Isaac Díaz Pardo, artista e intelectual gallego

Por Inmaculada Real López

 

“Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir…”, en palabras de Jorge Manrique iniciamos este breve recuerdo por la vida del intelectual y polifacético Isaac Díaz Pardo. Figura relevante para la cultura gallega del siglo XX, por sus aportaciones a la literatura, al arte, a la industria y a la defensa de su ideología política de carácter progresista y galleguista; se despide de él la tierra por la que luchó intensamente a lo largo de su dilatada trayectoria interdisciplinar, Galicia.

 

Natural de Santiago de Compostela, padeció tempranamente las consecuencias de la Guerra Civil con el asesinato de su padre, el cartelista, muralista, ilustrador y escenógrafo Camilo Díaz Baliño, por parte de los fascistas en 1936. Este suceso justifica su posición defensiva por el estatuto de Galicia en sus inicios, simpatizando con figuras como Castelao.

 

Su formación como artista se inició tras la contienda en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, viajó por ciudades italianas como Roma, Siena o Florencia, y también expuso en Londres en 1946. Partió de una pintura meramente académica para evolucionar tanto técnica, como temáticamente hacia la escuela española (Velázquez, Goya…) la italiana, la holandesa, artistas posteriores nacionales (Rosales) e internacionales (Poussin, Renoir). Dominó el género del retrato con una gran habilidad (La familia, 1950). En su última etapa, estéticamente estuvo más próximo al Movimiento Renovador, y en sus producciones más tardías realizó una pintura de profunda carga social. En su labor como dibujante podemos destacar los carteles de ciego, algunos conservados en el Museo Carlos Maside, en los que buscó nuevas formas de comunicación a través de la historieta.

 

Aunque anteriormente, en Londres, entró en contacto con exiliados españoles, fue el viaje a Buenos Aires en 1955, con motivo de la invitación de el Centro Gallego de Buenos Aires para participar en una exposición, cuando vivió una experiencia que marcará su trayectoria. Fundó una fábrica de cerámica y se puso en contacto con los artistas españoles que estaban allí residiendo, exiliados por la causa política, y que no por ello paralizarían su producción artística, Lorenzo Varela, Antonio Baltar, Arturo Souto, entre otros. Fue así como encontró un panorama desolador como consecuencia de la censura (había más de Galicia en América que en su propia tierra). Esta situación supuso un punto de partida, la iniciativa de fundar instituciones para recuperar la memoria histórica de ese patrimonio perdido, dando lugar al conocido Laboratorio de Formas. Complejo proyecto que desarrolló de la mano de Luis Seoane, y que englobaba diferentes propuestas: la creación del Seminario de Estudios Gallegos, la recuperación de la producción cerámica de Sargadelos, la fundación del Museo Carlos Maside, del Instituto Gallego de Información y la creación de Ediciós do Castro.

 

Su actividad como ceramista se inició hacia 1948 en Sada, se basó en intentar recuperar la tradición ceramista que se había desarrollado anteriormente en Sargadelos, hacía doscientos años, y que había dejado de producirse. Pero fue posteriormente como empresario, dentro del proyecto de Laboratorio de Formas, cuando desarrolló un complejo industrial. Inmediatamente se caracterizó su cerámica blanca y la función social que ejerció desde sus inicios hasta la actualidad. Su fabricación se ha exportado a otros puntos de España, dando lugar a la apertura de tiendas y galerías donde se organizan exposiciones, conferencias o coloquios. El prestigio de esta cerámica es hoy en día sobradamente reconocido.

 

Díaz Pardo ha sido también teórico, investigador, escritor, cuenta con numerosas publicaciones y líneas de estudio: como los carteles de ciego de Castelao, El Escultor Emiliano Barral y Contribución de urgencia al entendimiento de los problemas de arte / industria, son algunas de ellas. Recientemente, parte su labor documental, bibliográfica y epistolar había sido donada a la Cidade da Cultura de Santiago, para conservar y preservar su legado, evitando así su disgregación.

 

El heredero de los hombres de las Irmandades da Fala, del grupo Nós, de los republicanos y exiliados ha recibido distintos reconocimientos, como la Medalla de Oro e Hijo Predilecto de la ciudad de Santiago de Compostela (1988), Doctor Honoris Causa (1992) por la Universidad de Santiago de Compostela y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de España (2009), entre otros.

 

Desde el pasado 5 de enero la intelectualidad gallega siente la ausencia de su figura, aunque sus huellas han quedado inmortalizadas en el Paseo de la Fama de la localidad de Sada (A Coruña).

 

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