“Las bases psicológicas de la educación musical”, Edgar Willems

Las bases psicológicas de la educación musical. Edgar Willems. Paidós, 2011, 256 pp., 25 €.

 

Por Carlos Javier González Serrano.

 

¿Qué es la música más allá del arduo estudio del solfeo y de la relación entre ritmo, melodía y armonía, sus elementos constitutivos? Edgar Willems pretende poner sobre la mesa en esta obra, de aire declaradamente schopenhaueriano (cita al autor alemán tanto al principio como al final del libro), el carácter espiritual y anímico de este arte, alumbrando con sus investigaciones la pedagogía musical, que no puede quedar relegada en ningún caso a los componentes materiales o formales de la música, sino que también ha de tener presentes (de manera prioritaria) sus elementos propiamente vitales, característicos de todo ser humano.

Lo afirmamos: en la educación musical es preciso enseñar formas y, además, despertar fuerzas. Para eso es menester dar libre curso a los elementos afectivos, tales como la alegría, el entusiasmo, el amor por la música, quedan vida al ideal y a la acción hasta en el campo de la técnica. […] Mientras el ser humano se desarrolle, mientras gane en inteligencia, sensibilidad y nobleza, la música, que es una de las expresiones más fieles y completas de su naturaleza, irá a la par de su ascensión, planteando siempre al educador renovados problemas.

Edgar Willems, Las bases psicológicas de la educación musical

Willems finaliza esta imprescindible obra con la siguiente cita del filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860): «La música tiene un significado general y profundo que está en relación con la esencia del universo y con nuestra propia esencia». A juicio del pensador alemán –afirmación que también hace suya E. Willems–, la superioridad del arte musical queda corroborada por su naturaleza prístina; cuando escuchamos una melodía nos es revelada la expresión sentimental de nuestra más subterránea intimidad. El resto de artes, en comparación con la música, solo muestran sombras –no esencias. Quizás el asunto más complicado de elucidar en este contexto sea la clase de similitud que encierra la música con el mundo, problema que el propio Schopenhauer tilda de difícil y oscuro. Esta opacidad se debe a la naturaleza inaccesible de lo único real (la voluntad), para cuya caracterización las palabras parecen insuficientes: sólo la música y el lenguaje universal que pone en juego aciertan a expresar la esencia del mundo de manera adecuada. Más tarde, Schopenhauer aducirá razones para confirmar que conocimiento íntegro de la cosa en sí (declarada incognoscible por Kant) solo puede venir dado por medio del sentimiento, nunca por medio de la abstracción, conocimiento al que se accederá a través de la propia música.

Es preciso estudiar a fondo la naturaleza de los elementos materiales y espirituales de la música. Esta naturaleza no se descubre solo en la música misma, sino también, y sobre todo, en el músico en tanto que ser humano. Conviene, pues, apoyarse sobre datos psicológicos que permitan establecer, más conscientemente que por la tradición, una síntesis viviente y constructiva de los principios de la música y los de la educación.

Edgar Willems, Las bases psicológicas de la educación musical

Edgar Willems (que llegó a ser profesor titular de la clase de Psicología de la Música en el Conservatorio de Ginebra) se halla plenamente convencido de que la educación –no solo la musical, sino entendida como un proceso de formación continuado a lo largo de nuestros primeros años– «no es tan solo una preparación para la vida; es, en sí misma, una manifestación permanente y armoniosa de la vida. Debería ser así para todo estudio artístico y particularmente para la educación musical, que apela a la mayoría de las facultades rectoras del ser humano».

Una obra muy recomendable para padres y docentes de música en colegios e institutos, así como para todos aquellos interesados en el aprendizaje musical, en la que Willems afronta el estudio de este arte explicando que no se trata de una disciplina meramente cuantitativa o formal, pues «los valores cualitativos e irracionales, afectivos e intuitivos, cobran allí una importancia de primer orden». La música es, de este modo, el arte más verdadero en cuanto remite a lo más originario, revelando en su despliegue el ser más íntimo del mundo.

La música, como todo arte, debe nacer y crecer según las leyes de la vida. En este sentido, la psicología puede conferir a la nueva pedagogía musical un carácter profundamente humana y ofrecer al educador, bajo el signo de la belleza, y noble y elevado ideal de vida.

Edgar Willems, Las bases psicológicas de la educación musical

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