The Yellow Sea (2010) de Na Hong-jin

Por José A.Cartán.

 

 

Cuando en los últimos años se habla de thriller como género cinematográfico es necesario echar un vistazo al continente asiático y, más concretamente, a Corea del Sur. No se puede decir que los cineastas coreanos hayan sido originales en cuanto al planteamiento de sus obras, pero sí han conseguido revitalizar un género que parecía haber llegado a su cima en la década de los 90. Los dos estandartes cinematográficos que se han impuesto como indispensables para comprender esta vuelta de tuerca han sido Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie) (2003) de Bong Joon-ho y Old Boy (2003) de Park Chan-Wook. A partir de la aparición de este dúo fílmico, han ido surgiendo con los años una serie de películas que han intentado sobrecoger tanto a crítica como a público como ya lo hicieran las dos anteriores. Sin embargo, la mayoría de ellas han pasado con más pena que gloria, sin dejar su impronta en la memoria del celuloide.

 

The Yellow Sea (2010) se encuadra en ese legado cinematográfico y su director, Na Hong-jin, se yergue como un cineasta muy interesado en el aspecto más sórdido de la condición humana y en la dualidad héroe-antihéroe, tan característica del thriller. Este enfrentamiento en cuanto a personalidades ya se pudo comprobar en The Chaser (2008), su ópera prima y cuya trama sigue los derroteros de su predecesora en cuanto al descenso a los infiernos al que debe someterse el protagonista en cuestión. Hong-jin nos presenta en su última producción a un taxista acuciado por las deudas y que, como último recurso, aceptará asesinar a un desconocido con tal de poder salir de la miseria en la que se encuentra. Para ello, el protagonista tendrá que salir de China y volver a Corea, su país de origen y lugar donde deberá encontrar a este misterioso hombre al que dar caza. A partir de entonces, la historia se enrevesará con la búsqueda de su mujer y con los presumibles acontecimientos que irán desencadenándose de manera ininterrumpida hasta el mismo desenlace de la película.

 

Ya se ha mencionado anteriormente el hecho de que la película de Hong-jin sea un eslabón más dentro de lo que es el thriller coreano. Otra de tantas manifestaciones. Tal vez por esa causa, por haber sido testigos anteriormente de multitud de obras que siguen los mismos cauces del presente film, es tarea casi imposible que éste pueda llegar a sorprender al espectador. Los primeros compases de la película, de sosegada calma, son un mero espejismo del ajetreo que acontecerá posteriormente. Lo que viene a continuación no se podría definir como un film trepidante, sino como un producto embarullado, desenfrenado y mal estructurado. Un popurrí de estallidos y explosiones que no tiene nada que envidiar al cine mainstream proveniente de Hollywood y el cual puede ser consumido cualquier fin de semana del año. Entre persecuciones en coche y persecuciones a pie, con un protagonista claramente inmortal, el cineasta coreano invade la pantalla con la máxima explicitud posible, o eso cree él. El gusto por la hemoglobina ya ha sido saboreado por otros compatriotas suyos durante la presente década; I Saw The Devil (2010) de Ji-woon, No Mercy (2010) de Woo-hyung o Bedevilled (2010) de Cheol-soo, los cuales han sido lo suficientemente translúcidos visualmente como para que lo nos muestre Hong-jin no se revele como algo innovador. La supuesta heterogeneidad de la que hace gala la película posee una vacuidad sonrojante; del drama social se pasa a un escarceo por el thriller, ya que en éste prima la acción sobre cualquier aspecto que tenga que ver con la sugestión o la necesaria introspección a la psicología de los personajes, continúa con recurrentes cuadros de cine gore e incluso se permite la licencia de dar unas cuantas pinceladas melodramáticas, al más puro estilo vespertino televisivo.

 

La carencia alarmante por el detalle deja en evidencia un producto pútrido desde el comienzo y cuyos efluvios van siendo expulsados de manera progresiva en forma de fuegos de artificio. Si se me permite el símil con el universo del videojuego, diré que The Yellow Sea (2010) es una mezcla entre un juego de conducción arcade y un hack and slash, o lo que es lo mismo, una repetición incesante de combates. En este caso, sin juicio ni criterio alguno. No deja de ser curioso cómo el protagonista, de origen norcoreano, sale airoso de todas y cada una de las luchas en las que se ve envuelto. Esperemos que esas ínfulas de inmortalidad tan solo se hayan apoderado del personaje principal del film y no del hombre que dirige la película. De lo contrario, es posible que el neófito cine de Hong-jin ya esté muerto desde sus inicios.  

 

 

The Yellow Sea (2010) se estrenó en España el pasado 5 de enero de 2012.

 

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