Misfits: nosotros podemos ser héroes

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“Abróchense los cinturones, esta noche vamos a tener tormenta”

Margo Channing

 

Por Víctor Mora

 

Un origen fantástico, una cualidad sobrenatural y un uniforme ajustado. Tres vértices que forman el triángulo del superhéroe.

 

Como ya hiciera True Blood con los vampiros, o la más reciente Walking Dead con los zombies, la nueva generación de series televisivas de ciencia ficción y terror se ha propuesto revisar otro mito contemporáneo: el superhéroe. Las series actuales de fantástico se desmarcan en el tiempo y en el espacio. No colocan su argumento en un futuro “no muy lejano” ni en ciudades imaginarias: es el aquí y ahora.

 

La americana Heroes dio el primer paso en 2006 al colocar en prime time a ciudadanos “normales” que de pronto tenían que convivir con superpoderes. Cualidades prodigiosas que deciden utilizar para hacer el bien, mientras se descubre una trama de conspiración que amenaza a los Estados Unidos. Esta superproducción fue perdiendo espectadores a lo largo de sus cuatro temporadas. ¿Por qué? Para las audiencias no hay una fórmula exacta (gracias a Dios), pero lo cierto es que ni tú ni yo encajamos en ese concepto de “normalidad” presentado por Heroes. No somos ni científicos ni animadoras, ni tenemos un especial sentimiento patriótico por el que creamos que nuestro país no debe ser destruido, por ejemplo.

 

La inglesa Misfits (2009, E4) dio un original giro. Con las guitarras distorsionadas de Echoes de The Rapture presentó a los protagonistas: cinco outsiders problemáticos, condenados a doscientas horas de servicio comunitario, son alcanzados por una tormenta que les dota de superpoderes. Éstos no son otros que la materialización de sus obsesiones, deseos o temores.

 

  • Simon: Encarnación del freak contemporáneo, tímido hasta el autismo, virgen y adicto al chatinternauta, puede volverse invisible, tal y como se siente en muchas ocasiones.

 

  • Kelly: El extrarradio delincuente hecho carácter (espectacular Loren Socha). Preocupada por parecer fácil y ser juzgada, desarrolla una telepatía involuntaria y escucha todos los pensamientos.

 

  • Alisha: La chica insegura enmascarada de orgullosa mega vixen (que practica una felación a una botella, para ilustrar ante sus compañeros cómo un simple control de alcoholemia terminó en arresto), desata un deseo sexual incontrolable a todo aquel que la toque, sin embargo sus víctimas después no recuerdan nada.

 

  • Curtis: Atleta reconocido hasta que fue condenado al servicio comunitario por tráfico de drogas. No puede volver a las pistas de entrenamiento y la culpabilidad que siente le permite saltar hacia atrás en el tiempo.

 

  • Nathan: Ególatra insoportable que necesita atención constante, descubrirá su inmortalidad al final de la temporada.

 

La tormenta también alcanza a su monitor responsable y revela su cara B: se transforma en una bestia que tratará de aplastarles el cráneo. Los cinco outsiders del servicio comunitario acabarán con él de una paliza y, juntos, enterrarán el cuerpo. Esta coyuntura se da en el minuto 20 del primer capítulo. Ya tenemos origen, poderes, uniforme y algo mucho más valioso: un crimen en grupo por el que estos inadaptados han de permanecer unidos.

 

La ventaja que hace a Misfits tan adictiva radica en su propio planteamiento. Hay tantas obsesionescomo personas en el mundo y todas son, (o somos) susceptibles de ser, por accidente, alcanzadas por una tormenta. Cinco protagonistas de personalidad sólida y una propuesta argumental infinita: en cada capítulo se enfrentarán a un nuevo personaje también afectado por la tormenta, con un poder diferente.

 

La serie ha ido creciendo en audiencia hasta superar el millón de espectadores, sin embargo no ha perdido ni un ápice de su personalidad, algo que ha ocurrido en muchas ocasiones, por ejemplo, con la prometedora Being Human. La serie que hizo convivir en un piso del Bristol actual a un vampiro, un hombre lobo y una fantasma, exprimió en la primera temporada todo el acervo filosófico que la situación contenía: emocionantes capítulos en los que se reivindicaba la diferencia a través de la figura del monstruo desembocaron en un folletín desinflado.

 

Misfits es insolente, irónica y absolutamente moderna. Estos superhéroes por accidente son chicos que han superado la adolescencia sin adaptarse, que se drogan, que tienen sexo, problemas e inseguridades. Los poderes, que no siempre controlan y que son de dudosa utilidad, les traen dificultades, responsabilidad y enemigos.

