España, por hacer

Por Ignacio González Barbero.

 

– España

 

Qué difícil es pensar este país. En España se acumulan fuerzas encontradas, opuestas, aparentemente incompatibles. Esta tensión latente convierte la realidad nacional en una continua e irreductible paradoja. La interpretación de los acontecimientos más decisivos de nuestra historia, reciente y no tan reciente, muestran con evidencia una desazonadora batalla entre ideologías contrarias y absortas en sí mismas. La cuestión nunca parece centrarse en los sucesos, en las víctimas y los verdugos, sino en la imposición irracional de un modelo de España. Con ello, reproducen verbalmente el conflicto inherente a lo que analizan, su lucha intestina, e impiden su resolución satisfactoria.

 

La Guerra Civil española es quizás el caso más representativo de este maniqueísmo nuestro. Por un lado, aquellos que defienden el levantamiento en armas/golpe de estado que originó el conflicto: “supuso una respuesta ante los desmanes y el bolchevismo republicanos que estaban perjudicando y empobreciendo España”. Por otro, los que consideran que fue un atentado gravísimo contra un régimen democráticamente elegido: “un acto de violencia injustificable contra el Estado de Derecho”.  Contemplamos a diario estas dos posiciones en los medios y en las múltiples manifestaciones culturales de nuestro país, mas se han radicalizado y agudizado con motivo del procesamiento judicial de Baltasar Garzón por su intento de investigación de los crímenes de guerra. Una discusión irresoluble y pueril entre las dos Españas se alza de nuevo sobre nosotros incomunicando a las víctimas, los que verdaderamente importan, con la justicia que les debemos. El número de muertos que descansan en cunetas sin justa sepultura es enorme, y requiere un respaldo ético por parte de todos, que es independiente del lado político al que uno pertenezca y decididamente más importante que vencer (nótese el tono bélico del verbo) en ese debate.

 

Por hacer

 

Hacer es siempre realizar un futuro, es decir:  poner las condiciones y fundar las posibilidades del tiempo que está por venir. Hacer memoria, en este sentido, es un trabajo que si bien se realiza sobre un objeto pasado, genera los cimientos de ese objeto en el futuro, su potencial redefinición. El recuerdo está preñado de posterioridad. Así, su justicia recae especialmente sobre un tiempo que aún no es. Éste es la clave para la cuestión nacional española.En las interpretaciones beligerantes de los sucesos controvertidos de nuestra historia, como la Guerra Civil, se juega una idea de nación que legaremos a las siguientes generaciones.  Hacer memoria hoy es hacer nación para mañana.  Por ello, esta labor requiere un compromiso humilde con lo que queremos que sea España. Por ejemplo, ¿deseamos olvidar a las víctimas de nuestro conflicto bélico o rememorarlas con respeto al hacerlas parte de nuestro futuro?

 

Nuestro país es algo que está por concebir, por hacer, porque la identidad nacional no es algo esencial e imperturbable, con tradiciones atemporales, sino algo que los ciudadanos realizamos y diseñamos generación a generación. En consecuencia, una responsabilidad inatacable con el futuro ha de determinar nuestro recuerdo histórico. Olvidar este hecho supondría caer una y otra vez en el maniqueo juego de las ideologías, que sólo bailan el agua a sus grupos de poder y no tienen interés alguno en esbozar un tiempo venidero pacífico, a través de una memoria justa  y comprometida con lo pasado, para este país.

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