tenga ninguna semejanza estructural ni argumental con ésta, sí la tiene en cuanto al tema principal: el mal absoluto.  Dentro de ese libro hay un capítulo, La confesión de Stravroguin, que en su momento fue censurado por atrocidad, y en el que ese personaje diabólico pero a la vez atractivo se imputa del daño causado a una niña, categórico paradigma del mal.  Camus, por su parte, acompaña la novela con una frase que para mí es muy significativa: “Hasta la muerte me negaré a amar una creación donde los niños son atormentados”.

Temía que el tema pudiera dejarme fuera del alcance de aquellos lectores sensibles, que quizás por otro lado sea el tipo de lector que más busco.  De ahí que no haya llegado hasta el final, aparte de por una imposibilidad moral, ya que yo soy padre de un niño.  No todo vale en literatura, ni aún en el arte o en el cine, existe esa limitación ética que no se puede traspasar, que impide justificar todo por el simple hecho de hacer arte.  El motivo está suficientemente sugerido al lector como para provocar perturbación sin necesidad de llegar a describir la atrocidad que se plantea.

Si miro más atrás, podría decirte que un clásico tutelar, un antecedente básico para mi novela ha sido La Divina Comedia porque en el fondo ésta lo que plantea es un descenso claro a los infiernos.

 

P.- La noche hambrienta es una novela intensa, profunda y de posibles dobles lecturas.  ¿Estás de acuerdo?

Sí, estoy de acuerdo, incluso de triples lecturas.  Es un libro abierto a varias interpretaciones, un juego al estilo de Hitchcock, (unión de vanguardia y estilo tradicional) que aunque moderno quería llegar a un público amplio.  Y eso es más o menos lo que también yo quiero hacer: utilizo elementos vanguardistas, de jugar con la realidad y con lo onírico, pero siguiendo el hilo tradicional.  Así, utilizo un capítulo concreto de la novela para ofrecer una teoría más o menos plausible de cara al lector más convencional; un capítulo que abre los ojos, sirve de satisfacción legítima del lector y que dice “pues esto es lo que pudo haber pasado”.

 

P.- Habla mucho sobre el peso de la culpa, pero ¿no es más una historia que gira en torno a la locura y a los miedos que ella arrastra?

Sin duda.  Existe una asociación entre los dos motivos, la locura y el descenso a los infiernos, que ya se ha planteado como un clásico en la historia de la literatura.  Esta sería la historia de una terapia, de un intento de curación de una herida de culpabilidad totalmente abierta.  Y ese sentimiento de culpa es el argumento que sustenta la trama del protagonista.

 

P.- Podríamos decir que tu libro es un thriller profundamente psicológico.  ¿O más bien una novela psicológica disfrazada de thriller?

Yo creo que lo psicológico pesa más.  Quizás estemos más ante una novela psicológica disfrazada de thriller, y más que de thriller, de cuento de terror.  Podría ser una novela de horror, y lo digo sin miedo a que se le pueda poner esa etiqueta.  Es algo que siempre me ha gustado, aunque también deje un vía abierta hacia el humor.  En algún momento hay que bajarse del caballo y relativizar el tema, poner válvulas de escape, y dejar que ocurran cosas raras.  El lector actual está habituado a este tipo de giros, y entenderá (o eso espero) que lo que ocurre en mi cabeza haya trascendido al papel.

 

P.- Trama oscura, obsesiva e incómoda como la noche abisal.  Hay que caer hasta el fondo del pozo para una vez ahí, poder volver a subir.  ¿Es así o este podría ser un camino sin retorno?

Esa es la pregunta que me mueve a escribir esta novela.  Es la cuestión clave: ¿se puede salir desde el fondo del pozo?  Abre fuego, la novela puede tener una lectura psicológica o incluso una lectura sociológica: este individuo de mediana edad, alcoholizado y sumido en una crisis, podría ser el reflejo de una Europa actual postrada, que arrastra pecados de su pasado.  Quizás esto sea una interpretación forzada, coger el rábano por las hojas, pero yo creo que puede haber una lectura en ese sentido.  Y ante la pregunta si se puede salir de esto, es casi una frase tópica actualmente en labios de todo el mundo, y yo personalmente no tengo una respuesta.  Escribo para intentar entender las cosas.

 

P.- La intriga se alarga hasta el final en una nebulosa extraña.  De esta manera, consigues mantener la tensión argumental.  ¿Es necesaria una sólida estructura narrativa previamente estudiada y trabajada para lograrlo?