 

Entre ellos se encuentra desde una metamorfa que se odia a sí misma y quiere vengarse del mundo, hasta el terrorífico Monsieur Grand Fromage, que controla los lácteos. Una de las más interesantes, como ejemplo paradigmático de la autoafirmación por oposición, es la chiflada Rachel, veinteañera ultraconservadora cuyo poder consiste en convertir a sus semejantes al catolicismo extremo; los transforma en nerds responsables, abstinentes y ascetas, que visten tonos pastel.

 

Cuando Nathan descubre que Rachel ha convertido a todos sus amigos, se disfraza como ellos para infiltrarse en la recién nacida secta. Subido a una cornisa con la integrista católica como rehén, da un discurso al ejército de nerds mientras apunta a su reina con una pistola:

 

¡Somos jóvenes! ¡Se supone que bebemos demasiado! ¡Se supone que tenemos malas actitudes y que nos hacemos polvo el cerebro mutuamente! Estamos diseñados para la fiesta ¡es así! Sí, unos pocos tendremos sobredosis o nos volveremos locos, pero… ¡si tan siquiera pudierais veros! Me parte el corazón, ¡lleváis cardigans! Lo teníamos todo y la cagamos más y mejor que cualquier generación anterior. Éramos tan hermosos… ¡Y ahora somos lo peor! Y yo pienso seguir siendo lo peor hasta terminar mis veinte, quizá hasta mis treinta y tantos. ¡Somos inútiles!

 

No es el único ejemplo de catarsis: Una anciana puede transformarse en una atractiva joven, pero cuando está teniendo un orgasmo pierde el control de su poder y regresa a la decrepitud de sus noventa años (para colapso de su amante); un misterioso ninja del futuro aparece en las situaciones más insospechadas; una desafortunada chica es capaz de detener el tiempo… Esa es la sensación que produce ver Misfits: todo es posible.

 

Los creadores de la serie presentan arquetipos desde la óptica más irónica, reinventan argumentos del fantástico contemporáneo (como el tierno hombre-mono que rapta a Kelly), y los colocan en la sociedad actual.

 

Pero también batallan, por ejemplo, contra el fantasma nazi, el enemigo histórico por excelencia que toda ficción toma prestado. Los nazis representan en Misfits lo mismo que en sus innumerables asaltos al mundo del cómic y el cine: el villano universal, el mal absoluto, sin posible identificación contraria y con simbolismo pop incluido. Un salto en el tiempo muy prolongado cambia la Historia y en la nueva versión de ésta el ejército liderado por Hitler toma Inglaterra. Los Misfits, claro está, tomarán cartas en el asunto.


Conscientes de lo necesario de la reinvención constante, se presenta en última instancia a un personaje clave: el traficante de poderes. Seth, que acostumbraba a traficar con sustancias, también fue alcanzado por la tormenta y ahora tiene la capacidad de absorber el poder y transferirlo a otra persona, dinero mediante, por supuesto.

 

Esta licencia permite a nuestros inadaptados tener nuevas cualidades en la tercera temporada y, cómo no, abre todavía más el abanico de posibilidades.

 

Curtis ahora puede transformarse en mujer, trasgresión de la carne por explorar, y lo primero que hace, como haríamos cualquiera, es eso mismo: explorarse.

 

Pero el intercambio de poder no es la única novedad de la temporada, Robert Sheenan (Nathan) abandonó la serie y su rol ha sido sustituido por otro personaje, Rudy, al que sus constantes

 

contradicciones le hacen desdoblarse y poseer sus dos personalidades físicamente en dos cuerpos iguales, que discuten permanentemente. Juega el idéntico patrón arquetípico que su predecesor y la elección del actor, Joseph William Gilgun, me lleva a destacar el tema del elenco. Se agradece enormemente que las series británicas apuesten por caracteres especiales. Los actores ingleses que conforman el reparto de Misfits son diferentes, personales, únicos. No tardarán en hacer una versión americana de Misfits, como ya han hecho con Being Human y con innumerables películas (una de las últimas víctimas la inmejorable producción sueca Déjame entrar) y seguro que los actores que representen a estos inadaptados estarán sometidos al estereotipo americano de abominable belleza mainstream. En otra palabra: los deshumanizarán.

 

Sin embargo los criterios que cada cadena de cada país tenga, en su afán por vender y ganarse las audiencias, es diferente.

 

Quiero subrayar que Misfits ha batido récords de espectadores con el estreno de su tercera temporada en el canal E4 de la televisión inglesa, por lo que, por lo pronto, seguiremos disfrutando de su unicidad y sus aventuras.

 

Orgullo freak, ninjas del futuro, traficantes de superpoderes, metamorfos, nazis, hombres-mono, telépatas… sólo faltan alienígenas. No tardarán en aparecer.

 

Más información:

Página oficial Misfits: http://www.e4.com/misfits/

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