BRONSON/HARDY

Por Samantha Devin.

 

 

Hace casi dos años un vecino de Londres, casi el único con quien siempre coincido en el ascensor y cuya imagen es difícilmente olvidable, vino a cenar a casa e intercambiando recomendaciones de películas y libros nos habló de Bronson. Su descripción del personaje protagonista fue tan enfática y apasionada que al día siguiente la pedí en Lovefilm para verla. Nos dijo que estaba basada en la vida real del preso más violento de Inglaterra, Charles Bronson.

 

 

 

Una de las cosas que más me intrigó fue la descripción de Richard, así se llama el vecino, del aspecto de Bronson. El actor, dijo, es lo mejor de la película. Es un tipo bestial, con un cuerpo espectacular, gigante de gimnasio, fuerte y voluminoso, con la cabeza totalmente rapada y una voz increíble. Mientras Richard describía a Bronson yo iba tomando nota porque Richard es precisamente así, paso por paso. Es fácil que comprobéis la similitud porque Richard es el cantante del grupo Right said Fred, conocido sobre todo por la divertida y siempre de moda “I’m too sexy for my car…” Si miráis una foto suya y una de Bronson veréis que el parecido es asombroso. Por eso mientras Richard describía a Bronson yo me quedé prendada de aquella curiosa y fantástica similitud: la de alguien describiendo apasionadamente a alguien que es exactamente igual a él.

 

 

 

Cuando Bronson llegó, quedé aún más fascinada. Desde entonces es una de mis películas preferidas y Tom Hardy un descubrimiento de esos que ocurren pocas veces en la vida. Ahora es conocido, pero hace dos años no lo era tanto, al menos fuera de Inglaterra. Es uno de los mejores actores que hay y según mi gusto, el más atractivo, masculino y bestial después del inigualable Marlon Brando. Tom Hardy convierte Bronson en una obra maestra. Richard dijo que era una especie de Naranja mecánica del siglo XXI y tiene razón. La estética es inolvidable y la música, clásica y de pop, está escogida con precisión para enfatizar las imágenes y dar sentido y profundidad a lo que se muestra.

 

 

 

Charles Bronson, el preso más peligroso de Inglaterra, lleva desde 1974 en prisión excepto por un par de veces que ha salido. Creo que en total ha estado fuera cuatro meses. De esos 37 años, todos excepto cuatro, los ha pasado en una celda de aislamiento.  33 años aislado en una celda. Toda una vida. ¿Y por qué un hombre que no ha matado a nadie lleva toda su vida en la cárcel? Porque su forma de comunicarse con el mundo es la violencia. Después de ver la película y curiosear algo sobre su vida he llegado a la conclusión de que del mismo modo que hay personas que se expresan con la música, la escritura, la danza, o simplemente las palabras, Charles Bronson lo hace con la violencia. Su primer arresto fue por atracar una oficina de correos y después de eso la condena se ha ido alargando dentro de las cárceles que ha pisado, 120 en total, y los incidentes que ha protagonizado en ellas. Ver la película es un placer para quien le guste el boxeo y a mí me parece poética esa descomunal violencia, ese uso sin sentido ni fin de los músculos y el vigor masculino. Bronson es un animal y aunque imagino que la realidad no es tan “dulce” como la ficción, es curioso saber que hay un hombre por ahí cuyo única finalidad en la vida es “meter de hostias” a todo aquel que se cruce en su camino. Es como si fuera un ser creado en otro planeta, con un código de interpretación y respuesta basado en lo mucho o poco que le cabree la actuación ajena. Y con un cuerpo así, su respuesta es casi coherente. Bronson fue boxeador en su juventud en el Este de Londres y fue su manager quien eligió el nombre del actor de Death Wish para él.

 

 

 

La película es de esas que apetece y hay que ver una y otra vez, bueno yo siempre veo una y otra vez las películas que me gustan. En esta en concreto los personajes son fabulosos y extraños y están tratados con una pátina surrealista y a la vez grotescamente real. Bronson transcurre dentro del horrible y decadente Londres de los años 80, con moquetas verdosas, tapicerías pesadas, muebles de plástico, lámparas y cortinas rojas y el “cutrismo” a flor de piel que en general envuelve lo verdaderamente esencial del East. Todo eso dota a la película de una estética particular y chirriante que obviamente distancia y a la vez, de nuevo, permite contemplar la brutalidad con cierta simpatía. El director, Nicolas Winding Refn acaba de estrenar Drive y es también autor de Valhalla Rising, donde vuelve a tratar la potencia física con la historia de un guerrero mudo de fuerza sobrehumana.

 

 

 

Pero dejando a parte lo que rodea a Tom Hardy, la película es Tom Hardy. La voz de Tom Hardy: ¿qué puedo decir de semejante delicia? Hay que escucharle, en inglés por supuesto, y deleitarse con su gravedad y ese acento cockney hortera que tanto me gusta, con sus gestos y sus miradas, con su forma de hablar y de andar, y perderse en ese despliegue de trapecios y deltoides y pectorales puestos al servicio de una lucha absurda y magnífica cuyo único sentido imaginable es la necesidad de dar uso a un infinito torrente de testosterona que brota de la más bella de las máquinas de la creación: El hombre.

 

 

 

Siempre digo que si fuera chico, sueño imposible, me gustaría ser así. Una mole con peso propio, una masa de músculos y fuerza incontenible. Por eso, para alguien que disfrute con la visión un gigante enfrentándose a seis guardias de prisión armados con porras, a quien le guste soñar en cómo sería tener la cara destrozada de puñetazos, sólo soñar, esta película le gustará.

 

 

 

Tiene escenas maravillosas y diálogos tan curiosos y bien trazados que para quien guste más de otras sutilezas, yo también me fijo en otras sutilezas, es igualmente una joya. Bronson conoce a su manager en la cárcel cuando está a cargo del carrito del té. Imagen: Bronson repartiendo té a los guardias. La visión de esos antebrazos manipulando las tazas y la jarrita de la leche es sublime. Su manager, un gay escuálido, afeminado y descarado desconcierta a Bronson. Cuando el gay se le come con los ojos y pasa por su lado exclamando un sugerente “very nice”, Bronson no sabe si ofrecerle té o romperle la cara. Su inteligencia no es su punto fuerte y el gesto que hace con los puños y la inmovilidad que la duda sustenta lo dicen todo.

 

                       

 

Sería interesante meterse en la cabeza del verdadero Charles Bronson, pero me conformo con la imagen que ha creado Hardy. Es algo con lo que se puede jugar, soñar. Un personaje así necesita poesía  y saber hacer. Y Tom Hardy sabe lo que hace.

 

 

 

Hace poco estrenaron Warrior, también con Tom Hardy en la que hace de boxeador y en la que más aún que en Bronson es una delicia verle desnudo y golpeando en el ring a toda clase de tipos. Hay muchos actores capaces de mimetizarse, de ponerse en la piel de personajes distintos y darles vida y fuerza, pero muy pocos pueden o han podido sustentar un físico con tanto peso y a la vez dominar la pantalla con una excelente interpretación.

 

 

 

Tom Hardy: Que el mundo se prepare.

 

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