Sí.  Es más, creo incluso que soy el único que hace un trabajo previo tipo esquema.  Primero me planteo que el argumento me tiene que caber en una página del cuaderno en el que habitualmente escribo.  Ese es ya un esfuerzo creativo: tener la idea en ocho o nueve puntos ordenados en un esquema a partir del cual empiezo a elaborar.  Puede que empiece por el final o por un capítulo intermedio, me pongo a escribir y voy dejando huecos que luego retomo y relleno narrativamente.  Es una novela muy currada.  Me dicen que los diálogos son muy naturales, y eso es algo que me sube la autoestima porque si realmente resultan así es un logro muy importante, ya que no son algo que me salga de forma espontánea.  En resumen es el trabajo de levantar una estructura y luego ir rellenando huecos.  Lo más difícil es tener una visión del conjunto y que toda la estructura quede cohesionada y con coherencia.

 

P.- Los personajes están llevados al límite, incluso los doctores demuestran cierto carácter inestable y audaz.  ¿Tienen que ser así los personajes de tus novelas para que lleguen a empatizar con el lector?

Sí, yo creo que lo que más busco a estas alturas como lector es la sorpresa.  Cuanto más lees y más años cumples, es más difícil que nada te sorprenda.  Realmente me gustan los giros sorprendentes que encajan directamente con la vida misma.  En cuanto a los personajes igualmente busco la sorpresa, huir de lo convencional porque si no estás dando la papilla de siempre, y eso precisamente es lo último que yo quisiera para mis libros.  Busco personajes enigmáticos que a veces no saben ni porqué hacen las cosas.  Es la autonomía de los personajes, son así y actúan de esa manera.

 

P.- Leyendo su novela uno todavía se hace a la idea de que todavía no está todo inventado.  ¿Es la trama la que condiciona a los personajes y su evolución?

En este caso, la novela es un remolino que conduce a un sumidero en el que los personajes están intentando flotar.  Creo que esta es mi mejor novela, aunque sospecho que no va a ser una novela que llegue a todo el mundo, puede haber gente que incluso le desagrade, pero en cambio creo que a los que les guste, les va a gustar mucho.

 

 

P.- ¿En qué momento decide Rafael Balanzá dejar un revista conocida y valorada como era El Kraken para lanzarse a escribir novelas?

Creo que esa revista se conoce precisamente más ahora que cuando la hacíamos.  Yo hace unos años atravesé una crisis de autoestima brutal porque gané varios premios literarios demasiado joven (esto debería estar prohibido), con lo cual te lo acabas creyendo.  Sufrí el descalabro típico de tener dos premios muy pronto.  Piensas que esto está tirado.  Y entre los veinte y los treinta años escribí dos novelas, que fueron lógica y naturalmente rechazadas por las editoriales.  Y eso hundió mi autoestima como escritor.  Así que de acuerdo con mi mujer, me planteé qué podría hacer teniendo en cuenta que me gustaban otros aspectos culturales como la filosofía o el arte.  De esta manera surgió El Kraken, una revista que se mantenía sin subvenciones, solo con los patrocinios que antes sí había.  En ese periodo doy con una persona fundamental en mi vida que es Manolo Moyano, colaborador en la revista, y que es quien tras la lectura de Crímenes triviales en un acto de generosidad absoluta, me presenta los textos perfectamente maquetados y encuadernados en formato de libro.  Creía en mí y me animaba a moverlos.  Mandé los mismos a Tusquets que se quedaron muy interesados en mi obra.  Ahí fue donde yo pensé, pues aquí hay algo, y cuando realmente retomé mi carrera de escritor.

 

P.- Hace dos años ganó el premio de novela Café Gijón con Los asesinos lentos.  Supongo esto le habrá abierto muchas puertas.  Pero, ¿el reconocimiento se gana con premios o con constancia en el trabajo?

Quiero creer que los premios son fruto de la constancia en el trabajo, sobre todo en los premios limpios como es el caso del Café Gijón, que yo creo que es una excepción.  Lo normal es que las deliberaciones de los jurados sean limpias, pero las cribas de los trabajos que se hacen previamente, no siempre están tan claras como lo están en el premio Café Gijón de novela.  Yo recomiendo a quien quiera comenzar una carrera literaria en serio, que acuda a este premio porque es realmente limpio y fruto de esa dedicación.  Los premios son importantes, los lectores son importantes, pero tampoco quiero renunciar a escribir lo que realmente me gusta, aunque sean historias oscuras como esta.

 

Muchas gracias Rafael, te deseamos el mayor de los éxitos.

 

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